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Marta Robles, escritora: "Cuando asoma un supremacismo, siempre hay un paso atrás para las mujeres"

La periodista está en Mallorca, isla que conoce muy bien, para presentar su última novela, ‘Amada Carlota’, una nueva entrega de la serie de su detective Roures, aunque en esta ocasión cede el protagonismo a las mujeres silenciadas

Marta Robles

Marta Robles / Gonzalo Pérez-Mata

Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

La escritora y periodista Marta Robles ha regresado una vez más a Mallorca, donde tiene casa y pasa los veranos, para presentar Amada Carlota (Espasa) en el Colegio de Abogados, este lunes, 30 de marzo, a las 19:00 horas, y el martes en la Librería Babel. Cree que la cuarta entrega de su serie protagonizada por el detective Roures es una novela «compleja», pero como le insiste Luis Landero, «muy entretenida». En ella aborda el robo de bebés y el abuso de un profesor sobre sus estudiantes, pero lo que le interesaba era escribir sobre mujeres obligadas a callar. La novelista regresa a la época franquista y confiesa que le «aterran los extremos», sean del bando que sean, porque «cuando un supremacismo, moral sobre todo, asoma la cabeza, a quien inmediatamente se le recortan los derechos es a las mujeres».

Robles vuelve con el detective Roures, al que presenta como «ex corresponsal de guerra muy comprometido, con muchas cicatrices en el alma, un tipo peculiar, que no juzga, que escucha y que, aparte de ser culto, le pone la música adecuada a cada momento». En esta ocasión, se topa «con su caso más comprometido porque una de las investigaciones que va a realizar tiene que ver con la mujer a la que ama y la otra va a poner en un serio riesgo a una de las personas más importantes de su vida».

La escritora posa con su última novela.

La escritora posa con su última novela. / Jorge Pintado

Amada Carlota trata el robo de bebés en España, no solo en la dictadura, sino en los primeros años de la democracia, hasta los años 90, y también el abuso de unas estudiantes de periodismo por parte de su profesor. Estas dos investigaciones se van a desarrollar en tres espacios temporales: 1985, la actualidad (año 2018) y finales de los años 60, «en una España de la dictadura, con unas apariencias y con unos personajes muy oscuros, cercanos al poder, y una mujer que va a vivir en su carne el sometimiento de ese tiempo y que va a seguir toda su historia en los tiempos de democracia», explica la novelista.

Un caso muy cercano

Robles decidió escribir sobre bebés robados y la violencia sobre las mujeres por un caso muy cercano. «Hace unos años descubrí que una compañera mía del colegio había sufrido el robo de un bebé a los 16 años, en un lugar indeterminado de Asturias, y hace muy poco, preparando un reportaje de violencia de género, me enteré de que esta amiga mía había muerto a manos de su novio, que era uno de esos que yo llamo un malo cotidiano, normal y corriente», relata. Esos malos cotidianos, «que conocemos, que están donde vamos a trabajar, tomando un café, en nuestra casa, en nuestra cama, en todos los sitios» es lo que une las dos historias, pero hay más. «En realidad yo digo que casi la excusa de hablar de los robos de bebés y de los abusos sexuales es para hablar del silencio de las mujeres y de tantos abusos y sometimientos en tiempos de dictadura, en la democracia de hace años y en nuestros días. Mujeres que callan y que no cuentan lo que les pasa casi con los mismos argumentos antes que ahora, que yo creo que merece una reflexión», añade la escritora.

En Amada Carlota, Robles mezcla ficción con personajes reales. «Cuando estaba indagando en el tema de los bebés robados, de pronto me encontré con algo que yo desconocía por completo y es que hubo un nombre que yo nunca había asociado a nada malo, sino todo lo contrario, que era Antonio Vallejo-Nájera», explica la novelista. El padre del también escritor y psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera estuvo al frente de los servicios psiquiátricos del franquismo, «y ya en la guerra trató de defender una idea absurda y descabellada que era la teoría del gen rojo, a partir de la cual los que se acercaban al marxismo eran degenerados social, moral e intelectualmente». «Él no hizo torturas físicas, pero sí unas torturas psicológicas para conseguir los resultados que él quería», añade Robles. Se hicieron pruebas a mujeres y si el resultado indicaba que eran «degeneradas social, moral e intelectualmente, pues no iban a ser buenas madres, con lo cual eso justificaba lo injustificable, que era el robo de bebés, a partir de la supremacía ideológica y en connivencia con la supremacía moral que ejercía una Iglesia muy poderosa en tiempos del franquismo, a la que se le había dado el poder sobre la educación y la sanidad, y muchas monjas al frente de los establecimientos sanitarios», apunta la escritora.

Extremos de uno y otro bando

En relación al régimen franquista que ha revisado y al actual auge de la ultraderecha, la periodista advierte: «La supremacía ideológica y la supremacía moral, que me parecen aterradoras ambas, tienen que ver con los extremos, independientemente de que sean de derechas o de izquierdas», opina. «Vivimos en un mundo ahora mismo absolutamente polarizado, no solo en España, sino en el planeta entero. A mí me aterra porque, esto es lo peor que nos puede pasar. Y sobre todo a las mujeres, cuando un supremacismo, moral sobre todo, asoma la cabeza, a quien inmediatamente se le recortan los derechos es a las mujeres. Siempre hay un paso atrás. Esto está absolutamente demostrado a partir de la historia», insiste Robles.

Quizás por ello, en Amada Carlota, el detective Roures les cede espacio a ellas, aunque la escritora avisa: «Como en la sociedad, tanto unos como otras pueden ser monstruos o pueden ser bellísimas personas».

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