La fotógrafa Pilar Aymerich expone en el Centre Catany "la liberación" de la mujer en la Transición
La Premio Nacional de Fotografía inaugura 'La revolució insolent dels cossos', que se podrá visitar hasta el 30 de agosto

B. Ramon

La fotoperiodista Pilar Aymerich, Premio Nacional de Fotografía en 2021, expone en el Centre Catany La revolució insolent dels cossos, en la que muestra manifestaciones feministas que fueron pioneras en la Transición, la alegría de esos tiempos de cambio, la prisión de mujeres de Trinidad (Barcelona) durante la etapa en la que estuvo autogestionada y el encierro de 300 mujeres y sus hijos 28 días en una iglesia para solidarizarse con la huelga de sus maridos, que eran trabajadores de Motor Ibèrica.
También muestra retratos personales y de creadores mallorquines a los que conoció, entre ellos Maria del Mar Bonet y los autores Maria Antònia Oliver y Llorenç Villalonga.
La exposición, que se inaugura este viernes con un coloquio y estará abierta hasta el 30 de agosto, se enmarca en la «nueva línea de trabajo del centro llamada ‘Fotògrafes compromeses’ y que está relacionada con el simposio internacional organizado junto a la Sorbona que se celebrará en la isla los días 16 y 17 de abril», tal como explicó el director de la Fundació Toni Catany, Antoni Garau.

La cantante Maria del Mar Bonet, retratada por Pilar Aymerich / B. Ramon
Compromiso
El compromiso de Aymerich era «casi una obligación», afirmó durante la presentación. «Nuestra generación, las que nacimos en el franquismo, evidentemente no tuvimos los derechos por los que salíamos a la calle. Se produjo una insurrección para reclamarlos, las manifestaciones que se hicieron en Barcelona fueron muy importantes», detalló.
Para ella «también supuso la búsqueda de una imagen nueva, la de las mujeres que descubrían su propio cuerpo. Las fotografiaba de cerca porque quería mostrar esa liberación en la Transición, cómo avanzaban cogidas del brazo en una especie de comunidad que no existía antes. A nivel visual, creí que era importante resaltar esos comportamientos, ya que con ellos se podía ver que la sociedad estaba cambiando y que la actitud de las mujeres era básica», argumentó la reputada fotógrafa.
Además, retrató a las mujeres en situaciones insólitas «surgidas de forma espontánea y que fueron empoderadoras», como cuando entró en la prisión de Trinidad en el verano de 1978.
Las monjas que gestionaban esa cárcel se fueron por orden gubernamental y, a la espera de que llegasen las nuevas vigilantes funcionarias, las presas se autogestionaron. Hacían turnos para realizar las tareas y «hubo un gran respeto y confianza con el fin de sacar adelante la prisión».

La fotógrafa Pilar Aymerich / B. Ramon
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