CRÍTICA
De Gloria a Gloria con drama incluido
‘Passió segons Sant Joan de Bach’
- Studium Aureum, coro y orquesta
- Solistas vocales
- Director: Carles Ponsetí
- Auditori del Conservatori de Palma
- 23-03-26
Calificación: ****
«Tu Gloria, Señor, reina en trodos los pueblos»
(Inicio de la Pasión según San Juan de Bach)
Hay obras que regresan, año tras año, sin perder ni un ápice de sentido. La Pasión según San Juan de Bach es una de ellas. No necesita excusa litúrgica ni calendario; se impone por su propia fuerza dramática y espiritual. Y, sin embargo, en estas fechas, su audición adquiere una dimensión especial. La propuesta de Studium Aureum en el Conservatorio de Palma es una prueba evidente de ello.
Desde el coro inicial, vibrante y punzante, hasta el coral final, de una serenidad casi redentora y en el que Bach habla de futuro más que de dolor («Haz que mis ojos te contemplen»), la interpretación mantuvo una tensión narrativa constante. No hubo fisuras ni momentos de decaimiento, solamente alguna pausa puntual para ajustar la afinación, a petición del concertino, el siempre delicado Ramon Andreu. Todo fluye en esta partitura y así lo entendieron los intérpretes.
La orquesta sonó muy bien. Con criterios historicistas bien asimilados, ofreció un sonido limpio, equilibrado y lleno de matices. El trabajo del continuo, siempre discreto pero imprescindible, dio soporte y sentido a los recitativos y el resto de los instrumentistas hicieron lo propia acompañando y protagonizando las arias y los corales, éstos cantado por una formación vocal sencillamente magnífica. Con una afinación precisa, una dicción clara y un dinamismo propio de profesionales, las voces corales supieron pasar de la contundencia dramática a la intimidad espiritual pues, en esta obra, el coro es pueblo, es reflexión y es comentario; Studium Aureum lo asumió con convicción y excelencia.
En cuanto a los solistas, todos ellos se mostraron muy solventes. Sin estridencias ni protagonismos desmedidos, cada uno ocupó su lugar con musicalidad y criterio. Las arias fluyeron con naturalidad y los recitativos mantuvieron el pulso dramático necesario para que la narración no decayese en ningún momento. Muy profesional Antoni Aragón en su difícil y extenso rol de Evangelista, demostrando que ha sido uno de los grandes en ese papel. John Heath como Jesús, Xavier Mendoza en el doble papel de Pilatos e intérprete de las arias, la soprano Irene Mas, muy a lo Elly Ameling, la mezzosoprano Serena Pérez y el, por mí desconocido, tenor cubano Ariel Hernández, todos ellos mostraron el dolor, el reposo y la dulzura de esa obra magna de manera sobresaliente.
Y al frente de todo, una dirección exquisita. Con gesto claro e ideas bien definidas, el director Carles Ponsetí supo construir un discurso coherente, atento tanto al detalle como a la globalidad. Sin caer en excesos, condujo la obra con elegancia y profundo conocimiento de la partitura, dejando respirar a los músicos y potenciando lo mejor de cada uno de ellos, demostrando que puede considerarse, sin exagerar, la mejor versión que se puede escuchar hoy en Mallorca de esta obra mayúscula.
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