Paloma San Basilio: «No hay que conformarse, ni dejar que nos embauquen, manipulen y engañen»

Paloma San Basilio. / L.O.
Empecemos con una aclaración: usted se considera más actriz que cantante.
Sí, yo siempre he sentido que mi vocación básica es la interpretación, desde que era muy pequeña. Lo que pasa es que tengo una buena voz, por suerte, y fue lo más cercano que encontré para poder desarrollar una carrera y empezar a trabajar, siendo ya madre, y separada; había que sacar adelante la familia. La verdad es que tuve suerte y lo disfruté mucho, y me encanta cantar, pero me gusta muchísimo la interpretación.
¿Sobre qué podrá meditar el espectador que se entregue a su Dulcinea?
Esta Dulcinea es un prodigio de estimulaciones porque habla sobre cosas de una actualidad brutal. La obra tiene un punto de feminismo, pero no es un feminismo ácido ni excluyente, de rechazo a lo masculino; más bien, es una defensa de la libertad de la mujer para elegir, para ser, puesto en un texto de 1600. Se mueve entre el humor y la sátira, y luego ya entra en harina con la defensa que hace de sí misma Aldonza o la pastora Marcela.
¿De qué fuentes bebe el texto de la obra?
Es un texto que se ha hecho en base a partes de Cervantes y algunos párrafos de Unamuno. Y todo eso está hilvanado por Juan Carlos Rubio con el humor, el juego del teatro dentro del teatro, con el salto de la cuarta pared en algún momento determinado, donde yo me dirijo al público. Hay una parte muy importante que es la reivindicación de la lucha, el no conformarnos, el no dejar que nos embauquen, que nos manipulen, nos engañen, denunciar lo que creemos que hay que denunciar para mejorar el mundo que nos ha tocado vivir. De alguna manera, los monólogos de Unamuno son brutales porque es como un retrato del presente, de ese mundo que nos rodea y en el que parece que nunca aprendemos nada, seguimos cometiendo los mismos errores como civilización. Ahí hay una reivindicación de lo quijotesco, de ese Quijote que lucha contra molinos de viento, contra los grandes fantasmas, contra la injusticia y contra tantas otras cosas. ¡Necesitamos más quijotes en nuestra vida!
¿Qué une a dos gigantes de la cultura como son Cervantes y Unamuno?
La curiosidad, el análisis, la inteligencia… Son dos observadores de la vida brutales. Cervantes era un hombre que había vivido muchísimo, que llegó al éxito ya con una edad, pero había pasado por todos los estamentos: la guerra, la cárcel, trabajó para la administración… Era un hombre muy curtido en batallas, había observado mucho a la gente, había visto muchas situaciones y todas ellas le habían servido para componer la obra universal por antonomasia. Y Unamuno era un hombre muy inteligente, analítico, que tenía la capacidad de distanciarse, de ser objetivo. Ambos fueron dos rebeldes que no se arredraban para decir ante un auditorio la verdad: Unamuno en Salamanca y Cervantes, en la cárcel o en cualquier sitio donde alguien le oía. Ya lo dijo Unamuno: «no podemos callarnos porque uno robe, porque otro mienta, porque otro engañe… Hay que repetirlo una y mil veces». La rebeldía es un condimento importantísimo para que el hombre evolucione, mejore, corrija comportamientos y busque la verdad.
¿Usted ha sido una mujer rebelde?
Si yo no fuera rebelde, no estaría aquí. Después de 50 años de hacer de todo he decidido que quiero seguir aprendiendo y descubriendo. El texto es una de mis pasiones, una asignatura pendiente. Cuando apareció Juan Carlos Rubio con Dulcinea dije: madre mía, qué joya, qué bien escrito pero qué dificultad. La rebeldía es fundamental. Yo he sido bastante rebelde, desde muy pequeña, cuando supe que lo convencional no me gustaba. Siempre he luchado por esa independencia, por asumir mis errores como propios y disfrutar de los aciertos compartidos.
¿Qué ha aprendido de un personaje como el de Dulcinea?
La fuerza de la palabra, los silencios, las entonaciones, el matizar una frase, dar énfasis a una idea, la maravilla de la desnudez, eso de que menos es más… Un escenario bien vestido no necesita casi nada para contar una historia, si lo haces desde la verdad, el corazón, la mirada, el gesto… La música también tiene otro significado cuando se convierte en tu compañera en tu viaje. En Dulcinea, la música de Julio Awad es como la banda sonora de lo que voy diciendo, está en la línea del teatro musical. Son canciones hechas para cada momento dramático, y poder jugar con ellas desde ese momento del personaje, que va cambiando y va transformándose a lo largo del recorrido, con la libertad que te da poder cantarlas, supone un gran aprendizaje. A mí me encanta, me llena de emoción; cada vez que termino la función me digo: qué bien, qué gusto.
¿Cómo son las distintas ‘dulcineas’ que nos presenta este espectáculo?
Es una historia curiosa porque, en principio, es un ensayo de una obra que una actriz va a poner en pie. La actriz primero es cómica y se mete en la piel de la Dulcinea princesita, que es un ser como de otro mundo, no suda, está encantada de haberse conocido, y de ahí empieza a pasar a la actriz dramática, cuando ya está un poco harta de que le pongan a Dulcinea ese cliché, y va apareciendo la rebeldía de la actriz dramática para terminar defendiendo su derecho a ser una campesina y no todo lo que dicen de ella. El monólogo de Marcela, que habla de la independencia de la mujer, de la libertad para elegir, de no ser un sujeto pasivo, es una maravilla. Y termina con la parte épica. Hay un momento en que yo soy Paloma también, se supone que soy la que está ensayando esa obra. Ese momento es mágico.
Siempre se ha entendido a Dulcinea como el estereotipo de la mujer perfecta.
La obra quiere romper con ese estereotipo. Seguimos viviendo en una sociedad en la que se le exige a la mujer muchísimo más que al hombre: más nivel para acceder a un puesto de trabajo, que esté peor pagada que el hombre por el mismo trabajo, que sea guapa, que siempre sea joven, que se exhiba… Exigencias que no son compartidas con el hombre. Por supuesto que la mujer tiene hoy más independencia, autonomía y libertad, pero queda mucho camino por recorrer.
Se nos olvida el edadismo.
El edadismo es brutal. Incluso las mismas mujeres a veces cometen los errores. Entras en Instagram y al ver los comentarios dices: «¡Dios de mi vida!» Esta criatura que habla así de esa persona no es consciente de que un día llegará a esa edad también. Esa miopía impuesta por una sociedad que por encima de todo valora la juventud.
Usted que representó a España en Eurovisión, en 1985, ¿qué le pareció la salida de nuestro país de este festival?
Siempre estamos manejando la doble moral y la hipocresía. Decimos una cosa y luego hacemos otra. Estamos vendiendo armas a Israel y luego no vamos a Eurovisión. Al final, el tonto de la feria es el que canta, así que hay un momento que dices: «No me utilices más». ¿Quién no va a estar en contra de que se vaya matando gente a diestro y siniestro? Pero no hagas una cosa por un lado y otra por el otro. Estoy harta de que sigan manipulándonos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Detenido un empresario de Porto Cristo por ofrecer un soborno de 20.000 euros a la directora general de Costas del Govern
- El Tren de Sóller lanza un paquete de excursión para el eclipse solar por 220 euros
- IB3 suprime 'Jo en sé + que tu': el exitoso programa presentado por David Ordinas desaparece tras siete años en antena
- Vuelve el icono del Paseo Marítimo de Palma: La discoteca Social Club ya tiene fecha de apertura en su nueva y lujosa ubicación
- Cort empieza a instalar las máquinas de la ORA en los barrios de Palma a los que llegará la zona azul
- El trazado del tren Palma-Llucmajor ya es definitivo: partirá del Conservatorio y llegará en 30 minutos tras pasar por 13 paradas, incluido Son Sant Joan
- La sorpresa de la Renta en Baleares: estas deducciones existen y mucha gente no las revisa
- El eclipse solar podría modificar las restricciones en Formentor que se iniciarán el 15 de mayo