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En contra

Carles Rebassa: «No voté a Francesc Antich, pero es un ejemplo de gestor político nacional»

Carles Rebassa, ganador del Premi Sant Jordi de novela 2026

Carles Rebassa, ganador del Premi Sant Jordi de novela 2026 / C. R.

Matías Vallés

Matías Vallés

Carles Rebassa (Palma, 1977) es un escritor mallorquín afincado en Barcelona. Acaba de ganar el prestigioso Premi Sant Jordi de novela con Prometeu de mil maneres, donde Palma «es un personaje», mientras ultima su monumental Mite i pols de Blai Bonet.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Le ha felicitado Blai Bonet, que le dedicó sus últimos sonetos?».

Sí, creo que sí. Fue para mí un modelo de lo que significaba un escritor y, a partir de aquí, han pasado muchos años.

¿Se siente más querido hoy que hace un mes?

No.

¿Qué papel interpreta Mallorca en su premiada Prometeu de mil maneres?

Más que Mallorca, el personaje de la novela es Palma. No sale del ámbito de Ciutat, que da mucho juego. Cuando me preguntan si soy mallorquín, corrijo que «soy de Palma», mi lugar de referencia.

Usted ha sido camarero antes que fraile.

Sí, dejé la universidad porque tuve una crisis, y me puse a trabajar de camarero y de cocinero.

¿Cómo recuerda la experiencia?

Con afecto, porque la Mallorca del 2000 era diferente de la actual. No tenías la sensación de formar parte de la furia destructora de nuestro mundo, en todos los aspectos. Ahora que no vivo en la isla, noto más la diferencia a peor cuando vuelvo.

¿Quién tiene la culpa de la Mallorca actual?

La culpa es del urbanismo salvaje y de las políticas españolas antimallorquinas.

¿Qué generación encarna la destrucción?

Es delicado distinguir por generaciones, porque cada una consta de una parte que se integra en el sistema y de otra parte que se queda al margen.

¿Le gusta tener un micrófono delante?

Cuando lo tengo, lo aprovecho. Me lo enseñó Antoni Artigues: «si estás ante un micrófono, procura hacer poesía o política y, si pueden ser ambas cosas, mejor».

Gran imagen suya: «Els governants que aixequen la senyera i amaguen la mà».

La mayoría de quienes enarbolan la senyera lo hacen para ocultar otras cosas. Con la excepción de Francesc Antich. No lo voté ninguna de las veces que ganó, pero es un ejemplo de gestor político nacional.

¿La frontera es con España?

Hay muchas fronteras, depende de dónde te coloques. Me interesa más la identificación con un territorio, en mi caso los Països Catalans, con Palma como lugar de pertenencia.

En el Parlament balear hay más analfabetos que poetas.

Sí, y también hay más fachas que poetas.

¿Su poesía en prosa se llama CUP?

No, no.

«Quina vida més bèstia», ni usted es ya joven.

La juventud es un cuento del neoliberalismo que no me obsesiona. Lo importante es llevar una vida tranquila, algo que no he conseguido nunca, aunque no me quejo.

¿Le afecta que Palma haya quedado descartada como capital cultural?

No especialmente, no creo en estas convocatorias. Tanto Palma como Barcelona andan sobradas de grandes acontecimientos, y les faltan los pequeños.

¿Barcelona tampoco está para presumir?

No, no, para nada. Mi abuela era barcelonesa, y de allí surge mi vinculación con una capital que parecía abierta, frente a una Palma más provinciana. Hoy no veo tan clara esta diferencia.

Denuncia a los jueces «corruptos y vengativos», pero se presenta a premios.

Los miembros del jurado no son jueces, no interpretan mi libro a su manera.

Introducimos su obra completa en el turmix de la Inteligencia Artificial y obtenemos el próximo Carles Rebassa.

Ni es inteligencia ni la tenemos. Es un sistema de generación de lenguaje y de significados que puede causar muchos destrozos. Un nuevo sistema de manipulación, aunque suene un poco conspiranoico.

¿Cuántas páginas tendrá su libro sobre Blai Bonet?

Cerca de setecientas. He querido transmitir que es uno de los principales autores de la literatura catalana del siglo XX, aunque se le trató con paternalismo. Se le reprochaba que fantaseara, una recriminación extraña a un autor de ficción.

Hasta David Uclés utiliza a Blai Bonet en su libro premiado sobre Barcelona.

Me parece que lo utiliza todo para colocarnos en un espacio lerrouxista que no es real.

«M’en toc un ou, ja, de la meva vida».

Sí, en aquel momento me sentía emocionalmente desesperado. La vida se reduce a un «de qué trabajas» o «dónde vives» que no me representa.

¿Salud, independencia y socialismo?

La salud siempre es buena, hay que construir la idea de la independencia, y el mejor punto de partida es el socialismo, dentro del marco de convivencia de los Països Catalans.

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