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Mercedes Luján, guitarrista flamenca: "Por desgracia, sigo rompiendo techos de cristal"

Actúa en el Aljub de Es Baluard este jueves, dentro del Festival Paco de Lucía de Mallorca, acompañada por el cantaor Rancapino Chico

Mercedes Luján, ayer, en el hotel Sant Francesc de Palma.

Mercedes Luján, ayer, en el hotel Sant Francesc de Palma. / Manu Mielniezuk

Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

Mercedes Luján (Lorca, 1987) nació en una familia de artistas, pero escogió un camino poco habitual para las mujeres en el flamenco: tocar la guitarra. Reconoce que le ha costado hacerse un hueco en el panorama musical y que, pese al prestigio que ha logrado, sigue “rompiendo techos de cristal cada día”. Este jueves tocará en el Festival Paco de Lucía Mallorca, en el Aljub de Es Baluard, a las 20 horas, y contará con el cantaor Rancapino Chico. Promete una actuación “muy única y muy exclusiva, muy especial”, con la que rendirá homenaje al maestro, a quien dedica la Taranta para Paco de su disco Origen y revolución.

Luján ha sido la única mujer guitarrista flamenca premiada profesionalmente por la SGAE y siente que está haciendo “algo histórico” en esta disciplina. “Ha habido grandes matriarcas en el flamenco, pero siempre ha sido en el cante y en el baile. La verdad es que en el toque, pues no las ha habido, por lo menos matriarcas. Sí ha habido casos de guitarristas muy buenas, pero no han llegado a ser primeras figuras, no han llegado a ser solistas, concertistas y cumplir lo que son todos los roles de la guitarra flamenca”, reflexiona.

Fue de niña cuando reveló sus dotes para tocar la guitarra y su abuelo se convirtió en su mentor. Toda la familia se volcó con ella aunque recuerda cierta reticencia por parte de su madre. “Ella también es artista, es cantante y claro, ella sabía a lo que yo iba a enfrentarme, a la crudeza de esta profesión, que no siempre es agradecida”, explica la guitarrista. “Hay veces que haces una actuación excelente, mejor imposible y llegas al camerino rota porque has dado todo lo que tenías dentro, te sientes orgullosa, que rara vez pasa porque el perfeccionismo que imprimen en nosotros desde que aprendemos no nos deja tampoco quedarnos tranquilos, pero hay ocasiones en las que uno llega completamente satisfecho al camerino de lo que ha hecho y a lo mejor al público no le ha llegado”, profundiza sobre la parte menos bonita de la profesión.

Mercedes Luján, ayer, en el hotel Sant Francesc de Palma.

Mercedes Luján, ayer, en el hotel Sant Francesc de Palma. / Manu Mielniezuk

Mercedes Luján se considera “una afortunada” por venir de una familia de tradición flamenca, en la que aunque no todos sean artistas, “sí todo el mundo entiende, comprende, sabe”. Pero al principio no lo vio como algo positivo. “Consideré que lo tenía más difícil que los demás, porque yo ya empezaba siendo juzgada en mi propia casa antes de salir al público, pero la verdad es que luego enfrentándome al mundo real, sí que me considero una privilegiada total y absoluta, porque, como bien decía mi abuelo, tengo unas horas lectivas que no están pagadas”.

Para su primer disco invirtió cinco años de investigación y trabajo, para darle una coherencia al título de Origen y revolución, con el que quiere contar su historia, y también la del flamenco. Tema a tema, recorre desde los inicios de la escuela de guitarra flamenca, hace 150 años, la que le enseñó su abuelo, hasta la “revolución grande” que protagonizaron Paco de Lucía y Camarón. “Después de Paco la guitarra cambia, es otra, es otro instrumento”, incide Luján. “Después de Paco la guitarra cambia, es otra, es otro instrumento”, incide Luján. Para ella, el de Algeciras “es el punto de inflexión del flamenco, sin duda alguna, y de la guitarra, por supuesto”.

“Lo que va a ver el público en Palma es la guitarra desnuda. Yo siempre digo que detrás de una banda grande uno se puede esconder, refugiar si uno tiene un fallo o no está del todo bien. Cuando tú vas con la guitarra a pecho descubierto, ahí no hay más verdad que tú y tu guitarra”, avanza de la actuación en Es Baluard.

Ese primer disco, trabajar con los cantaores José Mercé, Arcángel y Rancapino Chico, tocar en festivales como el de Mallorca o ser la primera mujer guitarrista que han programado en el Tablao Villarosa, el más antiguo de España y donde tocó su abuelo, “son sueños cumplidos”, aunque tiene más. “Qué mejor sueño por cumplir que seguir dedicándome a lo que me hace feliz, a lo que me gusta y a lo que me alimenta el alma, ¿no?”.

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