CRÍTICA
Delicadeza artística
Duets amorosos
- Cristina van Roy, soprano
- Serena Pérez, mezzosoprano
- Jesús López, piano
- Can Tàpera. 13-02-2026
Calificación: ***½
Delicadeza por partida doble: la de las propias obras programadas y la de la manera en la que fueron ofrecidas. Porque si delicadas eran, por naturaleza, las partituras elegidas, aún más lo fue el modo en que se mostraron. No hubo nada superfluo, ni efecto fácil. Todo respiró contención, gusto y una comprensión profunda del estilo.
La velada se abrió con las seis miniaturas camerísticas del Opus 63 de Felix Mendelssohn, pequeñas joyas que, aun sin ser infrecuentes en este tipo de recitales, según comentario acertado del barítono Joan Miquel Muñoz, siguen sorprendiendo por el equilibrio entre lirismo íntimo y refinamiento. Música que se insinúa más que se impone. Ahí residió uno de los aciertos de la interpretación: en entender que Mendelssohn no necesita subrayados, sino respiración y fraseo natural. Amor en estado puro, sensibilidad a raudales. Una maravilla dicha con convicción, pero sin énfasis innecesarios.
El tránsito hacia los cuatro duetos del Opus 61 de Johannes Brahms confirmó la coherencia del planteamiento. Brahms exige densidad y una manera de decir clara que permita que las voces dialoguen. Aquí el rigor estilístico combinó con una delicadeza sostenida, cerrando una primera parte dedicada al romanticismo alemán, mostrada con elegancia.
La segunda parte nos trasladó al ámbito francés. Las páginas de Ernest Chausson, Charles Gounod y Jules Massenet, algunas vinculadas a las célebres hermanas García, introdujeron un cambio de atmósfera sin romper la unidad del concierto. Conviene recordar que aquellas hermanas, de casadas María Malibrán y Pauline Viardot, fueron figuras importantes del canto europeo del siglo XIX. Por cierto, alrededor de la figura de Pauline gira buena parte del ensayo Los Europeos, del historiador Orlando Figes, lectura muy recomendable para comprender el entramado cultural, político y sentimental de la Europa romántica en la que estas figuras se movieron.
Muy acertadas las explicaciones del pianista Jesús López, que supieron contextualizar sin didactismo excesivo, guiando al público hacia una comprensión más profunda de lo que estaba sonando. Y es que la musicalidad no se improvisa: se cultiva. Cristina van Roy y Serena Pérez demostraron amar ese repertorio, y ese amor se percibió en cada matiz, en cada respiración conjunta, en la naturalidad del empaste vocal. No hubo individualismo, sino voluntad de construcción común. El piano, lejos de limitarse al acompañamiento, ayudó a aumentar la sensibilidad que el programa exigía, gracias a uno de los grandes teclistas que conviven entre nosotros.
El resultado fue un recital coherente, que apostó por la belleza sin estridencias.
Debemos añadir el interés de ese ciclo musical que se organiza en Can Tàpera bajo la dirección de Pablo López, desde aquí damos la enhorabuena a los que lo hacen posible.
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