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Neus Canyelles: “La literatura no mata pero es como un látigo, te marca y te va dejando heridas”

La premiada escritora mallorquina publica 'Sales d'espera', libro de cuentos con los que retrata rutinas sociales incomprensibles, el mundo de psicólogos y psiquiatras, la crueldad gratuita o el absurdo

“No he encontrado ningún psicólogo que me haya ayudado, al revés, me han perjudicado más”, afirma

Neus Canyelles, ayer en el local palmesano Arab Dream, uno de sus preferidos.

Neus Canyelles, ayer en el local palmesano Arab Dream, uno de sus preferidos. / B. RAMON

Palma

Tras el placer de la escritura llega la tortura de la promoción.

Sí, la promoción la llevo siempre mal pero no me queda más remedio. Tengo que hacer aunque sea un mínimo.

¿Por qué le disgusta?

Supongo que es porque soy tímida y vergonzosa. Cuando escribo no lo soy nada, me da igual, escribo lo que me da la gana, pero en una entrevista me quedo más cortada, y ya no te digo cuando es una rueda de prensa con mucha gente.

¿Yo le puedo preguntar lo que me dé la gana?

Sí.

He leído su nuevo libro en distintas salas de espera, como la del dentista o el oculista. ¿Cualquier lugar es bueno para entregarse a la lectura?

Sí, y en esos momentos de espera que estás en una sala, donde normalmente te aburres… Yo lo he hecho muchas veces. Pero bueno, ahora todo el mundo está con el móvil, jóvenes y mayores.

¿Su libro nació en salas de espera, con la libreta que siempre lleva encima?

No. Algunos cuentos que incluyo en Sales d’espera tienen quince años. Son de etapas y momentos muy diferentes. No sabía que darían como resultado un libro. Yo iba escribiendo cuentos y después cuando vi que podía haber un hilo común entre todos hice la selección final.

Sales d’espera se publica tres años después de Milady. Demasiado tiempo, diría algún impaciente editor. ¿Cómo se lleva usted con el suyo?

Yo siempre he tenido el mismo desde que empecé a publicar en Barcelona. Antes estaba en Proa y ahora en Empúries, pero es el mismo sello editorial, el mismo editor, al que conozco desde hace muchos años y con el que me llevo muy bien. Sé que les gustaría que yo fuera a algún programa de televisión pero me conocen y me permiten descartar lo que no quiero hacer.

Sales d’espera arranca con una cita de Bukowski: "Encuentra lo que amas y deja que te mate”.

Me gusta mucho esta frase, por lo que me sugiere, y encuentro que esto pasa mucho, que a veces tú deseas mucho una cosa y la consigues pero luego te das cuenta de que aunque no la dejes y sigas queriéndola y necesitándola, te hace daño. Es como la frase de Santa Teresa, que decía que se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Con la literatura me ha sucedido: sabía que lo que yo quería hacer en la vida era escribir, no me ha matado (risas), pero es como un látigo; tú te intentas esforzar, hacerlo cada vez mejor… y no te mata pero te va marcando, te va dejando huellas, heridas.

Dicen que la suya es una mirada personal, lúcida, irónica y secretamente dolorosa. ¿Se reconoce en esos adjetivos?

Sí, en todos.

¿Qué es lo más bonito que le han dicho sus lectores?

Ayer mismo un lector me confesó que había llorado con uno de mis cuentos, en concreto el de Adeu al pare. Yo recuerdo haber llorado muy pocas veces leyendo algún libro. Reírse es más fácil. También ha habido lectores que me han dicho que se han comprado todos mis libros tras leerse primero uno y quedar enganchados. Eso también es halagador.

Las primeras páginas de su nuevo libro le dan un palo a sa Gerreria, a esta Palma que se ya convertido en “un lugar artificial, sin carácter, medio muerto”.

A mí Palma me gusta pero he de reconocer que con los años me gusta cada vez menos. Están desapareciendo muchos locales, edificios, casas… es que ya no queda nada de lo que fue. Sa Gerreria ha quedado muy mono comparado con lo que era antes pero a mí me parece un poco artificial, algo que también me pasa con la plaça de Cort, cuando voy me parece que estoy en un decorado de una película.

Siempre le quedará Banyalbufar, uno de los últimos refugios de los indígenas mallorquines, y protagonista del último cuento del libro, Un ocell ha entrat dins la casa.

Sí, menos mal que Banyalbufar apenas ha cambiado aunque también es verdad que cuando estás allí ves que hay carencias. No lo quiero criticar porque lo adoro pero en invierno no puedes ni tomarte un café, no puedes comprar el periódico, no hay nada… ni siquiera colegio. Es como si estuvieras en otra parte del mundo, y solo estás a poco más de 20 kilómetros de Palma.

¿También concibe la literatura como un refugio?

Sí, pero un refugio no buscado. Lo encuentras, vas hacia allá, te sientes cómoda y ya te quieres quedar allí.

En algunos momentos no he podido dejar de reír, leyendo Desconcert, por ejemplo, centrado en un viaje que hizo a Barcelona. ¿El humor siempre es un salvavidas al que aferrarse?

Sí, totalmente, y la ironía especialmente, es una auténtica tabla de salvación, a mí me va muy bien, también con mis artículos. Siempre procuro que haya una mirada un poco irónica sobre la realidad, porque todo es tan horrible… hay que buscarle algo divertido.

Una duda: ¿me refiero a Sales d’espera como un libro de cuentos o de relatos?

Me da igual. Yo siempre digo cuentos. Es que la palabra relatos está tan prostituida… Todo es un relato: en la tele, las noticias, todo el mundo habla de relatos y uno ya no sabe qué es exactamente un relato.

Déjeme jugar con su título, ¿qué espera de la literatura Neus Canyelles?

Nada. Ya llevo tantos años dedicada a esto, hace ya casi 30 de la publicación del primero [Neu d’agost. Un llibre de memòries, Premi Bearn de narrativa, 1998], y ya no sé vivir de otra manera. No es que espere algo, es que ya no sé moverme de aquí.

La crueldad gratuita es otro de los temas que aborda. Usted la descubrió en la escuela. A algunos alumnos de los años 80 hoy los meterían directamente en prisión.

Sí, aquello era horrible. Lo que hoy es peor es que el ‘bullying’ no cesa una vez finalizadas las clases, continúa con los móviles. Antes salías del colegio y te ibas a tu casa, donde te podías refugiar, pero no olvidar, porque eso no se olvida nunca, pero esa violencia no era constante, había momentos de paz. Ahora me da la impresión de que no hay ningún momento de paz. Por eso hay tanta gente que la pasa mal y se suicida. Este me parece un problema muy gordo, de los más grandes que existen en el mundo. Es una crueldad gratuita. ¿Qué has hecho como adolescente para tener que sufrir esto? No lo puedo entender y me da muchísima rabia. Y no solo me preocupan las víctimas del ‘bullying’, también los agresores, gente mala, horrible y perversa que encuentra el placer haciendo sufrir a otra gente. Son adolescentes, sí, pero me cuesta pensar que se convertirán en buenas personas cuando sean adultos.

Más incomprensiones. “No entiendo nada de lo que escriben los escritores actuales”, reconoce en una de sus páginas.

Me pasa bastante. Lo que hago últimamente es releer obras que me gustaron mucho en su momento, y de las que apenas recuerdo algo. Ahora, a diferencia de antaño, si un libro no me gusta desde la primera página, lo dejo.

Nadie puede hacer nada por ti, incluidos los seres queridos. Es inútil”. ¿Tampoco los psicólogos ni los psiquiatras?

En mi caso, no. Bueno, los psiquiatras sí porque al menos te dan medicación y te permite estar un poco tranquila. Yo he tenido muy mala suerte porque no he encontrado ningún psicólogo que me haya ayudado, al revés, me han perjudicado más, por lo tanto ya no voy a ninguno. Supongo que los habrá maravillosos.

¿Le costó decidirse a contar episodios tan personales como una sesión de electrochoque o distintos intentos de suicidio?

No sé si es una necesidad, el contarlo, pero lo quería hacer, y no me da ninguna clase de vergüenza. Creo que se puede escribir de cualquier cosa, luego tú te pones tus límites. Yo quiero escribir sobre estas cosas, no solo de la felicidad. Puede que sea una terapia, una palabra que aborrezco, pero yo no lo siento así.

El de escritor es el peor oficio que existe”. Eso sí que no me lo creo.

Económicamente, es de los peores. Solo unos pocos, muy pocos, pueden vivir de lo que escriben. Dedicarte a esto te supone un sobresfuerzo. Pero no pasa nada si no se gana dinero. Si lo que quieres es escribir pues escribe, y ya está, no hay que pensar en lo que vendrá después.

Usted que lo ganó en su día, 2002, con Cap d’Hornos (Premi Llorenç Villalonga), ¿cree que el desprestigio se ha apoderado de los Ciutat de Palma en los últimos años?

Puede ser que sí. Tampoco es algo en lo que piense mucho. Para mí, desde que se convoca un premio en castellano, estos galardones dejan de existir, me da igual quien los gane. Lo siento pero yo pienso así: solo tendrían que ser en catalán.

Prepárese, en cualquier momento quizá le llamen para defender a Palma como capital europea para 2031.

Espero que no me llamen. Todo este mundillo a mí no me va, yo soy de otra manera. No me interesa nada. Cuanto más mayor me hago menos cosas me interesan.

Sé que entre sus gustos musicales se encuentra Robe Iniesta. “Me gustaría ser recordado como un poeta y compositor que hizo algo en lo que creía”, declaró en su momento.

Si a sus canciones le quitamos la música y miramos solo la letra, yo creo que sí que es poesía. Pero no lo quiero desligar porque a mí me gusta el todo, su música y sus letras.

¿Cómo le gustaría ser recordada a Neus Canyelles?

Primero, como una buena persona y después, como alguien que escribió. Sin escribir, la verdad, no sé qué clase de vida tendría, no tendría ningún sentido.

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