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Oblicuidad

La fachada de la Sagrada Familia de Barceló se realizó en Mallorca

La maqueta para el concurso con Cristina Iglesias y Javier Marín fue remitida a Barcelona desde la isla por el artista ‘felanitxer’

Pierce Brosnan, en la catedral de Palma donde conviven Barceló y Gaudí.

Pierce Brosnan, en la catedral de Palma donde conviven Barceló y Gaudí. / DM

Matías Vallés

Matías Vallés

Antes del colapso actual, Mallorca podía presumir de haber engendrado obras maestras de la cultura universal. Una placa recordaba en el desaparecido Hotel Formentor que Mario Vargas Llosa remató Pantaleón y las visitadoras entre los pinos ahora talados. Y sin salir de Pollença, el musical Evita, que revolucionó el género fue maquinado en la mansión del productor Hal Prince, que convocó al compositor Andrew Lloyd Webber y a su letrista Tim Rice para esbozar a la Perón.

Basta de erudipausia, porque la impagable aportación mallorquina a la cultura universal se acaba de enriquecer con la fachada de la Glòria, en la catedral de la Sagrada Familia. La obra se materializará obviamente en su caso sobre el terreno, pero la maqueta del gigantesco mural cerámico proyectado para el templo barcelonés ha sido confeccionada en el taller mallorquín de Miquel Barceló y remitida desde allí a Barcelona. Por tanto, y aplicando los criterios de la inspiración artística, ¿cuál es la cuna real del proyecto?

«En su caso» significa que Barceló no tiene asegurado el encargo. Compite por el proyecto al estilo de los arquitectos, con o contra Javier Marín y sobre todo Cristina Iglesias. Resulta curioso someterse al cruel enfrentamiento deportivo en la creación artística, y no presentando una obra ya finalizada sino con objeto de realizarla. Claro que Gabriel García Márquez sostiene que todas las creaciones son comparables, y no le falta razón al autor de la segunda novela más importante de la literatura castellana.

La victoria en la intervención sobren la fachada principal de la Sagrada Familia es más dura que la derrota, porque supondría un compromiso de quince años de trabajo hercúleo para Barceló (69), que agotó el plazo de presentación del proyecto en la primera quincena del pasado diciembre. El asunto de su maqueta es una visión terrenal de la gloria que define a la portada catedralicia. Es posible que no sea el único proyecto concebido en Mallorca, porque Cristina Iglesias (69) vivió con su pareja Plácido Arango en Formentor, además de disponer de estudio propio en el interior de la isla.

La competición entre los dos artistas con casas y talleres en Mallorca destila el dramatismo de un partido de Alcaraz, el campeón que ha eclipsado a Nadal. No puede ser casualidad que La Pedrera haya albergado hasta esta semana una exposición de Iglesias en territorio Gaudí, otro desafío porque la cerámica barceloniana ocupó el mismo ámbito en 2024.

Qué tiempos, en que podías visitar las casas Milà y Batlló sin toparte con ningún catalán. Son obras maestras, a diferencia de los cucuruchos de la Sagrada Familia, un castillo de arena. En el caso de Barceló, la apropiación cultural de su fachada nacida en Mallorca entronca con una succión por parte de Cataluña equivalente al rapto de Ramon Llull, con ejemplos tan acentuados como la exposición Barceló Barcelona en los ochenta.

El duelo entre el mallorquín y la donostiarra es más tenso que un Barça-Madrid. El ateo Barceló cuenta con dos catedrales en su haber, con Palma y Notre Dame como precedentes, pero Iglesias le puso puertas al Prado. El felanitxer convive ya con Gaudí en la seo palmesana, que fue visitada por Pierce Brosnan y Helen Mirren no en atención a sus valores góticos, sino para deleitarse expresamente con la obra del mallorquín que ha reinventado la Sagrada Familia en su isla.

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