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15 años sin Bel Cerdà: La voz que cantó la esencia de Mallorca

La memoria de Bel Cerdà continua viva en las personas que compartieron con ella una época de gran efervescencia cultural y activismo vecinal. Un tiempo en el que la sociedad mallorquina se miró a sí misma para recuperar su identidad

Antoni Peralta, Eugeni Canyelles, Francesca Adrover y Bel Cerdà, integrantes de Sis Som, en la plaza Major.

Antoni Peralta, Eugeni Canyelles, Francesca Adrover y Bel Cerdà, integrantes de Sis Som, en la plaza Major. / DM

Maria López

Maria López

Palma

Solo hay una manera de preservar la cultura popular y es viviéndola desde dentro. Mantener ese legado, supone sacarlo de las vitrinas y llevarlo a las plazas para que la comunidad lo haga suyo. Tras la muerte del dictador Francisco Franco, el hilo de transmisión de la cultura popular estaba prácticamente roto. Muchas tradiciones languidecían y se corría el peligro de perder un rico patrimonio, pero también la esencia misma de un país.

En ese contexto, Bel Cerdà Soler (Palma 1945-2010), fue un pilar indiscutible del movimiento vecinal y la recuperación de la cultura popular. Fundadora y cantante del grupo Sis Som, activista, divulgadora, investigadora cultural y empresaria, dejó una huella en Palma y en Mallorca difícil de borrar. Y es que Cerdà fue impulsora de muchas de las iniciativas que hoy consideramos imprescindibles: la cabalgata de Reyes y la Rua en Palma, la recuperación de la procesión de barcas por Sant Pere y también de las ballades populares. Y aún más: reactivó las fiestas de las barriadas y luchó por la rehabilitación de su barrio, el Puig de Sant Pere.

Los numerosos frentes que mantenía abiertos, hacen difícil dibujar su perfil, pero dejó familia y muchos amigos y colaboradores que han querido aportar sus recuerdos y reflexiones sobre una mujer irrepetible.

«Mi madre encontró su lugar como mujer y se valoró a sí misma»

Maribel Pujol Cerdà fue testigo y partícipe de muchos de los logros vitales de su madre, Bel Cerdà. «Es un referente para mí, tenía una gran curiosidad». Recuerda cuáles fueron sus primeros contactos con músicos en el Centro de la Guitarra, cómo se lanzó a la investigación de la cultura popular de manera autodidacta, su faceta como artesana en la construcción de instrumentos musicales tradicionales y su labor pedagógica en las escuelas. Lo que revela Pujol Cerdà son las ganas de aprender, las inquietudes, la generosidad a la hora de ser transmisora del legado cultural: «La cultura es de todos y ella no se ponía medallas».

Canyelles, Peralta, Adrover, Cerdà y Guasp junto a sa Llonja.

Canyelles, Peralta, Adrover, Cerdà y Guasp junto a sa Llonja. / Arxiu Toni Perpinyà

«Todo esto le hacía muy feliz», asegura. «Tenía ideas muy mágicas, se preocupaba mucho por la gente. Era muy buena persona». El relato de Maribel solo se ensombrece al mencionar el restaurante que pusieron en marcha y que no funcionó. Sin embargo, el testimonio de la única hija de Cerdà habla de una mujer avanzada a su tiempo, con inquietudes que «me dio mucha libertad de pensamiento y de decidir».

«Creía en la cultura popular como esencia del país y viva en la comunidad»

Apenas había pasado una semana de la muerte de Bel Cerdà cuando el historiador Jaume Llabrés publicó en Diario de Mallorca un artículo en el que recordaba a la que fuera vecina, amiga y colaboradora en diferentes aventuras culturales. Lo tituló Un bocí de carrer que mai no tornarà, recordant na Bel Cerdà. Jaume Llabrés ligó ese homenaje a la calle Montenegro donde ambos vivieron y el lugar en el que se tejieron sus vínculos. Un rincón de Ciutat en el que confluyeron establecimientos emblemáticos como el Celler Montenegro, la Fonda la Paloma o el Centro de la Guitarra; pero también personas dispuestas a cambiar el mundo y relaciones cuasi familiares que perduraron a lo largo de las décadas.

«Bel tenía mucha energía, era muy trabajadora», dice Llabrés, «una mujer atípica para la época. Era muy libre, no la ataba nadie». Su relación con Cerdà se hizo más intensa a partir de 1978 cuando le animó a formar parte de la comisión de cultura de la Associació de Veïns del Puig de Sant Pere. «Le dio un gran impulso a la asociación, pidió subvenciones, unió las fiestas de Sant Joan [de sa Llonja] y las de Sant Pere [del Puig]. El primer año actuó Marina Rosell. También resucito la procesión de barcas». Las fiestas de barriada recuperaban, gracias a estas iniciativas, la relevancia que habían tenido años atrás.

Antoni Miranda, Bel Cerdà y Eugeni Canyelles.

Antoni Miranda, Bel Cerdà y Eugeni Canyelles. / Torrelló

Su activismo cívico no puede desligarse de su interés por la revitalización de la cultura popular. De su madre, Bel Soler, originaria de sa Pobla, aprendió las tonades del campo mallorquín. Realizó una inestimable labor de campo recuperando letras y canciones. También fue experta en la fabricación de instrumentos tradicionales de percusión como el canyís, ossos, castanyetes de canya, el xorrac y la ximbomba. Durante años difundió y enseñó a confeccionar estos instrumentos y, junto a Jaume Llabrés, como él mismo recuerda, montó dos muestras sobre esta temática que tuvieron gran éxito.

En este sentido, Bel Cerdà también ejerció junto al pintor Gabriel Llabrés como montadora de las exposiciones de las Caputxines comisariadas por el propio Jaume Llabrés y Aina Pascual. Se interesó por el arte contemporáneo y, según relata Llabrés, compró un cuadro de Miquel Barceló antes de que fuera un pintor reconocido.

«Estaba cargada de vivencias, no de teorías»

Su energía vital y su capacidad de seguir adelante, sin miedo, son dos de los rasgos que definen, según Marosa Cons Teixidó, a Bel Cerdà. Esta maestra ahora jubilada la conoció en el año 1981, por medio de su amiga Francesca Adrover, una de las integrantes de Sis Som. «La escuché cantar tonades por primera vez en Radio Popular», recuerda. «Era una gran cocinera, estaba muy aferrada a la tierra. No era tanto del concepto como del sentimiento. Había salido del pueblo y lo defendía como comunidad de personas».

Cons explica también que Cerdà fue pionera en iniciativas cívicas y «alma mater de la reivindicación y recuperación del Puig de Sant Pere como barriada de Palma». En este sentido, destaca la gran importancia que tuvieron los movimientos ciudadanos tras el fin de la dictadura: «Había muchas ganas de hacer cosas en común. Ahora cuesta mucho que la gente se una», lamenta. «Bel hizo todo esto porque lo vivía, por amor y por convicción profunda», resume.

«Era una ‘dona d’empenta’, Estaba muy implicada y comprometida»

Cerdà también es recordada por impulsar la cabalgata de Reyes de Palma. Durante años se ocupó de su organización junto a Rafa Pizarro, que compartió con ella el montaje de las carrozas, la gestión de las comparsas que participaban en el desfile o la confección del vestuario. «He vivido desde los años 60 hasta 2011 en el Puig de Sant Pere. Participamos en algo muy importante en esa barriada: su movimiento cultural, las reivindicaciones ante el Ayuntamiento... Ahora paso por allí y es guirilandia. Hemos perdido el espíritu de barrio», opina. Pizarro menciona además otra de las vertientes de Bel Cerdà: la de empresaria: «Montó el primer salón de belleza, también un salón de te». Su última aventura fue el restaurante Singular, en la calle Montenegro, que ofrecía cocina de mercado.

Todo esto no le quitaba tiempo para llevar a cabo «cincuenta mil cosas» más. Decorar las calles con paperí hecho con telas, endomassar el Born con camisetas de colores, concursos de cometas, obras de teatro… en una ciudad que Pizarro recuerda como «más humana». En esa Palma Cerdà destacaba por su «compromiso con la cultura mallorquina», pero también por su bondad y su generosidad.

«Era una activista de barrio que consideró que Mallorca era su barrio»

«Estaba muy abierta a la cultura y se movió por todas las comarcas», rememora el productor musical Toni Fernández quien compartió muchas horas con Cerdà en su estudio de grabación.

«Conocí a Bel porque era vecina del Centro de la Guitarra. Ella cantaba allí ocasionalmente acompañada por Eugeni Canyelles, también integrante de Sis Som». Además de grabar todos los discos publicados por el grupo, Fernández y Cerdà trabajaron de forma conjunta en la recuperación de canciones populares. «Había una generación de personas que ya eran muy mayores, pero que eran el testimonio vivo de la música popular. Compartía con Bel el interés por recoger este patrimonio y me ofrecí a grabarlo en el estudio». Más tarde se editaron dos discos con las tonades de Madò Buades, de sa Pobla, y las de l’amo en Toni Fai de Sant Llorenç.

Diferentes voces y recuerdos han coincidido en que Bel Cerdà no solo se dedicó de forma entusiasta a recuperar y difundir cualquier manifestación de la cultura popular mallorquina. También trabajó para que ese patrimonio, esencia viva de la identidad del pueblo, siguiera teniendo la dimensión comunitaria y de pertenencia que le da sentido.

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