Un fogueró con 733 novelas

Imagen de archivo de una gala de los Premis Ciutat de Palma / Guillem Bosch / G. BOSCH
No he conocido un entorno más mafioso que los jurados de los Ciutat de Palma, con la honrosa excepción del que me premió. Me autoexcluí a perpetuidad de juzgar a mis semejantes después de integrar un jurado en que uno de sus miembros era un profesor que amenazaba con dimitir con estrépito si no ganaba la novela de su novia. Otro juez era un editor que maniobraba para que venciera uno de sus autores. Solo quedábamos Llorenç Capellà y su seguro servidor, víctimas de un escándalo que no habíamos provocado.
Desde entonces no juro ni juzgo, me ahorro así la lectura de manuscritos deprimentes. Y por supuesto, PP/Vox jamás me propondrían que valorara los libros que les gusta quemar, por mi escasa formación en literatura falangista. Como desterrado a perpetuidad de los jurados, no puedo ocultar mi envidia ante el éxito del Ciutat de Palma, al congregar a las 733 peores novelas de la lengua castellana. A continuación, las ultraderechas han montado una fenomenal hoguera con las ficciones sin premiar, el único fogueró de quienes se arriman a cualquier pretexto para no festejar a un Sant Sebastià gay, hoy mismo se inaugura Fitur en jornada de luto.
Cada año leo más libros malos que buenos, pero encontrar 733 ficciones deplorables requiere de un esfuerzo sobrehumano. Nadie ha leído ni la mitad de páginas de la mitad de ellas. La excusa de una criba previa no resuelve el enigma. Las personas que en Mallorca leen cincuenta libros al año por obligación pueden contarse con dos dedos de una mano. Los autores quemados por la ultraderecha pueden consolarse pensando que sus empeños letrados son vírgenes de lectura, pero no voy a sumirme en el periodismo de investigación necesario para comprobarlo. No pierdan el tiempo tomándose en serio la literatura, lean a secas.
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