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PREMIS CIUTAT DE PALMA

Jorge Fernández Gonzalo, premi Rubén Darío de Poesía en Castellano 2025: “Con mi poesía busco la esencia de las cosas, nombrar el paisaje, la emoción interna, las experiencias”

El poeta y profesor madrileño ha sido premiado por ‘Rotunda claridad’, una obra para “pararse, detenerse, dejar de mirar a un mundo vertiginoso de pantallas y constantes requerimientos”

Jorge Fernández Gonzalo

Jorge Fernández Gonzalo / LUCIA CASTILLO

Palma

El escritor Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) repite en el podio de los Ciutat de Palma, en esta ocasión sin polémica. En 2023 y con el anterior consistorio progresista, su 'Ecogrames' se alzó con el Joan Alcover de Poesía en catalán por una obra concebida en castellano y luego traducida, lo que desató las críticas de las asociaciones de defensa de las letras en catalán que exigieron un cambio en las bases para aceptar solo textos escritos originalmente en esta lengua.

Acaba de recibir un galardón, el XXII Premio de Poesía César Simón de la Universitat de València, y ahora, el Ciutat de Palma.

Últimamente la verdad es que he ganado muchos premios. El Ciutat de Palma es un galardón bastante codiciado, reconocido a nivel mundial, un galardón anhelado por los poetas. Además del apoyo económico [12.000 euros de dotación], con el que uno se puede pagar el alquiler y la vida, el reconocimiento es una inyección de energía para poder seguir escribiendo y ya no vivir de esto, que para mí no es un objetivo, pero sí para poder encontrar una satisfacción cuando se escribe y publica, ver que detrás hay alguien que confía en tí, como lectores, jurados, premios y demás.

¿Qué es ‘Rotunda claridad’?

Con este poemario he intentado buscar un modo de expresión que me permitiera contemplar la realidad, nombrarla, explicar las presencias reales del mundo, lo que nos rodea. Se trata de una poesía muy meditativa, muy contemplativa, y que busca ensalzar a través de la palabra pero sin buscar tampoco un retorcimiento del verso o del verbo, busca la esencia de las cosas, nombrar el paisaje, la emoción interna, las experiencias. Es una poesía de tono meditativo que casi rozaría un poco la experiencia mística, aunque no religiosa, pero sí una especie de mística a través de la palabra.

¿Sobre qué podrá reflexionar quien lea su libro?

Creo que mis poemas, la mayoría de mis libros, y en concreto este, lo que buscan es un poco pararse, detenerse, dejar de mirar a un mundo vertiginoso de pantallas y de constantes requerimientos y demás, y simplemente conectar con el lenguaje, con el cuerpo, con la intimidad, con la palabra, la experiencia, la emoción... Creo que lo que el lector puede encontrar en estos versos es una especie de recogimiento, una palabra que tiene una tradición mística o religiosa, pero que para mí tiene casi una función política; recogernos, pararnos ante el continuo llamado del sistema que nos está haciendo para que hagamos cosas, para que trabajemos, para que vayamos de un sitio para otro.

¿Cómo se lleva Jorge Fernández con el mundo que habita?

Bastante bien porque he encontrado un equilibrio entre las necesidades del mundo prácticas, pragmáticas, y con esos momentos en los que uno puede mirar hacia adentro o reflexionar o trabajar para su propio beneficio, no para alimentar la máquina. Así que yo he encontrado cierto equilibrio entre la familia y los requerimientos del sistema. Encuentro vías para poder escaparme, para poder descansar y pararme. Y ahora me toca a mí.

¿Qué ha buscado en el lenguaje de este poemario?

La palabra exacta para nombrar las cosas. No es un poemario surrealista o vanguardista sino que intenta mostrar cómo en lo cotidiano, en un paisaje, en una experiencia contemplativa, simplemente paseando o mirando la naturaleza o cosas así, se pueden encontrar maneras de encauzar la experiencia. Es un lenguaje que intenta elevar lo cotidiano pero sin complejizar el lenguaje, simplemente buscando la palabra que nos permita adentrarnos en las cosas, comprender la esencia del mundo, de los seres, pero sin buscar una complejidad innecesaria.

¿Es esta una constante en su obra?

En gran parte de mis libros, sí. Estoy buscando nuevos cauces de expresión, pero en concreto en este libro sí que sigo una línea que llevo siguiendo desde hace muchos años y que entroncaría, por ejemplo, con autores como Claudio Rodríguez, que es un poeta sobre el que hice mi tesis doctoral, y que de algún modo nos lleva a esa experiencia prístina del lenguaje.

¿Sigue al frente de la publicación digital ‘Revista Neutral’?

No, fue un proyecto que duró unos pocos años y que me sirvió para encarrilar mi carrera académica.

Usted es profesor en la Universidad Complutense de Madrid.

Sí, de filosofía, porque a pesar de haberme formado en Filología hispánica y de haber hecho una tesis sobre literatura, poco a poco me fui desviando por otro tipo de reflexiones filosóficas. Mi poesía, desde siempre, ha tenido una especie de cariz filosófico, de tono reflexivo. La docencia es un placer cuando uno sale delante de los alumnos y las cosas funcionan, pero luego también tiene sus inconvenientes o sus requerimientos, o sus tiempos que me desvían de escribir, pero que al mismo tiempo también lo pueden acabar complementando.

También cultiva el ensayo. ¿Cuál ha sido su último trabajo en este campo?

Un texto sobre mujeres e inmigración desde una perspectiva estética, es decir, cómo las mujeres migrantes crean un mundo, construyen una realidad, transforman su propia realidad con la migración y cómo nuestra realidad, de los que no somos migrantes, también se puede ver transformada por la implementación de nuevas miradas, de nuevas voces, de nuevos registros de realidad que van acumulándose para complementar nuestro mundo. Algo que tiene cierta dimensión poética.

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