La escena gótica resiste en Mallorca
Aunque lleve una existencia discreta, el estilo siniestro continúa presente en la isla y se celebran encuentros entre sus seguidores, como la Gothic Virus Party, cuya próxima cita es el próximo sábado, día 10, en Es Gremi

Un grupo de seguidores de esta subcultura en una Gothic Virus Party en la antigua discoteca Tunnel / Gothic Virus Party
Brigitte Rohm
«Izquierda, derecha, recto, ya no puedes salir de aquí...». De los altavoces suena la canción Labyrinth, de la banda alemana de dark rock Oomph! Una figura etérea y andrógina con corsé y vertiginosas botas de plataforma de 10 centímetros flota sobre la pista de baile del Sunset Club de Palma. A su alrededor se agita una multitud que, a pesar del predominio del negro en sus atuendos, puede describirse como muy variopinta. Porque la escena gótica es extremadamente diversa. Lo que une a los asistentes esta noche puede sorprender a los ajenos a esta subcultura: la alegría. Se nota claramente y se debe al hecho de que, tras casi año y medio, desde el cierre del Tunnel Rock Club, se celebra por primera vez una Gothic Virus Party.
Ahora bien, una isla en la que reinan el sol y la playa no parece ser el hábitat natural de las criaturas de la noche. Y afirmar que aquí hay una escena floreciente sería una ligera exageración, pero existe, y desde hace mucho tiempo. Como en toda España, en Mallorca también surgió la música alternativa durante la Transición y a partir de mediados de los años 80. Entre ellos, bandas de post-punk y sus seguidores que, al principio, en España no se autodenominaban góticos, sino siniestros. Esto cambió en los años 90 y con el cambio de milenio, cuando Alemania se convirtió en un punto de referencia de la escena gótica, con festivales como el Wave-Gotik-Treffen, en Leipzig, o el M’era Luna Festival, en Hildesheim, que atraían a visitantes de todo el mundo. El boom destiñó, por supuesto, de color negro.
Todo esto lo cuenta una figura clave del movimiento en Mallorca: «El padrino», como él mismo se define. Fernando López, coorganizador del Gothic Virus Party, cuya próxima cita es el 10 de enero en Es Gremi. Es un hombre afable, divertido y discreto. Alguien de quien no se diría necesariamente que en la década de 1990 actuaba con pantalones de látex y una cantidad poco cristiana de delineador de ojos bajo el nombre artístico de Caín Uriel, como líder de la banda de deathrock Dementia 99, que se convirtió en una de las referencias de esa época en España. «Teníamos un estilo un poco peculiar dentro de lo gótico y éramos underground», dice López. «Hay algo muy interesante en la escena gótica: cuando una banda proviene de un lugar extraño y toca un estilo igualmente poco común, suele tener relevancia».

Fernando López (Caín Uriel de nombre artístico) en los años 90. / Gothic Virus Party
La historia de este grupo está indisolublemente ligada a la subcultura gótica de la isla por muchas razones. Sus miembros tenían ganas de cambiar las cosas, de unir a la escena. En dos ocasiones, en 1998 y 1999, organizaron un Mallorca Gothic Festival en Palma. En él participaron varias bandas de Alemania, como Sepulcrum Mentis, de Berlín, que llegaron en furgoneta. «Les cogí mucho cariño a los amigos alemanes que vinieron», recuerda López. Incluso llevó a sus protegidos a la cadena de televisión local Canal 37 para una actuación en directo, ya que IB3 aún no existía por entonces. «De repente, aparecieron esos tipos de dos metros de altura, con tacones altos y maquillados de negro. ¡La cara del presentador era un poema!»
Como declaración de amor a los góticos alemanes y como pulla a los turistas «normales», Dementia 99 compuso el curioso himno Goth Holidays In Mallorca. Y, tras el segundo Mallorca Gothic Festival, la banda entró en el estudio para grabar su primer álbum. Todo iba sobre ruedas. «Pero, entonces, ocurrió la tragedia», dice López. Su guitarrista, conocido bajo el nombre artístico de Virus, murió con solo 21 años. Un duro golpe que supuso el fin del grupo como banda en directo y también el fin del festival.
Dos años más tarde, en 2001, López abrió el club Gothic Virus Culture, en la plaza Gomila, llamado así en memoria de su difunto compañero de banda. El logotipo en blanco y negro con un virus de perfil era el símbolo tanto del club como del grupo Dementia 99. «Hasta hoy sigue formando parte de la identidad de Gothic Virus Culture y sus fiestas», explica el organizador. El club existió hasta 2005 y, hasta entonces, dio frutos muy creativos. Por ejemplo, allí se distribuía un fanzine llamado Other Voices, con un formato similar al del folleto YouThing. «En él hablábamos de las novedades de la escena gótica, de bandas y estilos, e imprimíamos chistes góticos», dice López.

Foto de archivo de otro grupo gótico. / Gothic Virus Party
Además, existía un «teléfono de atención al gótico», que era el número privado del antiguo propietario del club. Todavía sigue activo hoy en día. Su objetivo principal era informar a los miembros de la escena sobre dónde podían salir de fiesta o encontrar a personas afines en Mallorca. «Sin embargo, una vez me llamó un padre preocupado porque no sabía dónde estaba su hija gótica», cuenta López divertido. «Le pedí que me la describiera y le dije que le avisaría si aparecía por mi local».
El club tuvo que cerrar al cabo de pocos años porque el edificio fue demolido. Desde entonces, la Gothic Virus Culture ya no tiene una sede fija, pero se ha convertido en una serie de fiestas, algunas de ellas con música en directo. Detrás de todo ello hay un colectivo con un núcleo fijo de entre ocho y nueve personas, entre las que se encuentran algunos veteranos de los inicios. «Entre 2010 y 2020, se puso de moda en Mallorca organizar fiestas que hacían referencia a antiguos locales legendarios», afirma López. Entre otros, los clubes Maraca y Tunnel, que hoy tampoco existen, sirvieron de anfitriones.
Y algo más ocurrió paralelamente en la escena gótica durante ese periodo: Beatrice de Son Bages (nombre real: Göbel), una alemana residente en la isla, organizó dos encuentros góticos en Mallorca en 2011 y 2012. Esta iniciativa tenía más que ver con el Wave-Gotik-Treffen de Leipzig que con la vida nocturna local: el programa no solo incluía conciertos, sino también picnics victorianos en la playa de Molinar y un programa cultural con visitas guiadas a cementerios y otros lugares de interés.
Aunque López y su círculo tenían poco que ver con ello, él destaca: «Nos alegramos de que haya gente gótica aquí». La iniciativa de Beatrice de Son Bages demuestra, una vez más, lo polifacética que es esta subcultura, considerada pacífica y abierta. Por un lado, están los góticos de primera generación, vestidos completamente de negro, a menudo con el pelo cardado y la cara pintada de blanco. Además, hay steampunks, que encarnan utopías tecnológicas con trajes históricos, los amantes de la ropa victoriana y los cybergoths con sus pelucas de colores neón. También hay diferentes preferencias musicales: desde EBM hasta synth-pop, desde post-punk hasta dark wave e industrial metal, hay de todo. «Nuestro colectivo está formado por cuatro generaciones», destaca López. Lo más importante en las fiestas son los DJs: Phaser, Exile, Magnus, Morgothangel, Óxido... Cada uno aporta su propio toque personal.
Unas mil personas
El organizador calcula que, hoy en día, hay unas 1.000 personas en toda la isla que se identifican con la escena gótica. Pero no hace falta serlo para ir a las fiestas, y tampoco hay ningún código de vestimenta: «Todos son bienvenidos y mucha gente viene vestida de forma normal», dice. A algunos habituales simplemente les gusta la música de los años 80, que ya no se escucha en otros lugares.
Y López, como alma de la fiesta, se esfuerza para que todos se sientan cómodos: está presente en todas partes, charla con todo el mundo y siempre se alegra de ver caras nuevas. Cuando Lena Langnickel, mallorquina de adopción, apareció en 2023 en su primera fiesta Virus en Tunnel, la recibió con las palabras: «¿Gótica de Alemania? ¡Qué honor!», y le permitió pedir una canción. «Estas fiestas góticas son una pequeña joya», dice Langnickel, que desde entonces acude a ellas. «Me hace muy feliz que cada pocas semanas haya un evento en el que se vean caras conocidas y se pueda escuchar tu música».
La última fiesta en Es Gremi fue muy especial. La banda Dementia 99, de Fernando López, que siguió grabando música con una formación diferente, pero nunca volvió a tocar en directo desde la muerte de Virus, dio un concierto por primera vez en 25 años. El impulso de «ahora o nunca» del cantante de 52 años encaja con un valor que une a una escena tan heterogénea: la reflexión consciente sobre la muerte. «Nos volvemos un poco románticos góticos», dice López. «Siempre digo: hay que despedirse mucho antes de irse...». n
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