Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CRÍTICA

Un momento estelar

Hay libros a los que uno debe volver asiduamente, uno de ellos es, sin duda, Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig y en el que el sabio austríaco describe, siempre desde su inteligente subjetividad, algunos hechos históricos que, siempre según él, han marcado el devenir de la historia. Uno de esos capítulos trascendentes es el dedicado a la creación de El Mesías (Messiah) de Händel, una obra, sin duda, estelar, pensada para les fechas más próximas a la Semana Santa que a las de Navidad; de hecho, se estrenó en Dublín un mes de abril, aunque la tradición la haya colocado junto a las representaciones navideñas, ya que en el fondo se trata de una obra intemporal, que casa bien tanto como preludio a la Semana Santa como para amenizar la época de las luces y los belenes.

De las tres partes en que está dividido el oratorio, solo la primera se corresponde con los tiempos de Adviento y Navidad; las otras dos se relacionan con la Pasión, Resurrecció y Ascención (la segunda) y el retorno de Cristo y la victoria sobre la muerte en el Juicio Final (la tercera). Todas con textos provenientes del Antiguo Testamento, los Evangelios, San Pablo y el Apocalipsis.

Curiosamente, el famoso Aleluya, que todas las corales cantan el mes de diciembre pertenece a la segunda parte, la más relacionada con Pascua.

El pasado lunes 22 de diciembre, Studium Aureum, dirigido por su titular Carles Ponsetí, ofreció, junto a cuatro solistas vocales, su versión de ese oratorio. La cita tuvo lugar en el Auditori del Conservatori de Palma y con un lleno absoluto.

Modélico el coro: afinado, sugerente, delicioso a momentos y efectista en otros y preciso y elegante en las múltiples fugas. La orquesta, nada aumentada, muy al estilo barroco, pero sin concepciones historicistas, muy bien llevada por Ramon Andreu a modo de concertino. Destacables los acompañamientos en forma de continuo y el solo de trompeta natural de Roberto Morcillo. Muy en su lugar Joan Campomar a los timbales.

Los solistas. Marta Infante, contralto, tiene un decir especial, solvente en matices y poseedora de una voz seductora. Tal como me hizo notar el amigo Climent Picornell después de la sesión: «Imposible cantar mejor ese recitativo y coro He was despised and rejectedof men». La soprano Soledad Cardoso tiene una voz potente, equilibrada, quizás un tanto operística para esos menesteres, aunque dio la talla en todas sus aportaciones, al igual que el bajo Xavir Mendoza, que tuvo su especial momento de gloria en el aria The trumpet shall sound. Y para terminar, el siempre atento tenor mallorquín Antonio Aragón, conocedor, como pocos de su rol, que defendió con su solvencia habitual.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents