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Tribuna

30 años del inicio del proyecto cultural en Caputxines

Aina Pascual y Jaume Llabrés son dos personas «a las que nunca podremos agradecer lo suficiente lo que han hecho por nosotros»

Dos momentos de la conferencia-entrevista.

Dos momentos de la conferencia-entrevista.

Jaume Bernat Adrover Artigues

El pasado 17 de diciembre de 2025 tuve el honor de entrevistar a Aina Pascual y Jaume Llabrés con motivo del trigésimo aniversario del proyecto cultural en el Monestir de la Puríssima Concepció (antiguas Caputxines, hoy Franciscanes TOR), una iniciativa estrechamente ligada a su emblemático Betlem monumental. Hablamos de dos figuras imprescindibles en la defensa y la divulgación del patrimonio cultural de Mallorca. Su trayectoria, marcada por décadas de investigación, difusión y compromiso, nos recuerda una verdad a menudo olvidada: solo aquello que se conoce se puede valorar, y solo aquello que se valora se puede amar y proteger. En este sentido, como sociedad, siempre estaremos en deuda con ellos, aunque esta labor esencial a menudo quede fuera del foco mediático.

30 años del inicio del proyecto cultural en Caputxines

30 años del inicio del proyecto cultural en Caputxines

A pesar de las dificultades económicas y personales, esta Navidad el Betlem y el convento han vuelto a abrir sus puertas para conmemorar esta efeméride. La celebración se completó con una conferencia en la Misericòrdia de Palma, con el apoyo del Consell de Mallorca, en la que Pascual y Llabrés ofrecieron una mirada transversal sobre la historia, el sentido y la vigencia del convento de les Caputxines.

La conferencia se inició con la figura de la fundadora del convento, Teresa Maria Ponce de León (1624–1705), una mujer adelantada a su tiempo que, a pesar de las resistencias derivadas de su condición nobiliaria, renunció a las riquezas familiares para fundar un convento de clausura femenina en Ciutat. Esta personalidad singular ha sido objeto de estudio por parte de Aina Pascual, historiadora del arte, que en el año 2007 publicó una rigurosa biografía sobre ella.

Los ponentes también describieron la organización interna del convento, estructurado como una microsociedad perfectamente ordenada. Dentro de este entramado destacaba la figura de la betlemera, elegida democráticamente y encargada de montar y vestir el Betlem, una función que, desde una mirada contemporánea, podría parecer secundaria, pero que en su contexto espiritual y devocional adquiere una dimensión simbólica y casi mística.

El Betlem monumental, declarado Bé d’Interès Cultural, constituye uno de los grandes tesoros artísticos del centro de Palma. Este conjunto se completa con otros pesebres adquiridos por la comunidad a lo largo de los siglos, algunos atribuidos al reconocido Mestre de les Verges Rosses de Manacor, un taller activo en el siglo XVIII que produjo figuras de terracota hoy muy valoradas por los coleccionistas.

La intervención de Pascual y Llabrés también puso el foco en las exposiciones temporales que, año tras año, complementan el Betlem mediante la presentación de piezas del convento hasta entonces desconocidas para el gran público. No obstante, lamentaron que en los últimos años no se hayan podido publicar los catálogos complementarios que acompañaban cada muestra temporal, unas publicaciones con aportaciones de especialistas de prestigio nacional e ilustradas con las fotografías del desaparecido fotógrafo canadiense Donald G. Murray, capaz de captar con una sensibilidad única las atmósferas de un espacio cargado de siglos de historia.

Ambos historiadores cerraron la conferencia expresando su agradecimiento por los conocimientos que el convento les ha proporcionado a lo largo de décadas de trabajo e investigación, pero también con una emoción contenida ante la incertidumbre sobre la continuidad del proyecto. «¿Qué pasará cuando nosotros ya no estemos?», se preguntó Llabrés. La cuestión apela directamente a la responsabilidad colectiva. Visitar el Betlem durante las fiestas de Navidad es una manera concreta de contribuir a su preservación, porque les Caputxines son mucho más que un convento: son un fragmento vivo de nuestra historia, conservado gracias a la generosidad y la constancia de dos personas a las que nunca podremos agradecer lo suficiente todo lo que han hecho por nosotros. Ahora es el momento de aportar, como sociedad, nuestro granito de arena.

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