Jaume Font, profesor y autor de 'La saga de 1999': "El silencio es tu enemigo, el acoso escolar se tiene que denunciar"
El docente 'bunyolí', con más de 50.000 seguidores en Instagram, publica un cómic basado en su propia experiencia con el ‘bullying’, ya convertido en herramienta educativa en numerosos centros

Jaume Font, autor de 'La saga 1999', un cómic que habla del acoso escolar. / Juan A. Moreno
Tras dos años y medio de trabajo y miles de lectores siguiendo cada entrega en Instagram, el profesor y dibujante bunyolí Jaume Font acaba de publicar Tutor por sorpresa: La saga de 1999, un volumen en el que convierte en narración gráfica una etapa de su infancia marcada por el acoso escolar. El docente reconoce que ver por fin el libro impreso le ha supuesto sobre todo "alivio", después de un proceso creativo largo, exigente y profundamente personal.
"Son muchas horas invertidas. Siempre se te queda un sentimiento de satisfacción personal a la hora de ver tu obra en formato cómic, en papel", explica. La respuesta del público —docentes incluidos— le ha sorprendido: "Me llegan muchos mensajes de que ya hay docentes que lo usan en el aula para concienciar sobre el acoso escolar".
En La saga de 1999, la historia de la pequeña Luz y el joven profesor Jaume se entrelaza con el pasado real del autor. Trabajar gráficamente con sus propias vivencias no ha sido un acto traumático, sino una forma de enfocar con claridad aquello que desea transmitir.
Un cómic que busca la empatía
"Usar mi experiencia personal me ayuda a saber lo que quiero transmitir", asegura. "Cuando represento una escena de acoso escolar, la idea no es que sea algo morboso ni muy gráfico. Lo que intento es conseguir que el público empatice con lo que está pasando y crear esa concienciación de que estos temas se tienen que trabajar y denunciar", añade.
La parte emocionalmente más compleja llegó al final del proceso creativo. "Lloré mucho con la parte final", admite, "era poder cerrar un círculo que hacía mucho tiempo que había empezado y quedé muy satisfecho". Sin embargo, asegura que dibujar sus experiencias de niño no le resultó tan duro como muchos podrían pensar, porque es una "etapa cerrada y superada gracias a maestros, amigos y familia".
Sin embargo, en varias ocasiones le vino a la cabeza la duda sobre si estaba contando demasiado sobre sus vivencias. "Hay un miedo constante de que a veces doy demasiada información que tal vez sea sensible", reconoce. Aún así, siente que ha logrado relatarlo con respeto: "He intentado no caer en el morbo, sino en la concienciación y la empatía".

Una de las páginas de 'La saga de 1999', de Jaume Font. / J. Font
En esa misma línea, los acosadores del cómic no son reproducciones literales de sus agresores reales. "Intenté inspirarme un poco de aquí y de allá para crear avatares del acoso, siempre sin caer en la violencia gratuita ni en insultos. Muchas cosas se intuyen, pero es bastante sutil", explica. Ese enfoque responde también al público al que se dirige: "Pienso en mis alumnos de primaria. Si enseño lenguaje muy soez puede ser contraproducente".
La escuela de ayer y la de hoy
Una parte del antiguo alumnado de Font ha leído ya el cómic —ambientado en su etapa escolar en el Mestre Colom de Bunyola— y, aunque algunos temían que removiera viejos recuerdos, las reacciones han sido positivas. "Por ahora no he tenido ninguna mala crítica", señala. Además, subraya que su intención nunca ha sido reabrir heridas ajenas: "Mi intención es crear una herramienta didáctica para que las nuevas generaciones no pasen por lo que yo pasé".
Como docente, observa diferencias claras entre el acoso de su infancia y el actual: "Creo que ahora es peor incluso. Hay nuevas tecnologías, internet, redes sociales... En mi época no estaban, lo que te permitía desconectar. Hoy se hace muy complicado". Relata incluso casos de alumnos de siete u ocho años con móvil sin restricciones: "Hay auténticas animaladas".
Para Font, cuesta aceptar públicamente la realidad del acoso porque "durante mucho tiempo ha sido como una amenaza invisible". Recuerda que antes se decía que "son cosas de niños", una idea que considera muy dañina. "Es muy duro reconocer que actos de gente pequeña pueden llevar al sufrimiento de otras personas", afirma.
Una herramienta educativa
Uno de sus sueños es que La saga de 1999 llegue a todas las aulas. "Me gustaría que hubiera uno en todos los colegios y trabajar la historia en la hora de tutoría para invitar a la reflexión", comenta. También identifica cambios necesarios en el sistema educativo para prevenir el bullying: más talleres de concienciación, ratios más bajas y mayor formación docente. "Un único docente tiene dos ojos y a lo mejor hay 25 o 30 personas en clase. Es muy fácil que algo se te pase. Faltan medios y formación", critica.
En Instagram —@tutorporsorpresa—, su comunidad ha crecido de forma exponencial: más de 50.000 seguidores y un cómic que suma ya más de 300.000 lectores online. Publicar semanalmente no le ha supuesto una carga insoportable: "Ha sido más una motivación que una presión. Saber que hay gente que espera ver qué pasa ayuda".
Compaginar la docencia con el dibujo, eso sí, exige disciplina férrea. "Ojalá pudiera dibujar cada día. Me levanto muy pronto para dibujar y me acuesto tarde. En épocas de exámenes es cuando menos publico, pero no hay ningún truco: aprovechar al máximo el poco tiempo libre", señala.
Font asegura que el alumnado sigue sorprendiéndolo: "Muchas veces los maestros aprendemos de ellos. Lo que más me sorprende es esa capacidad de enseñarme". Preguntado por si pudiera hablar con el niño que fue, protagonista de muchas de sus páginas, le diría que "no tuviera miedo ni vergüenza de decir lo que le pasaba". "El acoso escolar se tiene que denunciar. El silencio es tu enemigo", sentencia.
Después de cerrar La saga de 1999, Font ya trabaja en la continuación, La saga de 2009, que está publicando poco a poco en Instagram. "Cuenta el vínculo que se me quedó con un profesor que me ayudó mucho y al que años después tuve la oportunidad de intentar ayudarle. Fue una aventura que me llevó a ser maestro", explica.
Pese al éxito, mantiene los pies en el suelo y su compromiso con el aula. Su obra gráfica, aun con una muy buena acogida, sigue siendo para él una herramienta educativa, un espacio creativo y, por encima de todo, una forma de aportar al entorno que lo marcó. Denunciar, acompañar y educar parecen ser los pilares de un autor que ha convertido sus heridas en relato y su experiencia en una herramienta para otros.
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