Postales de Casa Planas | Hotel San Francisco: Memoria litoral, el arenal tierra de cowboys, canteras y ranchos

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Marina Planas Antich
Durante el boom turístico la zona del Arenal fue un territorio estratégico por parte del Ministerio de Fomento y Turismo y fue justo entonces cuando se desarrolló el concepto de la Playa de Palma. Un paraíso a 10 minutos del aeropuerto y a 20 minutos de la capital. Durante aquellos años emergieron una serie de hoteles con nomenclaturas que recordaban al territorio de las Americas, Hotel Acapulco, Hotel Amazonas, Hotel Los Ángeles, Hostal Atlanta, Hotel Bahamas, Hotel Caribe, Hotel Copacabana, Hotel San Diego, Hotel San Francisco, Hotel Ipanema, Hotel Niagara, Hotel Orlando, Hotel Manaus… La imagen que aquí nos ocupa fue la del mítico hotel San Francisco, el primer hotel que adquirió la Cadena Hotelera Riu, Hotels & Resorts el 9 de noviembre de 1953. La familia decidió conservar el nombre del edificio que entonces ya era un hotel y cuyo nombre provenía de la época en la que llegaron los franciscanos de San Francisco, los curas de la Porcíncula.
Antes de convertirse en destino turístico el arenal era conocido como la cantera de Palma, donde había grandes cantidades de piedra de marès de alta calidad con la que se construyó gran parte de Palma. Cuando un empresario se dirigía a esa zona a hacer negocios se le solía decir “¡ah! ¡vas a hacer las Américas!”. De hecho existía un tren que ayudaba a transportar los materiales, en algunos lugares todavía quedan restos de las vías. Cuando uno camina desde la playa camino recto hacia el interior puede encontrarse con dunas de arena naturales, pinares y restos de piedra picada y leer algunos los trazos de la piedra porosa que fue picada a mano con materiales de construcción durante la Segunda República y otros trazos que, a partir de 1953, denotan que la piedra ya fue perforada por maquinaria industrial. Este hecho fue uno de los factores clave para entender el desarrollo de núcleos urbanos como ses Cadenes, s'Arenal o es Pil·larí donde se instalaron los trencadors y trencadores.
Cuenta Pau de Bonança, vecino de la zona y propietario del legendario Rancho Bonanza que a Es Pil.lari se le llamaba “Los Estados Unidos de Mallorca” y que, una vez apareció un señor preguntando por los Estados Unidos de Mallorca. Cuando llegó al lugar en concreto, sorprendido, exclamó: “¡¿Esto?! ¡¿Esto son los “Estados Unidos de Mallorca?!”, ¡si esto es un pilarí!” y de allí se quedó el nombre de la barriada.
Alrededor del mito de “hacer las américas” comienza a aparecer la idea de rancho y comienzan a aparecer fincas con caballos con montura por toda la zona. El Rancho Picadero, El Rancho Colorado y El Rancho Bonanza son algunos que todavía existen a día de hoy. El Rancho Bonanza, fue una finca previamente llamada Son Muleta, que adquirió la familia en 1916 por 2500 pesetas. Cuenta Pau de Bonança que se fijó un día que una Alemana le pidió al propietario del Rancho de Ca’n Andreu Veredera para poder montar un caballo y le cobró por una hora 100 pesetas y al día siguiente fueron dos turistas más. Uno se subió al caballo y el otro en una mula. Y entonces compró una serie de caballos, monturas, construyó unos establos. Fue el primero en darse cuenta de que dar paseos a los turistas en caballo era más rentable que hacerlos trabajar para labrar la tierra y en hacer negocio con esta actividad. Llegó a tener entre 60 y 70 caballos. “Era precioso”, comenta. Comenzaron a proliferar este tipo de negocios y por ello el Arenal se convirtió en tierra de cowboys. Empezaron a pasar muchos caballos por esa zona y camioneros que llevaban coca-colas y trinaranjus a los hoteles de la zona. Fue entonces cuando en 1955 se abrió el Rancho Bonanza y lo que inició como merendero acabó convirtiéndose en restaurante sirviendo carnes a la brasa.
En los años 70 Pau inició con el negocio de las galeras, pronto se organizaron en sindicatos y en el año 1974 fue el delegado de la zona del Arenal, regularizando así el oficio, que fue muy provechoso, hasta que se instaló el trenecito turístico. Precisamente era delante del Hotel San Francisco donde se paraban más galeras para recoger a más turistas. Luego se empezaron a asfaltar los caminos, comenzaron a haber accidentes y todo esto se fue perdiendo.
Miquela Sagrera, hija de Madó Margalida cabana, una de las últimas mujeres que trencadores cuenta que trabajaban desde que amanecía, hasta que se ponía el sol comiendo sólo dos naranjas y un boniato hervido. Cuando Miquela nació, la llevaban dentro de una “senalla” a la cantera y a la hora de darle pecho le daban el pecho allí mismo. Cuando era un poco más mayor ya iba cargando las piedras más pequeñas en los sacos. El día del nacimiento de su hermano, Madó Margalida cargó 4 o 5 carretas de piedra y picó todo el día mientras apoyaba la barriga encima de la piedra. A las siete de la tarde dijo que no se encontraba muy bien, que estaba cansada y a las 9 de la noche el niño ya había nacido.
Cuando empezaron a abrir hoteles le ofrecieron trabajo en la lavandería del Hotel Lido y ya no quiso volver a las canteras. Cuando Margalida tenía 15 años le ofrecieron trabajo de camarera y los padres les comentaron a los dueños del hotel que no podía y su respuesta fue: “bueno, lo arreglaremos”. Margalida concluye que en la cartilla de la seguridad social tiene un año más.
Para la familia Riu, proveniente de Olot, su empresa ha sido lo que ha dado sentido a sus vidas y a su existencia tanto es así, que Lluís Riu Bertran acordó con su novia, Pilar Güell, pasar la luna de miel en París, pero antes pasarían por Alemania. Aprovecharían el viaje para visitar, entre otros lugares, la sede de la agencia Dr. Tigges (el origen del gigante TUI). El primer día cerraron un acuerdo comercial muy importante, consiguiendo vender todas las habitaciones, algo que fue clave para el futuro de Ríu. Luego, y sólo después, irían a París de luna de miel. Primero llenarían el hotel y luego disfrutarían de su luna de miel.
Al principio, organizaban vuelos chárter sólo para los clientes de Alemania, pero el chárter tenía dos asientos más, que camas había en el Hotel. Esto significaba que siempre había dos plazas de más en el avión que no podían alojarse en el hotel. Para no desperdiciar estos dos asientos, volaban el guía turístico y un cliente adicional. ¿Y qué hacían al llegar? La solución era bien divertida: el guía y el cliente "extra" se quedaban a dormir nada menos que en la casa de la familia de Joan Riu Masmitjà. El abuelo de Carme y Lluís. ¡Imagínate la escena! El cliente, pensando que viviría la experiencia de un hotel, terminaba como huésped en casa del propio propietario del Hotel. Sin duda, una historia que refleja la proximidad y el ingenio de los primeros años. Además en los inicios la familia vivía en el hotel, Lluís y Carme Riu crecieron allí y jugaban con los hijos de los turistas que se hospedaban en el Hotel San Francisco generando así una relación muy cercana y de amistad con los clientes que volvían año tras año.
La información extraída para la documentación de una serie de postales de la zona del arenal fue parte de un proceso de mediación artística que realicé en el año 2021 que consistió en una serie de entrevistas documentadas en video a los vecinos del Arenal y una intervención urbana en los opis de los autobuses a los que los vecinos y visitantes de la zona podían acceder mediante un código QR.
Más información: https://www.marinaplanasantich.com/copia-de-enfoques-b%C3%A9licos-del-turismo
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