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Miquel Mas Fiol, dramaturgo: "Tener que fingir que somos felices es muy agotador"

El Teatre Principal de Inca acogerá la representación de su obra 'Càndid o l’optimisme', una reflexión sobre la obligación de mostrar nuestra mejor cara

Miquel Mas Fiol: "'Càndid o l’optimisme' comienza siendo muy divertido y se convierte en una reflexión sobre cómo de perversa es la industria del entretenimiento"

B. Ramon

Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

El dramaturgo Miquel Mas Fiol (sa Casa Blanca,1996) pasea una maleta por Palma porque tras esta entrevista tiene que coger un vuelo a Barcelona. Pero volverá en cuestión de días a Mallorca porque el próximo domingo, el Teatre Principal de Inca, se representa su obra Càndid o l’optimisme, dentro del Festival de la Paraula. Esta es la primera de las tres piezas que componen su Trilogia de la condició millennial, que se ha representado completa en el Teatre Lliure, agotando las entradas. El próximo diciembre se podrá ver Les penes del jove Werther en el Teatre del Mar y, en abril, en la misma sala del Molinar, Els miserables. El autor mallorquín ha cogido los clásicos de Voltaire, Goethe y Victor Hugo y los ha "pasado por la túrmix” junto con dosis de humor ácido y sarcástico para hablar sobre la felicidad impuesta y de lo perverso de la industria del entretenimiento, de máscaras sociales.

Miquel Mas Fiol, durante la entrevista.

Miquel Mas Fiol, durante la entrevista. / B.RAMON

Pertenece a una generación que no lo tiene fácil por el trabajo precario, el problema de la vivienda. ¿Esto ha marcado su manera de ver las cosas?

Mucha gente más mayor que mi generación me está criticando por el derrotismo de esas tres piezas, en el sentido de que sí, es verdad que la visión de la sociedad es algo negativa, pero creo que, a diferencia de las generaciones anteriores, la mía ya sabe que el mundo está hecho una mierda, por lo tanto, vamos a reírnos de esta mediocridad. Creo que tenemos más facilidad para reírnos de nosotros mismos y de nuestra condición, y que eso también es muy bonito. Mi generación es derrotista, sí, pero a la vez tienes la sensación de que cuidamos mucho más, tenemos el sentimiento de esos cuidados, de esos vínculos… Siempre lo digo, sales de los espectáculos con ganas de abrazar a tu amigo y de ir a quemar un contenedor. Es lo bonito, el sentimiento comunitario es muy fuerte.

Preguntarle a una persona cómo está y que te cuente la verdad no es fácil"

En el espectáculo que se verá en Inca hay esa crítica a la felicidad impuesta…

Happycracia lo llamo yo. Voltaire criticó el positivismo de Leibniz y ¿cuál es el positivismo actual? Pues el de Mr. Wonderful, el de El secreto… Además, el espectáculo se creó en el contexto de la pandemia, que nos dijeron que "todo irá bien, saldremos mejores", y ni salimos mejores ni todo irá bien… Y hablando de eso, también conecté el Mr. Wonderful con esta industria del entretenimiento, donde el entusiasmo pasa por encima de todo, donde hay que estar súperapasionado, te tienen que ver entusiasta, feliz, porque si no lo eres ¡uy!, da mal rollo, ya no nos interesa, ¿no? Y lo que verán los espectadores es esto, una crítica al mundo del entretenimiento, una crítica a la felicidad impuesta, y un actor [interpretado por Lluís Oliver] que comienza un casting para optar a un papel en Càndid o l’optimisme de Voltaire, muy contento, con una sonrisa de oreja a oreja, que al final sacará su cara más oscura.

Miquel Mas Fiol reside en Barcelona pero regresa con frecuencia a Mallorca.

Miquel Mas Fiol reside en Barcelona pero regresa con frecuencia a Mallorca. / B.RAMON

¿Esta 'happycracia' afecta también a las generaciones más mayores?

Diría que, incluso, con más intensidad, a la gente mayor. Sí. Y más en Mallorca, que tenemos una mentalidad muy de todo está bien, todo debe quedar bien, de puertas adentro ya mostraremos nuestras miserias y de puertas afuera vamos a hacer que todo vaya bien. Y apela a todas las generaciones, la tristeza es incómoda. Preguntarle a una persona cómo está y que te cuente la verdad no es fácil. Y creo que es universal esta máscara social que nos ponemos, que se llama risa. Es verdad que creo que cada vez hay más gente que está harta de esto y tener que fingir que somos felices es muy agotador.

Por cierto, Mr. Wonderful está a punto de quebrar...

Bueno, ya saldrá otra. Ahora está volviendo mucho la religión y es curioso, como Rosalía, que yo lo llamo cristianismo chic, ¿no? Tenemos la necesidad de aferrarnos a algo. Ya no nos va el positivismo, el feng shui ya no nos sirve, pues ahora volvemos atrás y tenemos que ir a la misa. Y es como... Uy, uy, uy, es muy difícil vivir.

Crearse una marca a partir de la espiritualidad me parece reaccionario"

¿No le va lo religioso?

No, nada. Tengo mucho respeto por la religiosidad, voy a la Seu siempre que puedo… Al pensamiento religioso le tengo mucho respeto, pero el pensamiento religioso para hacer marketing me parece feo. Crearse una marca a partir de la espiritualidad me parece reaccionario.

¿Cuáles son los temas que le interesan explorar?

Me gusta mucho hablar sobre la máscara social que nos ponemos para vivir en la sociedad: soy feliz, pero no lo soy tanto... Y después me gusta mucho llegar a las contradicciones, que también están ligadas a la máscara social. De esto hablo mucho en Els miserables, en Werther, en Burpees, en Bachata… Hoy día todos queremos hacer la revolución, pero ¡ay!, también estoy contento en mi casa con la manta… Estas contradicciones, estas tensiones que generan comicidad, me interesan muchísimo.

¿En qué está trabajando ahora?

Estoy escribiendo un nuevo texto, Bachata, que es un espectáculo de escenas. Es un texto que presenté al Torneig de Dramatúrgia y lo estoy expandiendo. Son siete sketches sobre las dificultades de convivir. Es una comedia, he decidido que quiero volver a hacer comedias.

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