Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Xavi Ayén: “Mi gran frustración es no haber podido conversar con Bob Dylan”

Xavi Ayén

Xavi Ayén

Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

El periodista catalán, el que a más Premios Nobel de Literatura ha entrevistado, estuvo en Palma presentando su libro “Planeta Nobel”, en el que recoge treinta de esas conversaciones.

¿Conversaciones o entrevistas?

Evidentemente conversaciones, pues a diferencia de una entrevista, en la que dispones de un tiempo limitado para realizarla, en estos casos he podido convivir incluso con los personajes.

Muchos de esos encuentros han sido múltiples y en espacios diferentes

Sí, en prácticamente todos los casos pude estar con los premiados en diversas ocasiones y en ciudades diferentes, en su casa habitual o aprovechando algún viaje, como es el caso de Anni Ernaux que parte de lo que se publica tuvo lugar en Mallorca.

En el libro, se nota una sensación de proximidad entre usted y el premiado.

Claro, pues piense que las conversaciones se daban mayoritariamente en sus espacios de convivencia habituales, como el comedor o la sala de estar de sus casas. Y esto permitía un acercamiento y el poder hablar de su cotidianidad, no solamente de su obra.

Obra que sin duda usted conoce sobradamente, como se intuye a través de sus preguntas o intervenciones.

Bueno, durante un tiempo me exigí como obligación leer dos horas de literatura de esos galardonados. Como a veces nos imponemos una disciplina como ir al gimnasio o a hacer alguna otra cosa, yo leía textos de algún Nobel cada día. Mi idea era, en todos los casos, no realizar la típica entrevista de promoción de un nuevo libro, más bien todo lo contrario, dar una visión global de la obra del artista, y por ello necesitaba haberla leído previamente.

¿Cómo se realizaron los contactos previos a los encuentros?

Pues echando mano de todo lo que tenía a mi alcance: agentes literarios, editoriales, personas que pensaba podían conocerlos, otros escritores, cada encuentro se formalizó de manera diferente. No puedo decir que hubiera un solo camino para llegar a confirmar la cita. Incluso en algún caso concreto nos personamos directamente sin cita previa, con lo que eso representaba: exponernos a un cierre de la puerta ante nuestras narices, cosa que no ocurrió.

Como con García Márquez, al que pudo convencer a través de su mujer.

(Sonríe). Recuerdo que cuando llegamos a su casa le entregamos unos regalos de amigos suyos catalanes. Incluso así tuvimos que esperar una hora hasta que su mujer le convenció para que nos recibiera. De hecho, la nuestra fue la última entrevista que concedió a los medios.

Y les dio una primicia.

En efecto, que ya no volvería a escribir nunca más, noticia que dio la vuelta al mundo y que apareció en informativos y periódicos internacionales.

Una ausencia: Bob Dylan.

Y mire que lo intenté. Cuando vino a Barcelona conseguí plantarme muy cerca del escenario, pero él había exigido una especie de túnel que le llevaba de la misma puerta de entrada de los artistas hasta el escenario y no pude ni verlo. Había preparado una hoja explicando mi propósito y no se la pude ni entregar. Mi gran frustración es no haber podido conversar con Bob Dylan.

¿Cómo empezó a gestionar ese proyecto de conversaciones?

De manera totalmente casual que es como salen los grandes proyectos. Hablando con mi amigo y fotógrafo Kim Manresa, que acabada de realizar fotos a escuelas de medio mundo, se nos ocurrió ir a entrevistar a dos o tres premios Nobel para que nos dieran alguna frase para ilustrar su libro sobre la educación en el mundo. Empezamos con dos y nos decidimos ampliarlo a muchos más. Y aquí tenemos el resultado.

El orden de los textos no es caprichoso.

Decidí ordenarlo del premiado más reciente al más antiguo, pues no se trata de una obra cerrada, sino que está en construcción, de hecho, en unas semanas ya tengo otra cita con un galardonado. Y además la idea no es que el lector empiece la lectura por el principio, sino que cada uno puede mirar el índice y leer a saltos, como le interese.

Algunas de las conversaciones aparecen a modo de pregunta-respuesta, pero otras entrarían más en la categoría de reportage.

Sí, y el criterio lo ha impuesto la manera en la que se han desarrollado las conversaciones. Con Nadine Gordimer, por ejemplo, conversamos recorriendo la cárcel e incluso visitando la celda en la que estuvo su amigo Nelson Mandela. En este caso, era imposible centrarnos en el formato pregunta-respuesta. No ceñirnos a un modelo concreto le da más agilidad al libro y cansa menos al lector.

En algunas de las conversaciones da a entender que hay una tercera persona, el traductor.

No siempre podíamos entendernos en español, francés o inglés, lenguas en las que me puedo defender, pero cuando el personaje pedía poder utilizar su lengua materna y no era ninguna de las anteriores, entonces necesitaba de la ayuda de alguien que la conociera, son los casos de Kertézs con el húngaro, Grass con el alemán, Han Kang con el coreano, Kenzaburo Oé con el japonés y algún otro más. En estos casos la aportación del intérprete fue decisiva. Un buen traductor es muy importante, piense que la mayoría de obras que leemos nos llegan a través de la mano de un intermediario que las ha traducido.

Parte de la conversación con Vargas Llosa tuvo lugar el mismo día de la concesión del premio. Grata coincidencia.

Sí. Tenía sospechas, pero ninguna seguridad. Me habían soplado que estaba en la quiniela final, pero nada podía afirmarse. Y sí, fue coincidencia con una cierta dosis de atrevimiento.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents