Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Zahara: "El feminismo ha sido la red que me ha sostenido cuando todo se desmoronaba"

La artista llega al Teatre Principal de Inca el 29 de noviembre con Acustiquísimo, un formato íntimo y visceral con el que cerrará el Fona Fall Fest 2025

La cantante Zahara actuará en Inca el próximo 29 de noviembre.

La cantante Zahara actuará en Inca el próximo 29 de noviembre.

Palma

Actuará en Inca el próximo 29 de noviembre y lo hará sola en el escenario, en acústico. ¿Qué placeres le brinda un formato como el acústico?

Es una forma de reencontrarme con mis canciones desde un lugar muy primitivo y visceral. Eso me lleva a que los momentos de intimidad sean delicados y tiernos y a que cuando todo se intensifica se desborde. Me gusta la versatilidad de las canciones. Me recuerda que la música es infinita y que está llena de versiones y me encanta poder expresarme con ella. 

Sola en el escenario, pero con todo un equipo alrededor.

Exacto. Estoy rodeada de algunos de mis instrumentos (guitarras, piano, omnichord) y, aunque soy la única en el escenario, lo que suena no solo proviene de lo que hago yo sino que Sergio Vera, mi técnico de sonido, trabaja desde la mesa loopeándome, generando delays infinitos. Hay momentos en los que la sensación es de que hay una banda entera. Para estos conciertos al principio solo necesitaba a Sergio, que es una pieza fundamental. Ahora llevo también a Noe en monitores y a Diego en las luces.

¿Cree que avanzamos en materia de paridad en la industria musical?

En esta gira somos dos mujeres y dos hombres. En mi gira de salas, donde el equipo es más numeroso, cuento también con mi jefa de producción y con mi coreógrafa y una bailarina. Precisamente en cada gira nueva investigo sobre qué mujeres hay trabajando para ocupar las plazas que quedan disponibles. Para el año que viene, por ejemplo, incorporaré a Marta Movidas para que forme parte del equipo musical de ZAHARAVE —un espectáculo de música electrónica que estrenó en 2023 y que vuelve en verano de 2026—. Creo que se va avanzando en cuanto a que hay muchos proyectos liderados por mujeres y más mujeres trabajando en la industria, pero sigue siendo complicado encontrarlas en labores más técnicas. Y sobre todo donde he visto una falta de intento paritario ha sido en los carteles de los festivales donde he tocado este verano. En muchos de ellos era, o la única mujer del cartel, o una de las pocas que había. También siento que sigue habiendo una incomodidad enorme hacia las mujeres que alzan la voz. La reacción violenta que generó PUTA no es más que una muestra de ello. Aún así siento que ahora somos más.

A menudo se la ha visto implicada en causas feministas y en dar voz a otras mujeres artistas.

El feminismo ha sido la red que me ha sostenido cuando todo se desmoronaba. Me ha permitido revisar ideas que tenía muy interiorizadas por el sistema, darme cuenta de qué patrones estaba repitiendo que no eran míos y qué tenía que desaprender para poder avanzar. Gracias a ese aprendizaje dejé de mirar a las mujeres como rivales, justo lo que el patriarcado busca, y empecé a verlas como compañeras con las que construir. Eso ha hecho que mi papel en la industria no solo sea combatiente desde el señalamiento, sino también desde la búsqueda de cooperación. Animo siempre que puedo a las mujeres a que produzcan sus discos, a que lideren sus equipos, a que trabajen en la música desde el aspecto que deseen porque es posible y porque es necesario que se vea.

Su último álbum, Lento Ternura, es una clara evolución respecto a sus inicios, tanto en sonido como en discurso.

Me recuerdo con pocos años haciendo canciones apoyada en mi guitarra, pidiéndole a mis padres que me dejaran unos minutos más para terminar la idea en la que estaba absorta y creo que sigo siendo esa misma muchacha. Ahora me rodeo de sintes o cajas de ritmos, pero cuando me pongo a hacer música la sensación es la misma. Intento conocerme a través de lo que escribo, jugar todo lo que pueda, sentir la felicidad única de la creación. Es verdad que, sobre todo cuando era muy joven, mi acercamiento a las canciones era más naif. Lógico, me faltaba bagaje. La canción Hoy la bestia cena en casa me permitió hacer música protesta con una base pop y electrónica, pero esas ganas de plasmar en las canciones mi visión del mundo estaba también a los 14 años aunque tuviera menos herramientas para llevarlo a cabo. Noto que he pasado por fases más poéticas, literales, explícitas, narrativas... Eso me gusta. Siento que, además, todavía me quedan muchas maneras de hacer canciones que aún no he descubierto.

A lo largo de su carrera ha hablado mucho del miedo, la culpa o la autoexigencia.

Cuando empecé a escribir Lento Ternura creía que eran emociones que había dejado atrás y por eso me centré tanto en el amor como motor vital. Amor a las amigas, al hogar, a la naturaleza, a una pareja que no te encarcela ni exige... Pero a medida que avanzaba en esa narrativa me di cuenta de que estaba huyendo, o intentándolo al menos, de lo que me hacía daño, como si yo no fuera también eso. Así surgieron las últimas canciones que compuse para el disco, La violencia y Demasiadas canciones, donde conecto con esa Zahara cabreada que me posee con frecuencia y que es tan liberadora. Creo que reconciliarse es precisamente poder escribir de lo que sientes y más aún, poder vivir conscientemente con ello, sabiendo que eres tu alegría y calma, pero también tus miserias y penas.

¿Qué lugar ocupa la emoción en su proceso creativo?

Es el eje que lo vertebra. Compongo siempre desde ese lugar divertido, liberador y profundamente íntimo. Incluso las canciones más políticas me resultan súper introspectivas. No dejo de mostrarme tal como soy. Mientras escribo no soy consciente de la dimensión que puede alcanzar lo que estoy plasmando y por eso soy capaz de hacerlo. Muchas veces, al tener la canción terminada, es cuando me doy cuenta de que voy a tener que cantar eso delante de miles de personas. 

¿Cómo cuida su voz y su energía emocional durante una gira tan exigente?

Llevo un año justamente cuidándome de una manera que no había hecho hasta entonces. Precisamente porque la voz está ligada a nuestras emociones de una manera directa notaba que todo lo que estaba viviendo —tensiones y estrés fruto del lanzamiento del disco, ser artista pero también empresaria y madre— empezó a pasarme factura. No conseguía recuperarme así que empecé a cuidarme de una manera radical. Ahora, en la parte física, voy a una otorrina cada tres meses a ver cómo andan mis cuerdas vocales, cada semana voy a una logopeda, mantengo mis visitas a mi foniatra de confianza, hago reposo vocal después de los conciertos... Pero además he vuelto a terapia. Necesito saber colocar aquellas cosas que vivo para que puedan coexistir conmigo y no me hagan daño. 

¿Cuánto hay de improvisación y cuánto de precisión en un espectáculo así?

Parto de una estructura muy pensada, de repertorio y elementos que puedo usar. Qué luces para qué tipo de canción, qué efectos o qué pedales, pero lo divertido de estos conciertos es que todo depende, justamente, de la emoción del momento. Todas las personas tienen que estar atentas y en constante comunicación para decidir qué hacer y cómo aportar. Una canción como El diluvio universal puede durar tres o siete minutos dependiendo de cómo conecte con la canción o con mi voz, con el público o cómo Sergio esté manipulando lo que hago y haya creado o no alguna magia.

¿Qué artistas o proyectos femeninos le inspiran actualmente?

Mi nuevo proyecto favorito es SVSTO. Estoy totalmente alineada con su propuesta tecno, visceral y descarada. De hecho, utilizo una de sus canciones para cerrar mi concierto porque me llena de energía y fuerza. Samantha Hudson es una artista que siempre me ha fascinado. No solo su música, sino su discurso, su manera de expresarse, lo que genera, lo que remueve. Toda ella es referente. Me encanta la naturalidad de Amaia, me siento muy conectada con ella. Alucino con su talento cantando, bailando, tocando cualquier instrumento. Belén Aguilera me tiene enamorada con su último disco. Creo que canta de una manera preciosa y que tiene el don de la melodía bella dentro de ella. 

¿Cómo logra mantener su autenticidad en medio de esa velocidad de la industria?

Qué horror, la verdad. Me parece que estamos en un momento de agotamiento total que no sé cómo vamos a sobrevivir a él. Como artista, compositora, productora intento hacer las cosas desde mi parcela de diversión. Creo desde un lugar que aún siento intacto, en el que imagino y juego todo lo que quiero. El problema es cuando llega la Zahara empresaria, la del sello, la que tiene que vender todas esas canciones... Me parece dificilísimo a día de hoy estar en esta industria si no tienes detrás una cantidad de dinero enorme para producir las ideas y llegar a la gente. Me agota, me perturba y me afecta. Y no solo como parte activa de esta industria sino también como oyente que tiene que escucharlo todo en el momento en el que sale y que tiene que tener una valoración inmediata y formar parte de la conversación colectiva. Me mata. 

¿Cómo percibe la evolución de su público en sus conciertos?

Es maravillosa. Tengo un público tan bonito... Supongo que esto lo dicen todos los artistas del suyo, es como el hijo que es el más guapo. Pero la verdad es que siento a mi público como a una pequeña comunidad que, como dices, ha crecido conmigo, ha ido evolucionando desde aquella intimidad indie a la electrónica ravera y han pasado por el rock para acabar ahora con un bombo a negras. Me consta que algunas se han ido a lo largo de este viaje y otras personas se han incorporado con PUTA, pero me encanta porque quienes están entienden lo que pasa, lo respetan, lo disfrutan y siento que nos aportamos mutuamente. Normalmente suelo reconocer a quienes están en mis primeras filas porque o son personas que llevan años viniendo o porque han repetido de otras ciudades y me alucina, pero entiendo que me conocen y saben que en cada concierto sucederá algo que lo hará diferente. Eso me motiva también a estar inventándome todo el rato formatos. Sé que lo van a valorar.

¿Qué le devuelve ese público cuando termina el concierto?

Es heavy eso. Cuando tuve su ausencia, en los primeros meses de la pandemia, escribí TAYLOR, una canción que habla precisamente de cómo el amor de mi público estaba sustituyendo el mío propio. Imagina cómo es de potente lo que el público te da. Te puede hacer olvidar que te odias. Ahora tengo una relación más sana conmigo misma, pero sigo llevándome el amor de quienes vienen. Me dan un chute de cariño que dura semanas y se convierte en un pensamiento al que recurrir cuando me siento floja. Pienso en esa energía que se genera en los conciertos y sé que es real, que es algo nuestro y que está ahí también para eso, para volver a ello cuando se necesite.

¿Qué le sigue emocionando de subir a un escenario?

Precisamente todo eso. Que habrá otro disco, otra gira, otra puesta en escena. Acabo de empezar la de salas y ya estoy pensando en ZAHARAVE, pero a la vez imaginando cómo lo reinventaré todo para cuando llegue el invierno y eso es lo que me emociona. La música es infinita y yo quiero descubrirla entera.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents