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Oblicuidad

Emma Stone y Jennifer Lawrence se desfiguran para ganar otro Oscar

‘Bugonia’ y ‘Die my love’ son los vehículos desmesurados al servicio de la versión más histriónica de dos sacrificadas treintañeras

El esfuerzo de Jennifer Lawrence se estrella contra Robert Pattinson.

El esfuerzo de Jennifer Lawrence se estrella contra Robert Pattinson. / DM

Matías Vallés

Matías Vallés

Pese a su objetivo fundacional, Bugonia y Die my love inspiran menos terror que compasión. Dos actrices treintañeras como Emma Stone y Jennifer Lawrence compiten por la cima del estrellato con la furia de Bette Davis contra Joan Crawford, aunque en películas distintas. El espectador sensible sufre con ellas, pero no ocultaremos que en ocasiones preferiría estar en otro sitio de menor padecimiento, se acentúa la tendencia a castigar a los supervivientes de las salas de cine.

Stone y Lawrence se desfiguran a conciencia para obtener respectivamente su tercer y su segundo Oscar. El sacrificio gesticular y corporal que comparten merece cualquier galardón, pero no queda muy clara la recompensa del espectador. La erosión anatómica se obtiene a menudo por medio de golpes a cristales con la cabeza, porque se impone el body horror de La sustancia.

La belleza normativa tenía un precio, las antiguas diosas se han transformado en víctimas. Charlize Theron en Monster o Margot Robbie como María Estuardo son antecedentes de la deformación, pero Bugonia y Die my love suponen vehículos más desmesurados, al servicio de la versión histriónica de Stone y Lawrence.

Hasta ahora no se han desvelado aquí las historias respectivas. Stone se afeita la cabeza desde el mismísimo avance promocional de Bugonia. Es una degradación que le imponen sus secuestradores, porque a través del cabello se comunica con los alienígenas de la nave nodriza. Sí, así de complicada se ha puesto la visita al multiplex.

En cuanto al terror de Die my love, solo cabe añadir que el título es una compresión literal del desarrollo argumental. Para sustentar esta pulsión mortífera de los seres queridos, Lawrence procede a la inmolación corporal al completo. No hay un centímetro cuadrado de su anatomía que no se halle dispuesta a mostrar a la cámara, en línea con una actriz desinhibida que no elude los comentarios sobre sus consoladores anales. Por supuesto, el vehículo sobre la maternidad destructiva no traduce los desnudos en erotismo.

¿Quién gana?, reza la pregunta esencial. Aunque la preferencia personal se decanta hacia Lawrence, su esfuerzo para amarrar un segundo Oscar incluso en la producción de la película se estrella contra Robert Pattinson. Hay seres del reino vegetal que le aventajan en potencia expresiva, quizás una berenjena bien elegida. A cambio, es capaz de conducir durante segundos sin mirar al frente. En una indeseable entrevista con el teórico protagonista de Die my love y víctima de la locura de su pareja, la primera pregunta debería enunciarse:

-¿Por qué da la impresión de que no entiendes ni una línea de la película que interpretas?, ¿es un truco para igualarte a otros actores mandibulares como Brad Pitt?

Dos preguntas en una harían estallar la cabeza de Pattinson. La victoria de Emma Stone se cifra en la elección de su torturado torturador, Jesse Plemons. Cada día habría que contemplar en bucle su legendaria escena en Civil War, al grito de «¿qué clase de americano eres?» En Bugonia bordea de nuevo la perfección, sofocando incluso los excesos sádicos del pretencioso Yorgos Lanthimos.

Los sociólogos del futuro tendrán dificultades para conectar Bugonia o Die my love con un experimento de convivencia humana. Aunque quién necesita un experto, si puede refugiarse en la Ignorancia Artificial.

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