Alma López: «Me inspira la belleza en cualquiera de sus formas y materiales»
DELÓPEZ marca una nueva era para la diseñadora de La Morenita, Alma López. Tras más de quince años de trayectoria, la firma alcanza una madurez creativa que transforma la artesanía en un manifiesto contemporáneo de estilo y sensibilidad

La diseñadora Alma López. / Claire O’Keefe
Después de más de una década al frente de La Morenita, Alma López ha decidido cambiar de piel. El gesto no responde a una estrategia de marca, sino a una necesidad vital. «El cambio se siente, se respira, se necesita», dice con naturalidad. «Después de años de camino, sentí que era el momento de desprenderme de una piel para dejar ver otra» .
Así nace DELÓPEZ, una evolución inevitable que resume madurez, identidad y deseo de seguir creando desde un lugar más íntimo y auténtico. El nuevo nombre suena como una declaración, una firma personal. «Los valores no cambian, siguen siendo los mismos que dieron origen a La Morenita. Pero DELÓPEZ eleva esa identidad y la viste con una madurez nueva. Es una firma más personal, más consciente, más conectada conmigo y con la mujer que la lleva».
Si La Morenita representaba la frescura de los inicios, DELÓPEZ es su reflejo depurado: «Nació como la línea más sofisticada de La Morenita, y con el tiempo los papeles se invirtieron. La Morenita sigue existiendo dentro de nuestro mundo, pero DELÓPEZ encarna una búsqueda más artística, más arriesgada. Es una marca nicho, para una mujer que no sigue tendencias, sino su propio instinto».
Esa evolución también se refleja en su nueva imagen y en la web recientemente lanzada, donde cada detalle respira elegancia contemporánea. «Buscaba reflejar la madurez de la marca. Una imagen atemporal, relevante y sofisticada, que respire autenticidad y personalidad». Cuando habla de inspiración, su respuesta es inmediata: «Me inspira la belleza, en cualquiera de sus formas y materiales». Sus piezas no buscan deslumbrar, sino emocionar. «Para mí, el lujo no es ostentación, es emoción. Es esa pieza capaz de transformar cómo te sientes cuando la llevas». El abanico, símbolo inconfundible de su trayectoria, sigue siendo el hilo conductor de su lenguaje creativo. «Nuestro Abanico Joya fue una creación conceptual totalmente innovadora: la fusión entre un collar y un abanico con sello de artesanía española. Tras más de quince años siendo nuestro emblema, lo abrazo y lo reivindico con más fuerza, reinterpretándolo con nuevos materiales como pieles exóticas, pero con el mismo respeto por el oficio».

Uno de los sofisticados abanicos joya de DELÓPEZ. / Raúl Tejero
Hace unas semanas, Alma presentó en Madrid una colección de abanicos junto a IQ Collection, la firma de Inés Domecq, una de las diseñadoras más admiradas del panorama actual. «Inés representa la elegancia natural. Cuando pensé en crear una colección para su desfile, tuve claro que debían ser tan gráficos y sofisticados como sus prendas: blanco, negro y una silueta rotunda. El resultado fue una pieza icónica, una declaración de estilo que une dos universos: el suyo y el mío».
A lo largo de los años, nombres como la Reina Sofía han llevado sus piezas, momentos que la diseñadora vive con orgullo y serenidad. «Ver mi trabajo en sus manos fue emocionante. Es una motivación constante para seguir creando, para seguir aportando».
En esta nueva etapa, la creatividad se expande. «Tengo cierta incontinencia creativa», admite con una sonrisa. «Mis colecciones abrazan la contradicción, y el resultado siempre es una sorpresa, incluso para mí». Esa libertad se traduce en piezas únicas, capaces de conectar a mujeres de distintas generaciones y lugares del mundo. «Me emociona saber que una joya nacida en Mallorca viaja a París, Nueva York o Ciudad de México. Esa conexión invisible entre mujeres es mi verdadera inspiración». En esta nueva etapa, la artesanía sigue estando presente en la marca. «A la artesanía, por sí sola, le falta voz. El diseño la rescata, la pone en valor, la actualiza. Creo que el verdadero lujo hoy está en el diseño trabajado por manos artesanas».
Su compromiso con la sostenibilidad nace de la honestidad. «No debería ser un discurso vacío. Prefiero hablar de coherencia. Trabajamos en talleres locales, en Mallorca, cerca de casa, en familia. Me siento profundamente orgullosa de colaborar con artesanos abaniqueros —ya en peligro de extinción— y aportar mi grano de arena para que esos oficios sigan vivos». No obstante, rechaza los dogmas: «Si un material de otro continente enriquece la joya, lo incorporo sin culpa. La belleza no entiende de fronteras. Mi objetivo no es producir en masa, sino crear piezas que perduren. A veces dedico tres años a un único diseño del que solo existirán tres unidades; otras, diez minutos a una pieza que con el tiempo llevarán cien mujeres».
El cambio, reconoce, ha sido tan desafiante como necesario. «Ha sido un salto consciente, decidido, sin miedo. El reto ha sido elevar la identidad de la marca al nivel que siempre ha tenido el producto, sin perder la esencia. Y al mismo tiempo, conseguir que nuestras clientas sigan sintiéndose identificadas, que sigan perteneciendo a nuestro mundo».
Al final, su mirada es clara y serena. «DELÓPEZ es una etapa de madurez, plenitud y orgullo. Es mi forma de continuar aportando y seguir buscando belleza en el presente».
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