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Juan Carlos Ortega: "Enfadarse porque alguien opine diferente me parece incomprensible"

El humorista llega este viernes, 21 de noviembre, al Rívoli Aficine con 'Las noches de Ortega' dentro del Festival FesJajá, reivindicando la radio como su territorio natural

Juan Carlos Ortega actúa este viernes en el Rívoli Aficine.

Juan Carlos Ortega actúa este viernes en el Rívoli Aficine.

Palma

¿Qué significa para usted actuar dentro de un festival como el FesJajá, que reúne a más de 50 humoristas?

Uno siempre tiene la tentación de pensar que está solo en el mundo y que hace las cosas en solitario y, de repente, darse cuenta de que está en un proyecto que tiene a más gente que se dedica a lo mismo… Eso mola. Me hace sentir que no estoy solo en mi oficio.

¿Cómo se traslada la magia del estudio radiofónico a un escenario como el Rívoli?

En medio del escenario hay un locutorio de radio. Todo es muy sombrío, con esa luz casi de vela. Y en el show hago parte de un programa de radio allí en medio. Aun así, eso es la excusa, porque de vez en cuando hay pausas para publicidad y, en ellas, hago el resto del espectáculo. Así que no todo gira en torno a la radio. Sí que es cierto que el ambiente mayoritario de los sketches y de todo en general es más apreciado por un público acostumbrado a oír radio. 

¿Qué novedades llegarán al público de Mallorca respecto a otras ocasiones en las que ha actuado en la isla?

Creo que desde la última vez que estuve aquí, probablemente el 80% es nuevo. No sé exactamente qué cambiará, porque soy un desastre y debería tener apuntado qué hice la última vez que estuve en cada sitio. Cada mes cambio algo. Cuando me canso de un sketch lo cambio por otro y eso para mí es bueno. Pero a la hora de vender el espectáculo es malo, porque la gente dice que tengo un nuevo show, cosa que no puedo decir porque siempre es el mismo, solo que va variando estilo Minecraft, con nuevas actualizaciones.

¿Hasta dónde improvisa y hasta dónde está todo medido al milímetro?

Está todo medido al milímetro, de forma obsesiva. Claro que siempre hay un margen de improvisación, pero a lo mejor es de un 10%. El otro 90% está súper ensayado. Al final, todo tiene que ver mucho con mi interacción con los audios, que han de estar sincronizados con mi voz. Luego, cuando hablo con la gente sí que puedo improvisar más. 

¿Se considera muy perfeccionista?

Creo que decir de uno mismo que es perfeccionista queda feo, porque es como autoelogiarse. Yo diría que me gusta que la gente que haya venido a verme al teatro quede contenta con la calidad del show. Me esfuerzo por ello. Me gusta que esté bien hecho, pero sobre todo por respeto a la gente que va y que ha pagado una entrada. 

En sus shows interpreta varios personajes. ¿Alguna vez le han pedido que los 'jubile'?

Es verdad que hay gente, sobre todo escritores, que suele comentar eso de que los personajes se les van de las manos y opinan por ellos mismos. En mi caso, no. Soy plenamente consciente de que no existen. Le quito mucha poesía. Son puras voces que yo hago. Hay que tener en cuenta que solo tengo cinco o seis personajes. Mi registro vocal es escaso. Así que he de cuidar estas voces, porque me quedaría sin.

¿Qué hace que un personaje, una voz o una frase se quede definitivamente en su espectáculo?

A veces pienso en un oyente ideal, alguien que me imagino borrosamente, una persona a la que hacer reír. Entonces, para que una frase se quede, me tiene que hacer gracia a mí, ya que soy el único público que tengo cuando lo invento. 

¿Qué es exactamente lo que más le gusta de la radio para que siga siendo su materia prima?

Me gusta que sea sonido puro, que no haya imagen, que la diferencia entre lo que uno imagina cuando crea algo y lo que consigue sea muy poca. En cambio, en televisión, cuando me invento una cosa hay más distancia, se parece menos a lo que había imaginado. Además, la radio es más artesanal. Se parece mucho a la música en cuanto a que es solo sonido. 

El formato pódcast ha ayudado a la radio a atraer oyentes jóvenes.

Sí, muchísimo. Al principio, la gente de la radio decía: 'A ver si esto nos va a quitar el trabajo'. Pero ha sido al contrario. Hay mucha gente joven que no tenía costumbre de oír la radio para nada y, a través de los pódcasts, han descubierto que oír una cosa sin necesidad de verla es guay.

¿Siente que tiene libertad a la hora de hacer comedia?

Yo al menos sí. Nunca nadie me ha dicho que no haga tal cosa. Jamás, nunca. La única barrera es la que yo podría ponerme a mí mismo y, con el tiempo, esa barrera ha desaparecido del todo. Hago lo que quiero. Nadie me dice nada. Me siento libre, quizá porque soy un inconsciente. 

¿Esa libertad es incompatible con las redes, donde todo ofende y se analiza al milímetro?

Las redes no las frecuento. Es cierto que la gente se molesta mucho y no lo entiendo. Enfadarte porque alguien opina diferente es muy raro, es extraño. Mi cerebro no entiende la relación entre enfado y opinión contrario. No lo concibo.

¿Cuál es el tema que más le gusta tratar en sus shows?

Tal vez, el amor y el enamoramiento llevándolo al extremo, a la locura. 

¿Qué le gustaría que se llevara el espectador después de 90 minutos de espectáculo?

Quiero que digan: 'Ha estado bien'. Ya está. Lo que no van a tener es eso que dicen siempre los cómicos de que durante hora y media harán olvidar tus problemas. No voy a conseguir eso. Ni yo ni nadie lo consigue. Es un eslogan muy guay para vender el show, pero yo lo único que espero es que salgan y digan: 'Ha sido interesante, he estado entretenido'. Nada más.

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