El gallinero
Arquitectura del teatro

Elenco de la obra ‘L’arquitecte’. / XISCO ALARIO
Toda obra teatral se sustenta en un texto, en una idea desarrollada, aunque sea en planos, en la fuerza de la palabra escrita, se diga o no en el escenario. Valga la obviedad para reivindicar la dramaturgia con fundamento en frente de las proclamas oportunistas que, a costa de la identidad y la hipermegamodernidad, por ejemplo, suben a los escenarios y se aplauden. Lo de la calidad literaria ya si eso lo dejamos para otro día, u otros tiempos.
L’arquitecte es un buen ejemplo de lo primero. Leí el texto y he visto el montaje y todo suma. Pep Ramon Cerdà hizo una dramaturgia que se podría considerar clásica - aquí le vamos a llamar ‘bien construida’ – sobre la vida y obra de Josep Ferragut, arquitecto adelantado a su época que murió en extrañas circunstancias-. Al enigma se agarra el autor para darle a la historia un halo de thiller que Rebeca del Fresno –la directora del montaje– ha subrayado. Donde no llega la constatación de unos hechos, Cerdà le puso imaginación, especuló. La puesta en escena coloca, perfectamente, esos fantasmas, los envuelve de humo, los agita con recursos eficaces. El resto lo ponen los actores, impecables. Xisco Segura –al que siempre queremos ver más veces sobre las tablas – da vida a un Ferragut que soñaba con una Palma (y una Mallorca o un mundo) menos hostil y mercantilista, más humano. Miquel Àngel Torrens le da la réplica encarnando a Gabriel Alomar, el colega de oficio y amigo; el pragmático, dicen, el desarrollista. El duelo está bien servido. Caterina Alorda (que lo hace todo bien) y Xen Garcinuño (vaya potencial tiene) completan el reparto. El puzzle retrata una época de transformaciones urbanísticas (años 50 y 60 del siglo XX) y nos muestra el camino que nos llevó hasta aquí (miren a su alrededor y comprueben qué hemos hecho del paraíso que (no) recomendaba Gertrude Stein). El mosaico nos pone ante la tesitura de dar pábulo o no a alguna teoría sobre que ocurrió con el protagonista. Todo muy bien integrado. Las pieza encajan. Si tuviera que poner un ‘pero’ diría que hay que conocer la figura de Ferragut y el contexto histórico para no perderse en algún momento de la trama. Automáticamente me corrijo, si no se sabe quién era Ferragut y qué estaba en juego en su tiempo el problema no es del teatro. Vayan a verla.
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