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Diseño

Dusty Deco × Matthew Williamson: "Alegría, nada de ‘fast fashion’"

Entre el pulso arquitectónico de Palma y la serenidad luminosa de Deià, el diseñador británico Matthew Williamson y el dúo sueco Dusty Deco han encontrado un lenguaje común que encarna el espíritu de Mallorca

Matthew Williamson, flanqueado por Edin y Lina Kjellvertz. | RICARD LÓPEZ

Matthew Williamson, flanqueado por Edin y Lina Kjellvertz. | RICARD LÓPEZ / Ricard López

Todo comenzó con un mensaje. Cuando Edin Kjellvertz, de Dusty Deco, se puso en contacto con Matthew Williamson, el diseñador británico confiesa que estaba "feliz como un niño". Conocido por su uso vibrante del color y su evolución natural de la moda al interiorismo, Williamson ya admiraba la sensibilidad escultórica de la firma sueca. "Me encanta su marca y sus productos", recuerda. "Fue un placer trabajar con ellos".

Lo que siguió no fue una colaboración estratégica, sino algo más orgánico: una amistad nacida del instinto y la admiración mutua. "Existe mucha conexión entre nuestros mundos", explica Williamson. "Compartimos el amor por el arte, la moda, la música y los interiores, así que fue una alegría reunir todas nuestras ideas y ver qué salía de ahí".

El proyecto tomó forma entre Palma y Deià, donde Williamson vive y trabaja desde hace varios años. La luz de la isla, su ritmo pausado y su paisaje táctil impregnaron la colección de una calidez inconfundible. El resultado —un diálogo entre el minimalismo arquitectónico de Dusty Deco y la exuberancia cromática de Williamson— desprende una energía profundamente mallorquina.

"A lo largo del proceso nos hicimos amigos", admite Matthew. "Había respeto y admiración por el trabajo del otro; queríamos unir nuestras fortalezas y crear una colección armoniosa que funcionara para todos".

Esa palabra —armonía— es el hilo conductor. Los tonos de Dusty Deco suelen ser más apagados, terrosos, mientras que los de Williamson son audaces y expresivos. La conversación entre ambos lenguajes dio lugar a una tensión dinámica que se siente a la vez contemporánea y atemporal. "Era importante encontrar el equilibrio justo", dice. "Ni demasiado silencioso ni demasiado intenso: ése fue mi mantra al trabajar con el color y los estampados".

Para Williamson, el color siempre ha sido un lenguaje emocional, una forma de intuición más que de teoría. "Tanto si diseño moda, objetos o interiores, el color suele ser mi punto de partida", comenta. "Con los años, mi gusto ha evolucionado". El próximo año lanzará su propia gama de pinturas —dieciséis tonos destilados de décadas de experimentación con la luz y las texturas—, un paso natural en su trayectoria.

Desde la otra orilla del proceso creativo, Edin Kjellvertz y Lina Kjellvertz hablan con la misma calidez. "Es un equilibrio complicado, y muy importante", afirman al hablar de la sostenibilidad y la artesanía que guían su trabajo. "Intentamos mantener la mayor parte de la producción en Europa para evitar transportes innecesarios y garantizar los estándares de calidad. Una pieza de Dusty Deco está pensada para durar muchos años, para ser cuidada y, con suerte, heredada por la siguiente generación… o incluso vendida en una subasta. Nada de fast fashion"

La colaboración con Williamson refleja exactamente esa filosofía. "Tomemos el lino que Matthew creó para el sofá Lola", propone Lina. "Es una tela que mejora con el tiempo. Espero que nuestra hija, Lola, quiera conservar ese sofá en su futura casa. Estará ligeramente desteñido por el sol, vivido y perfecto en su desgaste: una pieza vintage con alma, incluso dentro de veinte años".

Matthew asiente a la distancia. "Desde mis días en la moda quise crear prendas menos sujetas a tendencias, más clásicas y atemporales. Ese espíritu sigue en mi trabajo actual. Sofás, alfombras, muebles… deben convivir contigo y acompañarte durante mucho tiempo".

Es fácil imaginar las piezas dentro del showroom de Dusty Deco en Palma: grandiosas y acogedoras a la vez, eclécticas y elegantes. "Mientras diseñaba la colección me imaginaba cada objeto en su espacio mallorquín", explica Williamson. "Ahora me obsesionan los tonos óxido, melocotón, verde oliva y arcilla, seguramente por el paisaje natural que me rodea".

Desde su estudio en Deià, habla de Mallorca como de una musa que ha transformado su mirada. "Mi trabajo se ha vuelto más relajado, más artesanal y rústico desde que vivo aquí", confiesa. "Sigue siendo decadente, pero menos pulido, menos perfecto".

Esa belleza imperfecta conecta profundamente con el ADN escandinavo de Dusty Deco. En su tienda insignia de Estocolmo, las piezas dialogan con la estética limpia y minimalista nórdica. "Es como añadir un rayo de sol y calidez al otoño sueco", dice Lina. "Una combinación magnífica".

La colección se lanzó en dos fases: primero muebles y textiles, luego alfombras. "Fue una cuestión logística", sonríen, "pero también funcionó muy bien en comunicación: así mantenemos el interés y damos a nuestros seguidores pequeñas sorpresas por el camino".

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