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Bernardí Roig reúne una selección de trabajos recientes en la barcelonesa Galería Miguel Marcos

'Desalojar el rostro', título de la exposición, se inauguró ayer miércoles y es un conjunto de piezas que encierran la mirada en la profundidad absorbente del negro y nos atrapan en el calambre ocular que provoca la luz fluorescente

Bernardí Roig, junto a una de sus nuevas obras

Bernardí Roig, junto a una de sus nuevas obras / —

Palma

Bernardí Roig inauguró ayer Desalojar el rostro, exposición que puede verse en la barcelonesa Galería Miguel Marcos y que reúne una selección de trabajos recientes —esculturas, pinturas, dibujos y una obra audiovisual—. Un conjunto de piezas que encierran la mirada en la profundidad absorbente del negro y nos atrapan en el calambre ocular que provoca la luz fluorescente.

“Mi trabajo tiene mucha luz en el sentido físico, es una forma de inmaterializar las esculturas, de hacerlas flotar, que no sean tan afirmativas y estén más en la ensoñación. Más que para iluminar, uso la luz para que el que mira, cierre los ojos”, confesó el artista hace unos meses a este diario, cuando recibió el Premi Diario de Mallorca de Cultura.

La pintura como derrota

Los trabajos que Roig exhibe en Barcelona son dibujos expandidos que reflejan una pulsión que habla de la pintura como derrota y de la necesidad de interpretar la representación de la caducidad del cuerpo para ubicarlo en una dramaturgia del espacio. “Constituyen la síntesis de un universo afacetado, un barroquismo de metáforas elaboradas que, a través de una narrativa exagerada, revela una cordillera de obsesiones y obstinaciones que combate la incomunicación del individuo ante un destino condenado a la extinción”, explican desde la galería.

Desalojar el rostro es liberarlo de la tiranía del tiempo y sus surcos. Una forma de enunciar el vaciado de rasgos y atributos acumulados en un rostro para producir una identidad pactada, y así situarnos frente a nuestra propia bolsa de sombras. El trabajo de Bernardí Roig, asumiendo las contradicciones heredadas del minimalismo, usa el espacio como materia prima donde insertar la figura, una figura que se acopla perfectamente a su verdad oculta, y que atravesada por un exceso de luz, nos habla de una memoria que se ha ido enquistando hasta borrar los temblorosos bordes de su representación.

Una figura de aluminio (Homo Lux, 2025) a tamaño natural domina el espacio de entrada a la galería. Es una escultura que surge de un molde, lugar donde hubo un cuerpo, una presencia fantasmática, figural, transitoria e insegura. La imagen de un hombre semidesnudo y patético, como una suerte de golem monástico, meditativo y victimizado cargado de resonancias y alusiones a una masculinidad deshauciada. Lleva el pantalón desabrochado, metáfora de su exceso de realidad, porque ya no cabe ni en su propio sudario. Le cubre el rostro una máscara de rejilla y está atravesado por una luz fluorescente que produce inestabilidad y ligereza visual.

Grietas de nuestra oscuridad

Tres grandes pinturas sobre terciopelo negro (Pinturas Negras, 2025) absorben la luz del espacio. Son imágenes de cuerpos trazadas con delicadas y trémulas líneas blancas que fisuran la densidad del negro dejando que la luz se filtre. Funcionan como grietas de nuestra oscuridad, como tajos en la noche definitiva. Son pinturas desfigurativas que trabajan como espejos en los que vemos el reflejo de un cuerpo que caduca, el nuestro.

Frente a las Pinturas Negras hay una serie de pinturas sobre tabla (BLACK-FATHER WHITE, 2018-202), retratos de luz que intentan atrapar la semejanza en el rostro del padre del artista. Podrían ser imágenes “acheiropoietas”, imágenes non manufactum, no hechas por la mano del hombre, como la Verónica o la Sabana Santa de Turín. Son como un hálito que coagula destellos de luz adheridos a la superficie de la representación en un grado extremo de fragilidad, se podrían entender como imágenes reveladas, apariciones en vez de presencias, aunque no lo sean.

Detalle de una de las piezas que Bernardí Roig exhibe en Barcelona

Detalle de una de las piezas que Bernardí Roig exhibe en Barcelona / —

Homo Aluminium Black, 2025 y los dibujos de la serie Arisocrazia Nera, 2015 nos obligan a bajar la mirada y situarla a un metro del suelo. En esa sala se baja el punto de vista, situado ahora a la altura de los ojos cancelados de una figura de aluminio de 90 cm que ha pisado, con el pie izquierdo, el charco de pintura negra que derrama el primer escalón del walldrawing (2016) de David Tremlett, una pirámide de formas en ángulo que domina el segundo espacio de la galería. Homo Aluminium Black es una figura desdichada que ya no quiere ver ni oír y que, de tanto taparse los oídos y cerrar los ojos, se ha desfigurado el rostro del que se han ausentado los rasgos que proponían una cara con un identidad garantizada.

Los dibujos de la serie Aristocrazia Nera son una interpretación, en caída libre, de los dibujos de familias de J.D.A Ingres que nos hablan de la la pulsión de insatisfacción que late detrás de una escena de felicidad. La extrañeza y la inquietud que palpitan en las profundidades reprimidas del interior burgués del bienestar, todo lo que debería quedar oculto y secreto pero se ha manifestado.

Por último, en el suelo, un pequeño monitor JVC emite imágenes obsesivas, en blanco y negro, de una cabeza sin piedad que niega todo lo que estamos contando. Niega las imágenes, el espacio donde se muestran, los muros donde se cuelgan, los ojos que las miran, las cabezas que las piensan. Niega el mundo en su totalidad. Es la cabeza negadora de Paconostro, 2018.

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