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La caja de resonancia

Springsteen, ¿próximo Princesa de Asturias?

Bruce Springsteen.

Bruce Springsteen. / Cultu

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Contacta conmigo una asociación llamada Greetings from Peralejos, de la que no tenía noticia, ofreciéndome sumar mi nombre a la lista de apoyos a la candidatura de Bruce Springsteen para los premios Princesa de Asturias de 2026. Hombre, pues claro, si Dylan, Cohen y Serrat merecieron ese honor, ¿por qué no el tipo que ha estructurado vidas enteras con su esperanzada literatura rock? Ellos llevan años intentándolo, y entre las complicidades recabadas ahora veo nombres como Víctor Manuel y Ana Belén, Pedro Almodóvar, Carles Francino, Coque Malla, Jesús Ordovás, Belén Rueda, Julio Ruiz, Mikel Erentxun, las revistas musicales Popular 1 y Mondosonoro... Uh, y Bertín Osborne.

Llama la atención que la iniciativa no surja ni de la industria ni del club de fans de una gran ciudad, sino de un grupo de entusiastas sitos en Peralejos de las Truchas, pueblo de 150 habitantes del Parque Natural del Alto Tajo. La tal asociación organiza allí cada verano el que presenta como «único festival de España dedicado a Bruce Springsteen». Guadalajara no es esa Nebraska pintada en el álbum como metáfora del lado oscuro y la vida de cuneta, pero los impulsores resaltan una identificación con el Bruce de los enclaves olvidados, de los márgenes y del refugio rural: sus letras, me dicen, «nos han transportado desde esta España vaciada a ese río, a esa carretera del trueno, a la casa de Mary...».

Discutir si el rock ha sido fagocitado por el sistema, a estas alturas, es una broma: hace décadas que lo fue, y la vida sigue. Y Springsteen no necesita de más laureles de los que ya tiene para ser quien es. Si se le concediera, el Princesa de Asturias (optará en la categoría de las artes, no de las letras, a diferencia de Cohen) tendría más impacto en la fundación que lo otorga que en el propio artista. Sobre todo, si Bruce no se marcara un Bob Dylan y tuviera a bien acudir a la ceremonia en Oviedo.

Tal vez la imagen de un Springsteen recibiendo el Princesa de Asturias deje indiferentes a muchos de sus seguidores, pero hay algo genuino en esa elevación del artista desde un punto del mapa peninsular apartado de las autopistas y del AVE, en ese Peralejos donde, seguramente, se han leído los relatos de The river o My hometown de un modo más sentido que desde una urbe en la que tantas cosas pasan a diario. La sintonía parece de corazón, y habrá que confiar en que el jurado pase por alto los recientes parlamentos del hombre en sus conciertos, cuando, a propósito de Trump, ha proclamado con orgullo que Estados unidos «no tiene reyes».

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