En contra
Francesc Casadesús, profesor de Filosofía de la UIB: «Hemos convertido a los alumnos en tiranos, tienen el deber de estudiar»

«Hemos convertido a los alumnos en tiranos, tienen el deber de estudiar» | MIGUEL VICENS
Francesc Casadesús (Soria, 1956) es profesor titular de Filosofía Griega de la UIB, en la que ha enseñado durante treinta años. Con tres licenciaturas, es el conferenciante más apreciado de la isla en foros filosóficos, donde presume de «sustituto» del gran Albert Saoner.
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿A quién votaría hoy Sócrates?».
Se abstendría, y lo justificaría en que ninguno de los políticos de estos momentos le daba satisfacción.
¿Platón estaría en Tik Tok?
No estaría, porque sería bastante antitecnólogo. Era contrario al poder de la imagen, que asociaba con la falsedad. Yo soy este que habla, la foto no es la cosa que representa, de ahí que sea tan manipulable.
De hecho, usted quería que esta entrevista fuera en persona.
Prefería venir por varios motivos. He hecho radio y se pierde mucho, el teléfono es muy frío.
Lo que está claro es que ningún tiktoker llegará a Platón.
Ninguno, hay que decirlo así. Las pildorillas de filosofía que hoy proliferan son lo más antifilosófico que existe, porque frivolizan la materia.
¿Se puede vivir de una dieta de filosofía griega?
Sería muy ascética, se necesitaría estar en forma incluso físicamente. La síntesis está en Sócrates cuando exclama, tras pasear por el mercado, «cuántas cosas no necesito».
Añoro a aquellos profesores de Oxford que no sabían quién era Lady Di.
Desconfío de un profesor que no supiera quién es Lady Di, porque no tiene contacto con la realidad. El humanismo no solo se explica, sobre todo se practica.
¿La democracia necesita esclavos?
Todo lo contrario, necesita personas libres, pero formadas, y el problema es que nos estamos esclavizado. La filosofía requiere tiempo libre, y hemos pasado del ocio al negocio, nos tienen controlados.
¿Un profesor de Filosofía puede presumir de filósofo?
Nunca lo he hecho ni lo haré. Me niego en redondo y me muestro beligerante al respecto. Soy profesor.
Se diría que Sócrates tenía ganas de morir envenenado.
No hizo nada para que no sucediera. Desconocía el miedo, por eso abrazó su destino. Me encanta que me hagas tantas preguntas sobre Sócrates, porque estoy escribiendo un libro sobre sus enemigos. Tenía más adversarios que amigos, lo acechaban y lo amenazaban. Por eso murió.
Emplea usted la sospechosa palabra «alma».
Porque la tengo que explicar. Es un concepto esencial en filosofía, pero en cuanto se plantea directamente qué es el alma, las respuestas son especulativas. Y pienso que la ciencia ha demostrado que no existe.
¿El asistente a una conferencia es más agradecido que un alumno?
Sí, por la voluntariedad y la predisposición. Reivindico el modelo antiguo de educación, sin obligación de asistencia a las clases por ambas partes, con entera libertad de alumno y profesor para abandonar el grupo.
Perdón, dije «alumno» donde debí decir «cliente».
Hoy, el profesor tiene que gustar a los alumnos, cuando los alumnos también tendrían que gustar al profesor. Los hemos convertido en tiranos y hay un bajón de nivel, les recuerdo siempre que tienen el deber de estudiar.
La relación profesor/alumno en la era metoo.
A eso lo llaman woke. Hay mucha sensibilidad que roza la hipersensibilidad, así que me callo algún chiste. No debemos ser amigos de los alumnos, el secreto de la educación es fabricar esa amistad a posteriori.
¿Nunca nos bañamos dos veces en el mismo mar?
Jajaja. Siempre es el mismo mar, porque solo hay uno. Grité la frase de Heráclito sobre la imposibilidad de bañarse dos veces en el mismo río tras nadar un kilómetro en el Nilo, inmóvil en apariencia, pero con una fuerza de arrastre tremenda.
El secreto de Byung-Chul Han son sus libros cortos.
Y muy tópicos. He leído sus artículos, con la conclusión de que producen el efecto placebo. Escuchamos lo que esperamos que nos digan, aunque no lo sepamos. Es experto en localizar lo que flota en el aire. Vas diciendo «sí», «sí», «sí», prefiero que me sorprendan.
¿La filosofía da la felicidad?
No. La felicidad es el concepto que más infelicidad ha creado. Es una palabra de altos vuelos, el final de un proceso, el momento en que podemos afirmar que «he sido feliz».
¿Le gusta ser apolíticamente correcto?
No me distancio de las cosas ni rehúyo ninguna pregunta, por ejemplo, sobre Mallorca, pero soy cauto en relación a según qué cuestiones.
¿Me quería convencer?
Recelo de quien busca convencer, un verbo ligado a vencer. Me conformo con persuadir porque, cuando me dicen que «tienes toda la razón», me han hundido. No lo soporto, por eso no soy heideggeriano ni marxista.
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