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Toni Verd (Aucell Cantaire): «La pandemia destruyó mis ganas de compartir, de publicar»

En los 90 militó en Crudos, con la experimentación por bandera, y desde hace 10 años está al frente de Aucell Cantaire, que acaba de lanzar una nueva entrega, ‘Visions Postdiluvi’

Toni Verd es Aucell Cantaire en el mundo de la música

Toni Verd es Aucell Cantaire en el mundo de la música / Guillem Bosch

Palma

En tiempos de usar y tirar va usted y nos sirve un disco para escuchar con calma, una y otra vez, para reflexionar con él.

Sí, el disco está fuera de los estándares actuales, y lo hago precisamente por eso, porque prima el consumo rápido.

Lo publicó a mediados del mes de agosto pasado. ¿Qué le han comentado sus fieles seguidores, aquellos que le siguen desde los 90?

No he hecho ninguna promoción del disco pero los amigos y conocidos que se lo han ido pasando me han transmitido su cariño. Tengo pendiente una presentación en público. Me prodigo poco por los escenarios pero las presentaciones, como acto de celebración, ya no tanto como concierto, me parecen importantes. Lo de los conciertos es más ambiguo, no sabes si disfrutas o sufres, y con el público igual, no sabes si habla o escucha.

Sitúe al oyente. ¿A qué le canta Toni Verd en 'Visions Postdiluvi'?

«Quan arribi la fi tornarem a començar»… Pues eso, las cosas están mal pero nosotros podemos no estar tan mal como el entorno. Seguimos vivos y hay que resistir. Hay que estar abiertos a conectarse. Si quisiéramos devolverle a la sociedad, al mundo, lo que parece que nos quiere dar, sería para irnos corriendo. Cuando llega el diluvio y se lo lleva todo, ahí queda un desierto, en el que podemos y debemos sembrar algo.

¿Qué habría que cambiar para evitar la destrucción?

Habría que prestar atención, dedicar tiempo a percibir el entorno y no funcionar en todo momento por automatismos. No hay que quedarse con lo superficial.

Toni Verd, en las instalaciones de este diario

Toni Verd, en las instalaciones de este diario / Guillem Bosch

Usted que ejerce la docencia, ¿tiene fe en la juventud?

Soy docente y también padre de adolescentes, y sí, tengo fe en la juventud. Creo que tendríamos que dejar de ser tan quejicas porque encima de que los jóvenes se encuentran con lo que les hemos dado, luego también decimos que eso es una mierda. Con el diluvio de la Dana se vio cómo la juventud reaccionó de una manera inesperada. Hablamos muy fácilmente mal de la juventud y luego vemos cómo responden. A mí me gusta trabajar en Educación porque los niños me conectan con la pureza. Los más pequeños no tienen el tiempo robado por el móvil, te puedes divertir con ellos con cosas simples.

¿Cómo se gestó este esperado disco?

Después del verano de 2023 me di cuenta de que me estaban saliendo canciones nuevas. Lo que nunca he dejado de tener es el gusto por crear, producir, grabar… pero lo que es escribir para publicar se me habían quitado las ganas. Para mí el diluvio fue la pandemia, fue algo que cambió totalmente la línea que seguíamos como sociedad, y aquello me destruyó mucho las ganas de compartir, de publicar. Quizá fue una depresión, tal vez un sentimiento de indefensión, eso que llaman la indefensión aprendida, es decir, «total, para qué». Y no me esperaba querer reaparecer pero empecé a componer unas canciones y a grabarlas. Así fue gestándose este disco, en mi casa, arreglando, produciendo, invitando a músicos a tocar...

¿Fue la propia música la que le sanó?

Sí, y creo que lo de sanar es uno de los motivos por los que tenemos que dedicarnos a la música, porque creo que se nos pretende engañar como si la música fuera una posibilidad para hacerse rico. Hoy en día hay mucho materialismo, todo se cuantifica con números, seguidores, ventas, dinero… Y me da la impresión de que los muy jóvenes piensan que hay que hacer dinero en la vida y de lo contrario eres un fracasado. En los 90, salvo quizá los pijos, no se nos ocurría pensar tanto así. ¡Dedicarse a la música para hacerse famoso! Eso nos lo han traído las redes sociales. Yo concibo la música, el arte, como un medio para la sanación. En ese sentido me reconozco como espiritual no religioso, y reconozco ciertas influencias de artistas que reniegan del ‘debo tener éxito’ o el publicar para ser contemplado.

Hace unos días se celebró la Setmana del Llibre en Català. Usted que es un lector voraz, ¿qué título adquirió?

Filosofia en flames, de Xisca Homar.

«Me abrazo a la imperfección y tengo fe en la redención». ¿Es estúpido buscar la perfección en la música?

En la música y en la vida. La perfección no existe, y de existir sería aburrida.

¿A quién va dirigida una canción como 'Qui són ells'?

Qui són ells es una canción un poco psicótica, una canción pos-protesta, es decir, miras al mundo y te sientes en rebeldía, te enfadas, te molesta, pero de repente puedes tener la duda de si tú eres uno de ellos. En todas las paranoias hay otros, «ellos son mis enemigos», «los malos», «vosotros me hacéis esto…» Pero si reflexionas un poco te das cuenta de que eso es como un espejo. Es muy fácil señalar a los políticos, al otro bando... «pero ¿y si yo fuera uno de ellos?, qué sería de mí», digo en la canción. Puede llegar el día en que te des cuenta que tú eres uno de los que creías que eran tus enemigos.

¿Qué tal se lleva con sus canciones?

Hay canciones mías que nunca llegan a ver la luz o que durante un tiempo permanecen ocultas y son privadas; y otras que es cuando empiezas a filtrar porque sabes que las quieres publicar. A mí me gusta buscarle a cada palabra, a cada metáfora, su peso, su sentido. Cuando entro en ese estado de buscar esa imposible perfección, de ‘esto va a quedarse así y ya no lo voy a retocar’, puedo estar el tiempo que sea. Una vez revisadas, me gusta incluso olvidarlas para después un día redescubrirlas.

Se cumplen 10 años de la fundación del proyecto Aucell Cantaire. ¿Qué balance hace del camino recorrido?

Este proyecto era necesario y ha estado bien, pero también podría decir que no vale la pena. Las primeras palabras del álbum Visions Postdiluvi son «no té sentit». Esto no tiene sentido pero sigo haciéndolo porque no puedo evitarlo. No todo tiene que tener sentido en la vida, y menos una obra que haces para ir descubriéndote y sanándote. Por otro lado me gusta mucho lo que he aprendido de la música y de otros músicos, lo que he compartido con ellos. También he de decir que conecto mucho con aquel que cuelga la guitarra, hay algo que hace que uno sienta que se acabó, pero de pronto un día sientes que puedes volver, aunque todo será diferente. Hay una atracción, por el final y la desaparición, y una fuerza de mantenerse o retornar, como dice la canción Quan sigui la fi: «per això ara vull parlar-te, tot i que no sé on ets, si tornàssim enrere, tot seria diferent».

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