Qânât, un puente musical entre la antigua Persia y Baleares
El trío integrado por la iraní Pegah Khoei y los mallorquines Tomeu Gomila y José M. Puigserver presenta el próximo sábado en Lloret de Vistalegre su primer disco, ‘Aigua ballant’

Los componentes de Qânât, en una imagen promocional / Yuma Martellanz
Aigua ballant es el primer disco de Qânât, un trío que tiende un puente desde Mallorca a un territorio aparentemente lejano como el de la antigua Persia —lo que hoy es el actual Irán—, para reivindicar «el amor a las raíces», subrayan sus integrantes: la iraní Pegah Khoei y los mallorquines Tomeu Gomila [cofundador de la compañía Au Ments] y José M. Puigserver. Las canciones de este álbum, de momento solo disponible en YouTube y en Bandcamp, podrán escucharse en directo este sábado día 20 en Es Convent de Lloret de Vistalegre, a partir de las 20 horas (anticipada 15 euros, en el 653 621009; en taquilla 18).
El grupo, que toma su nombre de un tipo de pozo de origen indoeuropeo presente en todo el Mediterráneo, bebe de las melodías y de la manera de interpretar las cançons de treball o tonades de feina, aquellas que entonaban los trabajadores durante su jornada en el campo, un patrimonio sonoro que conoce muy bien Tomeu Gomila, quien en su juventud se dedicó a registrar a algunos de sus familiares agricultores. «Pegah y yo nos conocimos hace unos años en Lloret. Ella me enseñó la música de Irán y de otros lugares, como el de la zona de Khorasan. A esos cantos del campo, le decía yo, si les cambias la letra y la pones en mallorquín son los mismos que los que me cantaban mi abuela y mis tíos», asegura el músico, encargado en este proyecto de las voces, acordeón, percusión y litófono, un instrumento compuesto por diferentes piedras cuyo sonido se asemeja al de una campana.
Pegah Khoei es una pieza clave en este cruce musical entre el Mediterráneo y la antigua Mesopotamia que defiende Qânât. Se instaló en la isla en 2020, dos meses antes del confinamiento, y pronto conectó con las inquietudes de Gomila. «Llegué a la isla sin saber nada de ella. Fue la vida la que me trajo hasta aquí. Conocía a otro músico, que también tocaba canciones de Turquía e Irán, y vine para traerle un instrumento. Me quedé aquí durante el confinamiento, sin conocer a nadie. Solo salía para andar un rato y un buen día escuché a un pastor cantando. Sabía que no era persa pero la manera de cantar era tan cercana a lo que yo conocía... Dos meses después conocí a Tomeu, que daba clases online de danza, y ahí empezó nuestra relación. Apostamos por la conexión entre la música árabe y la persa, que son distintas, y también con el canto bizantino, cuya cultura afectó mucho a Mallorca en su momento», apunta.

Pegah, Tomeu y Púter, ayer en el estudio / Gabi Rodas
Qânât acabó formándose con la entrada de José M. Puigserver, Púter en la escena musical, conocido por su militancia en bandas como Satellites, Jose Domingo o The Silver Pickles, el grupo que arropa a Clara Ingold. «Con esta peña igual podré hacer algo distinto», se dijo para sí mismo en cuanto les escuchó. «A mí siempre me ha gustado mucho el setar y cuando supe que estaban tocando juntos les pedí a ver si podía unirme a ellos. Me hacía mucha ilusión esa mezcla de instrumentos», relata este maestro del contrabajo.
Lejos de la ortodoxia y cercanos a la psicodelia
Además de los citados, Aigua ballant se mueve en base a distintas percusiones, como el daf; el contrabajo; el kantele, de la familia de las cítaras, originario de Finlandia; o el charango, siempre mágico. «Las músicas étnicas se parecen mucho, y juegan con los adornos, lo que en Mallorca se llama galantetjar o galanejar, es decir, en vez de hacer una melodía concreta haces vibrar la melodía, el sonido, con micromelodías. El canto bizantino, por ejemplo, se nota mucho en la Sibil·la», explica Gomila.
Los componentes de Qânât se desmarcan de la ortodoxia y el purismo para abrazar un enfoque más contemporáneo: «Queremos revisitar esas melodías antiguas y verlas desde una óptica más contemporánea».
En el disco pueden apreciarse ciertos visos psicodélicos, «pero más ligados a lo étnico», precisa Gomila, que al igual que el resto de los Qânât se declara seguidor de la música psicodélica de los años 60 y 70, y amigo de lo experimental, del trance.
«Nuestros conciertos son muy emocionales porque la gente ha oído estas melodías o las conoce de lejos, o no, pero le tocan profundamente. Este proyecto nos ha sorprendido a nosotros mismos porque pensábamos hacer un disco más humilde, colgarlo en las redes y ya está; pero nos ha salido la posibilidad de hacer un vinilo con otro coproductor o partner de Catalunya y otro de Berlín (Rumi Sounds). El disco ditigal ya está en YouTube, y Bandcamp. En Spotify no lo colgaremos por temas políticos», aclaran en referencia a uno de los responsables de esta plataforma, criticado por su implicación en la financiación del genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino.
«Cuando veo las noticias se me ponen los ojos rojos. Este genocidio es una derrota de la inteligencia, una imposición. El que lo diga más fuerte, con más armas, con más medios, ese será el razonamiento correcto», espeta Gomila.
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