Elrow se prepara en Palma entre polémicas sobre la participación de un fondo pro israelí en este y otros festivales españoles
Colectivos denuncian que la compra de KKR de la promotora responsable de dichos eventos, los conecta con el conflicto en Gaza
Desde la organización de los festivales afectados por los 'boicots' insisten en que los espectáculos se gestionan de forma independiente y sin transferencias al fondo
Muchos defienden que la responsabilidad no debe recaer sobre el público ni los trabajadores, sino en el modelo de financiación de los macrofestivales

Uno de los personajes que actúan en un festival de Elrow. / JAVIER BRAGADO
ElRow regresa este sábado a Son Fusteret, Palma, con una cita que promete 12 horas de música electrónica ininterrumpida, un despliegue escénico característico y un cartel en el que figuran artistas locales y reconocidos DJ internacionales. Sin embargo, la fiesta llega marcada por la controversia política y social que rodea a los festivales españoles vinculados al fondo de inversión Kohlberg Kravis Roberts (KKR).
La polémica sobre KKR y los festivales
En enero de 2024, KKR adquirió la promotora Superstruct Entertainment, responsable de más de 80 festivales en todo el mundo, entre ellos Sónar, Viña Rock, Resurrection Fest, Monegros, Arenal Sound o el FIB de Benicàssim. La operación, valorada en 1.400 millones de euros, convirtió al fondo en un actor de peso dentro de la industria musical global.
El problema surge porque KKR también mantiene inversiones en empresas israelíes de ciberseguridad, centros de datos y conglomerados inmobiliarios que, según diversas organizaciones, operan en territorios palestinos ocupados. Esta relación ha provocado que numerosos colectivos y formaciones políticas, entre ellos Podemos Illes Balears, reclamen la cancelación de eventos como Elrow en Mallorca, argumentando que su celebración puede contribuir de manera indirecta a financiar la guerra en Gaza.
La postura de los organizadores
Desde la organización de los festivales, sin embargo, se insiste en que el dinero recaudado por entradas no va a parar a KKR ni a sus otras inversiones. Según promotores, los beneficios se reinvierten íntegramente en futuras ediciones y la gestión de cada evento se realiza de manera independiente. Además, algunos festivales han abierto espacios de reflexión sobre la relación entre cultura, financiación y ética, y han facilitado la devolución de entradas a quienes no deseen participar por motivos políticos.
Desde esta perspectiva, KKR actúa como inversor estratégico, buscando rentabilizar sus participaciones en el futuro sin recibir dividendos de la gestión diaria de los festivales.
Un debate abierto en la cultura
Mientras tanto, artistas y asistentes se encuentran en el centro del debate. Numerosas bandas han cancelado su participación en festivales como Viña Rock o Sónar, mientras que otros colectivos defienden que la responsabilidad no debe recaer sobre el público ni sobre los trabajadores, sino en el modelo de financiación y gestión cultural.
La discusión va más allá de Elrow y de Mallorca, y plantea una pregunta de fondo: ¿es posible que existan macrofestivales fuera de los circuitos capitalistas? Una cuestión que no solo afecta a la ética de consumo cultural, sino también a la economía de la música en España y a la supervivencia de un sector que emplea a miles de personas.
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