La caja de resonancia
Spotify, ¿te abre los oídos o te los cierra?
La plataforma te ofrece un catálogo gigantesco y diverso, pero tiende a darte más de lo mismo para que te quedes en ella todo el día. Puedes burlar sus propuestas, pero es algo que casi nadie hace

Auriculares y Spotify. / Archivo
Tendemos a pensar que el streaming es la causa de que los más jóvenes tengan menos prejuicios en su gusto musical y que puedan saltar de un estilo a otro con deportividad. Sí, gracias a las plataformas nunca había sido tan fácil explorar parcelas sonoras variopintas. Pero, a su vez, estas propician el efecto contrario: darte más de lo mismo para que pases cuántas más horas mejor conectado, sin sorpresitas que te contraríen.
Es un cambio crucial en nuestra relación con la música. Hasta ahora, la radio o la MTV podían sorprenderte y someterte a ciertos riesgos, mientras que el big data hiperpersonalizado minimiza tu exposición a sonidos con los que no has tenido contacto. Claro que puedes decidir que dejas por un rato tus listas para probar con los menús de amigos a los que les gusta el merengue, el pospunk o el black metal, pero eso es como decir que en lugar de poner a Pablo Motos podrías elegir el documental de La 2. La posibilidad está ahí, y el esfuerzo que debes hacer con tu dedo pulgar es el mismo, pero casi nadie lo hace.
Spotify parece tender a mecerte y a contentarte con playlists lineales que te gratifiquen de un modo estable, sin sobresaltos. Éxitos y favoritos, sí, pero sin un exceso de estímulos. Habla de todo ello la periodista estadounidense Liz Pelly en un libro que ha causado cierto revuelo, Mood machine: The rise of Spotify and the costs of the perfect playlist (por ahora, solo en inglés), donde relaciona eso con la creación de granjas de artistas falsos destinados a producir música funcional, para poner de fondo mientras trabajas o friegas el piso. Archivos sonoros en los que ni siquiera importa quién hay detrás: música sin pasado ni contexto. Conecta con la naturaleza de Spotify, donde un álbum es un objeto flotante que no parece formar parte de la narrativa de un artista sino de la burbuja formateada de la plataforma. Es como si, más que escuchar a Lorde, estés escuchando a Lorde a través de un ventrílocuo llamado Spotify.
En lugar de elegir, dejar que ellos lo hagan por ti. ¿Spotify ensancha tu horizonte musical? Más bien trabaja para impedirlo, pero dependerá de ti. Como siempre, la responsabilidad individual. Sí de verdad lo quieres, puedes sortear el algoritmo: buscar otras listas, investigar y, un verbo revolucionario, decidir. ¿Lo más eficaz para burlarlo? Hacerte periodista musical: mi Spotify anda loco preguntándose qué clase de chiflado puede escuchar seguidos a Blackpink, Ozzy Osbourne, Bad Bunny, Ressonadors y Bruce Springsteen. Cosas del oficio.
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