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Opinión

El mito ‘hippie’ de Deià: de The Soft Machine a Pau Riba

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

La culpa la tuvo Robert Graves: su presencia en Deià (donde se instaló en 1929), sin él pretenderlo, resultó ser el punto de partida de un serpenteante hilo histórico con derivadas en la música, conectando el rock y el jazz underground británicos con el talante mediterráneo. Habla de todo ello, en primera persona, porque estuvo allí, Tomás Graves, el hijo menor del autor de Yo, Claudio, en este libro, Afinando al alba, que ve por fin la luz en castellano (Libros del Kultrum), 21 años después de su edición en inglés.

Un relato que configura una intrahistoria valiosa hablándonos de un lugar en el mundo, Deià, que devino, con Ibiza y Formentera, un punto de la ruta hippie trazada desde Marrakesh a Goa y Katmandú. Ahí, en la sierra de Tramuntana, nació un grupo clave del rock psicodélico británico, The Soft Machine, con Kevin Ayers (que atrajo a la isla a un adolescente Mike Oldfield) y Robert Wyatt. Este último se había plantado allí con 17 años, en 1962, dado que su madre, la periodista Honor Wyatt, era vecina y amiga de los Graves. De ese núcleo surgió otro grupo troncal, Gong, con el australiano Daevid Allen. Añadamos que, en los 60, pasaron por Mallorca desde los Kinks hasta Jimi Hendrix. Y, casi, los Beatles: Los Valldemosa declinaron la oferta «de un tal Brian Epstein», en 1963, para actuar en su sala porque pedían demasiado y eran todavía «un grupo desconocido».

Lo emocionante de Afinando al alba es que rompe el cliché de la panda de expats que viven de espaldas a la cultura y a la gente del lugar que han elegido para vivir. Ayers montó su banda mallorquina con Joan Bibiloni (que contó con John Cale en un disparatado bolo en la plaza de toros de Alcúdia, con ambos británicos «borrachos como cubas»). Allen grabó y giró por Europa con el grupo local Euterpe y acogió, en su estudio de Deià, Banana Moon Observatory, la grabación de discos importantes de Pau Riba (Licors) y Pep Laguarda (Brossa d’ahir). Wyatt pasaría luego épocas en Castelldefels y grabaría con el dúo Claustrofobia.

Tomás Graves se unió a su hermano Juan en la Pa amb Oli Band, la «banda desconocida más famosa del mundo», e hizo buenas migas con Santiago Auserón, atraído también a Deià, al que embarcó (con Kiko Veneno) en un concierto anticolonialista contra los fastos de 1992 (Quinientos años de resistencia indígena) del que nació su alias Juan Perro. Testimonios refrescantes, que rompen con ese retrato, tan actual, de expatriados a los que todo les chifla del país de acogida menos sus lugareños.

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