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Mallorca, un destino obligado

La visita de Clinton a Mallorca en el verano previo al escándalo

Bill Clinton asombrado por la belleza del castillo de Bellver

Bill Clinton asombrado por la belleza del castillo de Bellver / Lorenzo

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Matías Vallés

Matías Vallés

El mes de julio de 1997, Mallorca fue el escenario de la colisión de dos de los campeones de la imagología del siglo XX: Juan Carlos I y Bill Clinton. Y por primera vez, el Rey de España se cruzaba con un líder que competía ventajosamente con él en magnetismo y tirón popular.

La visita a la isla

Durante una visita de tres días a Mallorca, que finalizó con un "Volveré" digno de Douglas Mac Arthur, el norteamericano exhibió la gama visual que permitió que sus conciudadanos le perdonaran cualquier tropelía. De hecho, la relación con Monica Lewinsky estaba en su apogeo, y poco después marcharía irreversiblemente su salida de la Casa Blanca.

Hillary Clinton acompañaba a su marido, ambos descendieron cogidos de la mano la escalerilla del Air Force One. Chelsea Clinton se reuniría con sus padres más adelante. Según cuadra a un presidente norteamericano, la visita estuvo tejida de acontecimientos culturales y populares. Entre los primeros, la visita al castillo de Bellver, que dejó literalmente boquiabierto al ex gobernador de Arkansas. "Nunca en mi vida había visto una construcción como ésta, tan hermosa y mezclada, con estos arcos góticos”. Afloraba así el Bill Clinton que recita de memoria a Faulkner y lee a Marco Aurelio, un intelectual convenientemente camuflado para ganar elecciones norteamericanas.

Bill Clinton en la terraza del restaurante Capuccino

Bill Clinton en la terraza del restaurante Capuccino / DM

Después de visitar la Catedral, Clinton insistió en darse un baño de multitudes. El agente consular Tummy Bestard le recomendó el Capuccino del Paseo Marítimo, y allá se fue la comitiva. Ocuparon una mesa del restaurante al aire libre, ante la sorpresa del resto de parroquianos.

Al día siguiente, en el puente del Fortuna se escenificó un nuevo duelo de carisma entre ambos jefes de Estado. Valldemossa recibió al matrimonio norteamericano, pero en Petra cundió la decepción al no materializarse la visita.

En otro vínculo, Hillary Clinton compró en Madrid un collar de Perlas Majorica. Llevaba anotadas las características. Cuarenta centímetros de longitud, color rosa, una sola vuelta y un diámetro de doce milímetros. Lo lució en un reportaje en la CNN.

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