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Música

'Salomé' de Strauss: 120 años de una obra singular

La London Synphony Orchestra celebra, a lo grande, el aniversario del estreno de la ópera «Salomé» de Richard Strauss

Asmik Grigorian en el papel de Salomé.

Asmik Grigorian en el papel de Salomé. / LONDON SYMPHONY ORCHESTRA

Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Enviado especial a Londres

Hace ciento veinte años que el Teatro de la Ópera de Dresde acogió el estreno de Salomé, una de las obras más singulares del siglo XX i una de las más conocidas de su autor, Richard Strauss. Singular pues está concebida en un solo acto, pero también por la provocación y el escándalo que significó la escena de la Danza de los siete velos, uno de los momentos instrumentales más conseguidos del compositor y para los que algunos de los más famosos escenógrafos han recreado imaginativos y exóticos momentos.

Para celebrar esos ciento veinte años de controversia artística, la London Symphony Orchestra de Londres, con el maestro Sir Antonio Pappano al frente, ha programado, durante el pasado fin de semana en la que es su sede habitual, el Barbican Centre, una versión en formato concierto, con algunos momentos semi escenificados, de la Salomé straussiana y con un elenco difícilmente superable. De hecho, los comentarios de algunos de los asistentes que llenaban la sala eran del tipo «Esta es la Salomé del siglo». Los quince minutos de aplausos avalan esta calificación, que tuvo a una enorme Asmik Grigorian como protagonista, aunque no la única sobresaliente pues el resto de cantantes rozaron, como ella, la perfección vocal.

La cantante lituana (que hace solamente unas semanas cantó el papel principal de Rusalka de Dvorak en el Liceu de Barcelona, junto a Piotr Beczala) es una gran conocedora de buena parte de la obra de Richard Strauss, además de Salomé su registro y su técnica le permiten cantar las Cuatro últimas canciones del compositor. Lo demostró en esa propuesta londinense, en la que optó por un registro entre irónico, maléfico y caprichoso del personaje, ofreciendo una auténtica lección de buen hacer, que culminó en el gran monólogo final.

Pero a su alrededor brillaron también otros nombres de primer nivel. Así, en el papel del profeta Jochanaan pudimos escuchar un soberbio Michael Volle, uno de los barítonos del momento y que canta habitualmente roles principales en Bayreuth, el templo wagneriano por excelencia. Como Herodes otro wagneriano, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, un tenor que ha destacado en el también complicado papel de Mime. Violeta Urmana, sobrada en el rol de Herodias, al igual que Niamh O’Sullivan como su paje y John Findon cantando el siempre agradecido personaje de Narraboth. Y sin olvidar los cantantes de los otros papeles menores, por su duración y no por su poca dificultad, todos, sin excepción, brillantes. Debemos mencionar al barítono Liam James Karai como Primer Nazareno, pues participó en unas galas líricas en Mallorca junto a nuestra Simfònica.

La London Symphony es una gran orquesta, en calidad y en número de componentes. Poco a poco va cogiendo el papel que siempre ha querido asumir: convertirse en una de las mejores orquestas de Europa. Pappano la dirige con maestría, sacando de sus instrumentistas un potencial pocas veces escuchado sobre un escenario. Delicado, pero también profundo y dramático.

Con todo ello, esa propuesta de Salomé, con el tiempo, tiene todas las posibilidades de convertirse en un acontecimiento de primer nivel, no solamente londinense, sino europeo, que merecerá la atención de melómanos y programadores y que bien podría ser plasmada en un registro discográfico.

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