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Tomàs Graves: “Los mallorquines siempre se han doblegado, primero con los romanos, ahora con los turistas”

El impresor, músico, corresponsal, fotógrafo, gastronauta, ensayista y etnógrafo, hijo pequeño de Robert Graves, presentará el próximo martes 1 de julio en el Club Diario de Mallorca, a las 18 horas, el libro 'Afinando al alba. Viaje musical al corazón de un país'

"El LSD que circulaba por Deià era muy puro, no adulterado, como el de los festivales, con la gente pasadísima por sus malos viajes. Mi única rebeldía ante eso era tomarme un Laccao o hacerme un pa amb oli en la cocina", recuerda Graves en esta entrevista

Tomàs Graves: “Como músico uso mis experiencias como un hilo conductor para explicar qué es España y Mallorca”

B. Ramon

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Palma

Ha tardado 20 años en encontrar una editorial española.

Sí. Probé con varias editoriales hasta que di con Libros del Kultrum. Eran pocos los que conocían en España la edición inglesa, Tuning Up at Dawn (escrito entre 2003 y 2004 para 4th Estate, una de las filiales de Harper Collins en el Reino Unido), uno de ellos Jesús Ordovás que hizo una reseña en El País. También la gente de Rudy Sessions, en Mallorca, a los que agradezco sus gestiones y ánimos. Fue través de Facebook que me topé con Julián Viñuales, le mandé el libro y el proyecto salió adelante.

La edición inglesa tuvo cierto éxito.

Sí, no tuvo un gran éxito de ventas pero durante cinco días fue elegido libro de la semana en Radio 4 de la BBC. Recibió buenas críticas y reseñas en la prensa británica y en parte de la Commonwealth. La editorial buscaba algo que estaba muy de moda hace 20 años, el típico libro de un inglés, o de una familia de ingleses, que se establecen en la Toscana, la Alpujarra o Provenza y tiene una serie de aventuras con la gente local. Pero yo soy inglés, no un apátrida, ni un exiliado, así que les entregué un libro que habla mucho más allá de las relaciones de los ingleses con el cabrero, el constructor o el que les hace la piscina. El mío es un libro cuyo propósito no era otro que explicar al lector británico la evolución social y emocional de España a través de la música, con especial énfasis en mi Mallorca natal, desde la Segunda República hasta la puesta de largo de su democracia, en 1992.

¿Qué novedades podemos encontrar respecto a la edición inglesa?

En la inglesa incluí un capítulo titulada La Guitarra Armada, sobre mis experiencias como músico durante seis meses en la Nicaragua revolucionaria, donde fui con mi vecina Claribel Alegría, invitada por ella. Pero ese capítulo chirriaba con la línea editorial marcada por Rupert Murdoch y la eliminaron, y Libros del Kultrum la ha recuperado para esta edición.

¿Qué le aportó a usted su aventura sandinista?

Una apertura mental. Yo tenía una vida bastante cómoda y aquel viaje me abrió mucho los ojos. Cambió mi conciencia social. 

Una canción siniestra, el ‘Qué será, será’, un chirrido sin fin…¿Qué música le pondría a la actual España?

Alguna de Raphael. Lo que está pasando es un escándalo. Por una parte este Gobierno está haciendo cosas que otros países europeos ya quisieran, en materia internacional o en política migratoria, pero por otra parte siempre está ahí la maldita corrupción, “los fontaneros de la Casa Blanca”, que diría Nixon.  

“Me he basado en todo lo que he ido grabando en la memoria de mi oído”.

El libro está escrito a partir de mis recuerdos. Cuando lo escribí Google estaba en ciernes, no tuve el acceso que tendría ahora, así que me basé mucho en revistas, recortes de prensa, en el internet primitivo de entonces… Al estar escrito hace 21 años, salió el dilema de si ponerlo al día o dejarlo como una cápsula del tiempo, y elegí esta última opción.  

“Crecí en un hogar donde la música era muy apreciada”.

Ni mi madre ni mi padre sabían música. Mi abuelo paterno era musicólogo y mi padre aprendió canciones tradicionales irlandesas pero no cantaba más que alguna canción por Nochebuena. Lo que sí hizo es ponernos en manos de profesores de guitarra en Palma, para que tuviéramos una base musical. Dos de nosotros, mi hermano Joan y yo, acabamos tocando en una banda de rock&roll; Guillermo [William] también tocaba mucho, y ahora está volviendo a coger la guitarra después de muchos años; y Lucía se casó con un músico, Ramon Farran, e hizo letras de canciones.  

Tomàs Graves posa en los jardines de Diario de Mallorca

Tomàs Graves posa en los jardines de Diario de Mallorca / B.RAMON

A Robert Graves también le apasionaba el jazz, tanto como el silencio.

Sobre todo el silencio, sí, un silencio que solía romper mi hermano Joan, el rockanrolero de la familia, al que le gustaba poner petardos debajo de la ventana de mi padre y subir el volumen de la radio a tope.  

Los Beatles le cambiaron la vida desde la primera escucha. Un grupo que, todavía siendo desconocido, pudo haber actuado en Palma.

Cuando Los Valldemossa gestionaban Tagomago, Brian Epstein les ofreció este grupo inglés, los Beatles, que todavía no tenían un hit: "Piden mucho por un grupo que nadie conoce" pensarían los Estaràs. Rechazaron la oferta, que era de risa, pero en aquella época para un club en Palma era bastante dinero. Imagínate si en vez de haber ido a Hamburgo los Beatles hubieran venido a Palma.   

“Mi relación con mi padre fue más bien la de un abuelo con su nieto”. ¿Echaste en falta la figura paterna?

Mis hermanos mayores hicieron un poco de puente en ese sentido, pero bueno, a efectos prácticos fue hijo único, salvo en vacaciones. Yendo a un internado britanico, todo el profesorado también hizo las veces de padre. Ellos hacían el papel de poli malo, y al llegar yo de vacaciones, mis padres hacían de poli bueno. Eso permite una relación más relajada con los padres. 

¿Bob Dylan nunca estuvo en Mallorca porque Robert Graves no quiso?

En sus años mozos, Dylan siempre llevaba consigo una edición gastada de La Diosa Blanca. Años después, cuando pensó en grabar un disco en español (El español es la lengua del amor), le pidió al director de Columbia que le enviara a Robert su discografía completa para intentar convencerle de que tradujera sus letras al castellano. Dylan tenía mucho interés en saber cómo sonarían sus canciones en castellano. Pero mi padre ya había cumplido los 80 y no estaba muy fino y tampoco tenía ningún interés. El proyecto acabó en manos de Claribel Alegría, pero no llegó a cuajar.

¿Queda algo del espíritu bohemio que se instaló en Deià con la llegada de los primeros ‘beatniks’ en los 50?

Queda la tercera generación de aquellos ‘beatniks’, que sigue haciendo piña. Sigue habiendo una comunidad muy fuerte e integrada. Deià fue el primer Facebook, una comunidad internacional. Te encontrabas con gente de Deià en Londres, Bali, Nueva York, Los Angeles… y todos se mantenían en contacto, era una comunidad virtual. Yo aun me dejó caer de vez en cuando por Deià, para las fiestas del pueblo, alguna exposición o algún acto en el que sé habrá gente que conozco.   

Con solo 12 años usted ya disfrutó de una fiesta, en la que había de todo, LSD puro incluido. ¿Cómo ha logrado sobrevivir a los excesos?

Pues precisamente porque eran los mayores los que tomaban eso. Buscaba algo en la nevera y me encontraba con medio kilo de hachís. El LSD que circulaba por Deià era muy puro, no adulterado, como el de los festivales, con la gente pasadísima por sus malos viajes. Mi única rebeldía ante eso era tomarme un Laccao o hacerme un pa amb oli en la cocina. Para mí la gente que iba flipada eran unos pesados, un estorbo más que un faro, porque no daban pie con bola. En los 60, Deià estaba llena de chiflados y chifladas. A las 3 de la tarde podías ver a gente rara bajando del autobús, y te preguntabas: ¿en qué nave espacial habrán venido? A principios del siglo pasado Santiago Rusiñol ya decía que en Deià había visto más gente extraña que en la Torre de Babel. 

“Los mallorquines estamos dispuestos a morir pero no a matar”. ¿El turismo acabará con nosotros?

La brizna de hierba se dobla ante la brisa y el roble se cae ante el vendaval. Los mallorquines son así, se han estado doblegando ante el viento de los romanos, los árabes, los españoles y ahora los turistas. Saben nadar y guardar la ropa, saben mantener lo suyo. Los mallorquines urbanos están más en peligro de perder su identidad que los que están cerca de la tierra.    

¿Llegará el día en que se incendien segundas residencias en Mallorca?

Tal vez llegue ese momento con mallorquines de generaciones venideras, más beligerantes. Mallorca está muriendo de éxito pero no creo que vaya a ver enfrentamientos, manifestaciones todas las que quieras, pero una respuesta como los corsos y galeses, no. 

En sus años de juventud usted fue turismofóbico. ¿Su cruzada contra el turismo continúa?

Sí, fui turismofóbico porque me tocaba de pleno, con esos autocares que eran un peligro. Por entonces Deià era ‘la otra Mallorca’, pero para nosotros ‘la otra Mallorca’ era s’Arenal o Magaluf. A pesar de ser inglés no me identificaba en absoluto con los turistas que iban allí o con los coches de alquiler que circulaban por la izquierda provocando accidentes.

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