CRÍTICA
«Don Pasquale»: El padrino, el musical
L a idea de incluir la palabra «musical» me la ha dado un buen amigo melómano, Joan Mas, muy operístico él. Y tiene razón, la idea del montaje de este «Don Pasquale», que cierra la presente temporada de ópera del Teatre Principal, toma algo de la estética de los musicales. Escenográficamente, claro, pues la música va por otros derroteros, los del bel canto. Así que nos quedamos con esa línea, la de haber tratado una ópera bufa como si fuera un título de Broadway. Además, con una traslación temporal, por lo que al argumento, o mejor dicho, a los personajes, se refiere. Así que nos situamos en el New York de los años cuarenta del siglo pasado, cuando Don Vito Corleone era el rey de las calles de la ciudad y era su ley la que imperaba. Aquí, pues, Don Pasquale se convierte en un Padrino, que domina el tinglado, intentando mover los hilos de las marionetas, sin conseguirlo.
Por otra parte, la escenografía, con tarimas móviles y elementos varios, proyecta también un homenaje al cine de la época, con Gilda y, sobre todo, los Hermanos Marx, convertidos en personajes de la trama. Por tanto, muy bien la parte teatral, firmada por Pier Francesco Maestrini y Juan Guillermo Nova.
La dirección musical, de sobresaliente. Rissi-Brignoli se mostró, ya desde los primeros compases de la obertura, conocedor de la obra, a la que impuso un ritmo frenético, muy apropiado con los enredos y aire de vodevil que el argumento contiene. La orquesta sonó enorme, incluso en algunos momentos un tanto elevada de volumen, aunque siempre muy belcantista. Trompeta y violonchelo, de diez en sus respectivos solos.
Los solistas vocales, en conjunto, merecen un aplauso sin paliativos. Sin poseer, ninguno de ellos, una voz impresionante, supieron formar un conjunto vocal muy notable. Un poco por debajo el tenor, cuya voz no acaba de ser la más apropiada para el rol de Ernesto. Debemos añadir, a ese buen hacer vocal del conjunto, su capacidad teatral: actores de primera, sin duda.
El coro, más que correcto
La coreografía,con pasos de baile también propios del musical, resultó un tanto grande para el escenario. También poco creíble la Serenata, cantada desde las bambalinas, mientras un dúo bailaba a lo Fred Astaire y Ginger Rogers. ¿Por qué no priorizar la voz a la danza?
En resumen, bien, muy bien como proyecto global. Con matices en lo vocal y acertado en la parte estética.
«Don Pasquale» de Donizetti
Temporada de Òpera
Solistas vocales
Coro del Teatre Principal
Orquestra Simfònica de Balears
Roberto Rizzi-Brignoli, director musical Teatre Principal de Palma 18/06/25
Calificación: * * * ½
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