CRÍTICA
Sonido controlado
‘Orquestra Simfònica de Balears’
- Auditorium de Palma
- Antonio Méndez, director
- Alena Baeva, violín
- Obras de Sibelius y Brahms
- Fecha: 08 de mayo
Calificación: ****
Controlar el sonido en una pieza sinfónica no es algo fácil, ni cuando debe sonar piano ni cuando la explosión invade el espacio. Saber matizar es muy difícil. De eso va el comentario sobre el último concierto que ofreció la Simfònica, el del pasado jueves en el Auditorium de Palma. Solista y director destacaron, ambos, en saber dosificar el sonido, llegando a unos pianísimos dulces y llenos de exquisitez en el caso del Concierto para violín de Sibelius, hasta los explosivos momentos que Brahms exige en su Cuarta Sinfonía.
Alena Baeva tiene un buen sonido y una técnica delicada. Todo muy apropiado para ese bombón que para cualquier violinista es la obra del compositor finlandés. La solista nos hizo vibrar en esos pasajes en los que el violín está, se le ve, se le intuye, pero casi no se le escucha. Momentos extremadamente finos, pianísimos, que llenan de melancolía la obra. Una partitura en la que Sibelius mezcla sonidos propios de su país con otros tomados del romanticismo tardío, incluso con alguna referencia a su obra anterior, Finlandia. Solista y orquesta consiguieron lo mejor, de sobresaliente su versión que conquistó al público, que quería más, así que ella, la Baeva, anunció un bis en forma de Capriccio de la compositora Grazyna Bacewicz. Y aquí una petición: Más música de mujeres en nuestras programaciones. ¿Por qué no el Concierto para piano de Clara Wieck?
Para Brahms, más de lo mismo, pero al revés. Donde destacó la Simfònica, a las órdenes del mallorquín Antonio Méndez, fue en la interpretación de esas frases gloriosas, llenas de gran sonido que llenan la partitura y que alternan con otras melodías que ya son parte del patrimonio musical de la humanidad, pues la Sinfonía número 4 del compositor alemán es eso, un monumento sonoro de primer orden, romanticismo en estado puro, Brahms en todo su esplendor. Antonio Méndez, lo dijo él mismo a este cronista hace unos días, ha bebido de la música alemana, es normal pues que en ella se sienta cómodo. Y lo demostró con creces, consiguiendo arrebatar del público una ovación de categoría.
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