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Oblicuidad

Grace de Mónaco quería vivir en Mallorca

La princesa norteamericana llegó a la isla a los cuatro días de su boda y eligió como país favorito «España, pasé allí mi luna de miel»

La princesa pasea por Palma, donde fue recibida en olor de multitud.

La princesa pasea por Palma, donde fue recibida en olor de multitud. / DM

Matías Vallés

Matías Vallés

Grace de Mónaco es la imagen de la reina canónica, aunque solo llegó a princesa. La revista Lecturas ha desenterrado un secreto que la esposa de Rainiero desveló a la publicación, durante una entrevista exclusiva en el Palacio Grimaldi monegasco en 1968. Al preguntarle por el país europeo donde le gustaría vivir aparte de su lugar de residencia, destacó «España, pasé allí mi luna de miel». Dado que Mallorca fue el epicentro de su viaje de bodas y la única geografía española en la que recaló la pareja, doce años antes de la revelación sobre el destino soñado, queda clara la candidatura insular.

El recibimiento dispensado a Grace justifica su añoranza de larga duración. La presencia mallorquina se inició en el propio banquete nupcial, donde se habían contratado artísticas copas de vidrio de Casa Gordiola. Además, Mallorca fue el primer destino de los recién casados en aquel abril de 1956.

Cuatro días después del fastuoso enlace, Grace y Rainiero ya desembarcaban en la Cala Gentil de Formentor. Viajaban a bordo del yate a motor Deo Juvante II, una lujosa embarcación restaurada de 44 metros que había sido el regalo de bodas de Aristóteles Onassis a la pareja, y que por tanto estrenaron en su singladura a Mallorca antes de recorrer islas como Córcega o Cerdeña.

En un paréntesis de obligado cumplimiento, Grace también fue una princesa ejemplar en el arte de ocultar a sus amantes, cuando ella y Kennedy todavía contaban con la complicidad de la prensa. Por ejemplo, se comentó sin establecer conclusiones la coincidencia en el mismo hotel Formentor donde los príncipes disfrutaron de su luna de miel con el actor David Niven, amigo entrañable de la actriz.

Al desembarcar del yate ‘Con la Ayuda de Dios II’, los príncipes de Mónaco asistieron a una cena de gala en su honor en el hotel Formentor, que antes de su destrucción contaba con una suite dedicada expresamente a la princesa, junto a las habitaciones ocupadas en su día por Chaplin y Churchill.

La llegada a Palma de los príncipes monegascos puede ser catalogada sin exageraciones de multitudinaria. En aquellos tiempos predigitales, un millar de palmesanos se concentraron en el puerto para contemplar a la pareja del año, que había cubierto en su flamante yate el trayecto desde Formentor.

La presión de los congregados era tan insistente que Grace y Rainiero se vieron obligados a salir a la toldilla del yate, para saludar a la muchedumbre. El gesto fue recibido desde tierra con una salva de aplausos. Se completaba así la recepción estelar que sin duda influyó en la nostalgia principesca de la luna de miel, y en el deseo de instalarse en España revelado a Lecturas.

Grace de Mónaco está ligada a los dos establecimientos hoteleros que enmarcan la edad de oro de Mallorca en el siglo XX, felizmente superada por los hamburgueses con cadenas de oro. Cinco años después de su luna de miel en Formentor, los príncipes inauguraban junto a Onassis y Maria Callas el hotel Son Vida, del que eran socios ambos magnates. A la princesa le sobraban los motivos para evocar una isla que la idolatró.

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