Guillem Frontera, el vuelo de la inteligencia
Dominó el ritmo impecable de la novela, el fulgor del artículo pautado y la sensibilidad de la edición

Muere el escritor Guillem Frontera a los 79 años: Una vida en imágenes / Diario de Mallorca/Archivo
Mi maestro superlativo de educación primaria, Don Miguel Payeras, presumía ante sus discípulos menores de diez años en Corea:
-El alumno más inteligente que he tenido acaba de hacerse famoso con su novela, Els carnissers.
Con gusto antepondría en mi currículum que «tuvo el mismo maestro que Guillem Frontera». Tardé medio siglo en arrodillarme ante su obra capital, lo cual me permitió descubrir que el autor se había limitado a describir el siglo XXI mallorquín con el ropaje y la anticipación de los años sesenta:
-I si un dia no venen més turistes? Ara creim que aixó no passarà mai i Déu faci que no. Però tot és possible.
Conocer a Frontera confirmó la predilección de Don Miguel. El escritor sobrevolaba la realidad con la inteligencia desplegada. Señalaba siempre el punto decisivo desde el ritmo impecable de la novela, el fulgor del artículo pautado y la sensibilidad de la edición. Fue irregular porque supo perder el tiempo, como buen mallorquín. En la casilla de profesión anotaba que «estic per ca nostra».
Somos el desenlace de Els carnissers, cuando es demasiado tarde para enderezar el rumbo. Por el bien de Mallorca, se debió violentar a Frontera encerrándolo en una habitación sin distracciones, para que se limitara a narrar la sociedad más enloquecida del Mediterráneo.
Me admiraba el alumno favorito de mi maestro, aunque militábamos en trincheras enfrentadas. Nos peleamos por Miquel Barceló pintor, «el último artista que ha triunfado», pero nos reconciliamos en Miquel Barceló catedrático, al que reverenciábamos porque «ha sido uno de los hombres mas brillantes nacidos en esta tierra en mucho tiempo». Disputamos cuando su «Sicília sense morts» se parecía demasiado a mi eslogan «Mallorca es una Sicilia sin muertos».
El inconformismo podía conducir a Frontera a la insatisfacción porque no solo sabía lo que hacía, sabía sobre todo lo que era capaz de hacer. En estos casos de dudas, se aplicaba su cóctel terapéutico. «Fer les coses ben fetes i amb sentit és la darrera forma que queda de ser revolucionari en aquest mòn».
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