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Claramore: «Mi idea era hacer una ‘Super Pop’ de la historia del arte»

Clara González Freyre de Andrade es historiadora del arte y divulgadora en redes sociales

Autora del libro ‘Un Van Gogh en el salón’, este jueves por la tarde (19 horas) estará en el Aljub de Es Baluard para dar la charla ‘Desacralizando el arte, el camino hacia una cultura accesible e inclusiva’

Clara González Freyre de Andrade, conocida como Claramore.

Clara González Freyre de Andrade, conocida como Claramore.

Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

Clara González Freyre de Andrade (Benidorm, 1995) es conocida como Claramore en redes sociales, donde divulga una historia del arte cercana e inclusiva. Autora del libro Un Van Gogh en el salón, este jueves por la tarde (19 horas) estará en el Aljub de Es Baluard para dar la charla ‘Desacralizando el arte, el camino hacia una cultura accesible e inclusiva’

¿Cómo ha planteado la charla en Es Baluard?

Mi idea es demostrar que existen, efectivamente, títulos que hacen por acercar el arte a todos los públicos y que también existen títulos que intentan hacer la historia del arte más inclusiva con respecto a las mujeres, sobre todo, pero también a colectivos socialmente también oprimidos, como el colectivo LGTB. Y cómo se fraguó mi libro, una mezcla de influencias de todos esos libros.

Dice que su libro, Un Van Gogh en el salón, es una especie de ‘Super Pop’...

Sí, la idea era hacer una Super Pop de la historia del arte porque me parecía como una forma de demostrar y unir un poco la distancia entre la llamada alta cultura y lo que es el entretenimiento.

No es contradictorio que algo sea ameno, o coloquial incluso, con que esté tratado con rigor"

¿Y de qué manera se documenta, de qué manera encuentra esos detalles que nos hacen como mucho más ameno, mucho más divertido el arte? 

Realmente es algo que, en parte, se estudia durante la carrera de Historia del Arte, aunque la mayoría de esos detalles se suelen contar como anecdóticos. Y es a base de leer, leer y leer cuando se encuentran ese tipo de historias. Como es un libro un poco variado, pues ha habido muchas fuentes distintas, porque al final son temas muy distintos entre sí y de ahí viene que haya más de 20 páginas de bibliografía, que es una cosa que a la gente le suele sorprender bastante, pensando que es un libro como muy básico. No es contradictorio que algo sea ameno, o coloquial incluso, con que esté tratado con rigor. Para mí era importante como historiadora tener, obviamente, citadas mis fuentes para que la gente las pueda consultar. 

Claramore utiliza un lenguaje coloquial para acercar el arte al público general.

Claramore utiliza un lenguaje coloquial para acercar el arte al público general. / DM

Afirma que hasta en un vídeo de Bad Bunny podemos encontrar arte. Explíquemelo.

Hay un videoclip que Rosalía tiene con Bad Bunny, creo que se llamaba La Noche de anoche, en que literalmente la estética es muy entre el surrealismo, hay como una referencia a un cuadro de Magritte, y la pintura metafísica de Giorgio de Chirico. Es como una forma de bajar a tierra y, usando referentes populares, acercarnos a audiencias que, a lo mejor con el discurso que tenemos tradicionalmente los historiadores del arte, pues no conectan con las artes visuales y hacerlo a través de algo con lo que sí conectan, como puede ser la música de Rosalía o Bud Bunny.

Quizás los jóvenes se pierden o no tienen referencias artísticas porque no les ha atraído la historia del arte...

Sí, de hecho el libro en sí está lleno de referencias a la cultura pop. Una cosa que a mí me ha sorprendido mucho es que, cuando yo lo escribí, no esperaba llegar a un público tan amplio y realmente lo está leyendo gente muy variada. Yo he llegado a hablar con gente de 12 o 13 años que lo está leyendo y personas ya adultas, incluso de más de 70 años, que también lo están leyendo, no sé cómo llevarán las referencias, por ejemplo, a Crepúsculo y cosas así... Pero bueno, en realidad eso es como una especie de guiño que se hace para ese público concreto, pero que realmente no aporta como una información necesaria para entender lo que se está contando dentro del libro. 

La gente tiene una idea de la historia del arte como muy académica y muy alejada, la que socialmente nos han vendido"

¿La historia del arte puede ser divertida?

Para mí es divertida porque al final hay pasajes que se parecen mucho a lo que nos pasa a nosotros en nuestro día a día. No es que la historia del arte no sea divertida, sino que la gente tiene una idea de la historia del arte como muy académica y muy alejada, que es la que socialmente nos han vendido, y que realmente no es así. Yo siempre digo en las entrevistas que es muy importante la forma en la que transmites las cosas, que igual de importante es lo que estás contando, como el cómo lo estás contando. Por ejemplo, El columpio de Fragonard, que a lo mejor cualquier persona en un museo lo ve y piensa que es un cuadro sin más, y al final, si te cuentan la historia que hay detrás del cuadro, pues es casi como las revistas de salseo, que hay un triángulo amoroso de repente con esos personajes. Y para una persona que no está iniciada en el mundo del arte o que ha cogido una audioguía de museo y encuentra la explicación soporífera, porque muchas audioguías no están adaptadas para el público, pues puede conectar con algo que a lo mejor ha vivido en sus propias carnes.

¿Cuánta importancia tiene un buen profesor para inculcar el amor al arte?

Para mí es imprescindible y de hecho yo misma soy fruto de una buena profesora y lo cuento en el libro: con 16 años me llevaron a Roma y yo pasé de largo de muchas obras maestras que a día de hoy me sigo tirando de los pelos porque no he vuelto a Roma. Y al año siguiente fue cuando tuve una profesora que me explicó la historia del arte adaptada, pues eso, a los conocimientos y las inquietudes de una niña de 17 años y fue la que me despertó el gusanillo y la pasión. Eso es lo que estaba comentando antes, que la clave está en saber a quién te estás dirigiendo para adaptar ese lenguaje y hacerlo accesible y, bueno, en definitiva lo que intento siempre es democratizar la historia del arte y la cultura en general, que al final se nos ha vendido que es para unos pocos y realmente nos debería representar a todos y debería interesar a todo el mundo.

¿Los museos y los espacios culturales tendrían que reflexionar a quién quieren atraer o cómo conseguir que vaya más gente? También quizás cambiando un poquito el lenguaje.

Sí, totalmente, de hecho, yo siempre lo digo, como estoy fuera, me siento con la capacidad de meterles caña a los museos. Realmente tienen una labor bastante difícil y yo lo reconozco, pero creo que la labor de los museos es doble. Por un lado está la de conservación de las obras, que eso es una cosa que hacen súperbien. Pero por otra parte, la de ser un dinamizador social y que la gente se sienta parte de lo que hay allí. Y eso no lo hacen tan bien. De hecho, parece como que a veces se les ha olvidado que el público también tiene que tener voz y que tiene que verse reflejado en lo que hay dentro. Es verdad que, por ejemplo, con el tema de las artistas se ha avanzado muchísimo, cada vez hay más presencia femenina, pero vamos, nos queda un montón de trabajo para que todos los grupos sociales se sientan identificados con lo que hay ahí y también con la forma en la que se nos comunica lo que hay ahí. 

Hay que dejar de llamarlas “mujeres artistas”, que al final es una etiqueta que, aunque sea para visibilizar, las acaba denostando un poco"

Ni siquiera en la historia del arte, que parece un campo con más sensibilidad, se han librado las mujeres de estar a la sombra de los hombres.

No, de hecho es un problema... Bueno, siempre digo que acabé la carrera en 2018, que no hace tanto, y yo estudié literalmente a tres mujeres antes del siglo XX, que eso es una locura para una persona que estudia historia del arte. Y al final es un vacío que ha habido durante mucho tiempo en nuestros libros y también en nuestros museos y sigue existiendo ese vacío porque no se corresponde las conexiones de los museos en absoluto con la cantidad de talento femenino que existe y creo que esa labor la estamos haciendo una nueva generación de historiadoras que nos estamos dedicando a visibilizar a esas artistas que no han tenido su lugar en la historia y que merecen tenerlo. Creo que se está haciendo mucho trabajo, sobre todo creando libros monográficos de artistas femeninas, pero creo que el siguiente paso es literalmente incluirlas dentro del discurso oficial y que no se cree una contrahistoria del arte de las mujeres. Porque lo suyo sería que estuvieran en el discurso oficial y fueran parte de la historia del arte oficial. Aunque claro, creo que para eso todavía nos queda un montonazo. Para empezar, que siempre lo digo y yo misma me lo corrijo, dejar de llamarlas “mujeres artistas”, que al final es una etiqueta que, aunque sea para visibilizar, las acaba denostando un poco.

¿Y sería muy diferente la historia del arte si hubiéramos tenido más referentes mujeres?

Yo creo que sí, sería muy diferente si nos hubieran dejado tener más referentes femeninos, porque tenemos que tener en cuenta que las mujeres que conocemos son siempre las más privilegiadas, porque al final son mujeres normalmente burguesas, blancas y que tienen el apoyo de su padre para poder pintar, sobre todo pintar, en escultura hay menos, tenemos algún ejemplo como el de Camille Claudel. Yo siempre estoy hablando antes del siglo XX que es cuando hay más ausencias, pero realmente habría cambiado todo seguro, porque al final, aunque están ahí, hay muchas que no han tenido la oportunidad de dedicarse a ello.

El Van Gogh que menciona en el título, ¿es su cuadro favorito? 

No es mi cuadro favorito de toda la historia del arte, pero sí es mi favorito de Van Gogh. Aunque realmente lo importante es que es el favorito de la familia de Van Gogh, en parte. Y me gustaba elegirlo como título porque me parece una declaración de intenciones. Por un lado, porque es el cuadro favorito de la familia de Van Gogh, de Johanna Van Gogh en concreto, que es la cuñada de Vincent, la que se quedó con todos los cuadros y todas las cartas de los hermanos cuando ambos fallecieron, que fallecieron muy seguido. Se quedó ella sola con un niño recién nacido y fue la que se dedicó a colocar las obras de Van Gogh por, literalmente, toda Europa e intentó hacerlo incluso en América. Y fue gracias a ella que Van Gogh es el artista ultrarreconocido que es a día de hoy, en gran medida. Me parecía como bonito hacerle ese gesto a Johanna, que tenía colgado el Almendro en Flor, que es una de las pocas obras que nunca vendió, en el salón de su casa sobre el piano. Por eso el libro se llama Un Van Gogh en el salón. Y me gustaba por eso, porque es una cosa como muy anecdótica, que no se cuenta en la mayoría de manuales de historia del arte, porque se centran en otros aspectos como más técnicos, o de la historia dentro de un cuadro, que también es muy bonita.

Los artistas no dejaban de ser personas que tenían preocupaciones bastante semejantes a las que tenemos nosotros"

Por eso le preguntaba cómo se documenta, porque explicando ese tipo de detalles se podría conseguir que más gente se interesara...

La nueva generación que existe de historiadores, sobre todo de divulgadoras, estamos haciendo mucho trabajo en ese sentido para romper esa barrera con el público general y traer ese tipo de datos que no suelen estar, bueno, pueden estar recogidos en los libros de historia del arte, pero no de forma tan cercana, tan directa para el público. La historia del arte no está tan lejos de la vida como nos han querido vender porque realmente los artistas no dejaban de ser personas que tenían preocupaciones bastante semejantes a las que tenemos nosotros y que muchas veces las dejaban plasmadas en sus obras. 

¿Cómo reaccionan los académicos a sus publicaciones o intervenciones?

Pues la verdad es que me sorprende que no he tenido mucho hate con respecto al libro. Creo que está llegando al público que tiene que llegar de momento, pero en redes sí que tengo bastante crítica con respecto al uso de un tono más coloquial. Hay muchas personas que siguen pensando que el hecho de hablar de forma coloquial de las obras las denosta y las banaliza, cuando realmente las hace accesibles para la gente. Y es una cosa que se critica mucho desde la Academia, porque al final es romper con un estigma que lleva ahí desde hace demasiado tiempo, de hace siglos. Pero sorprendentemente debo decir que del libro no he recibido muchas críticas.

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