Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Antònia Vicens, escritora: «Se salvará el catalán porque siempre hay unos pocos conscientes que luchan»

La autora mallorquina, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, habla igual que escribe, de una forma poética y entusiasta, aunque ella se considere una mujer cansada y lo que más le guste es estar en su casa de El Terreno. Estos días la ha vuelto a abrir a la prensa para hablar de su última novela, ‘Crideu la mort errant, digueu-me on va’, que presentó la pasada semana en Barcelona y en Palma. Todavía no ha sentido la necesidad de ponerse a escribir, ahora quiere descansar y escuchar música

Antònia Vicens publica nueva novela: "He intentado coger esta porción de vida que nos rodea"

Guillem Bosch

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

Antònia Vicens (Santanyí 1941) ha regresado a la narrativa con Crideu la mort errant, digueu-me on va, una novela publicada por La Magrana y que comienza en 1965 con el diario de una niña, Elisenda. La autora, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, Creu de Sant Jordi y Premio Nacional de Poesía, que rechazó la medalla Ramon Llull en 2004 en protesta por la política lingüística del Govern, no solo se centra en una protagonista, la suya es una obra de muchos personajes y compleja.

Pasados ya varios días desde que presentó el libro, ¿Ya ha encontrado el momento de ponerse a escribir?

Cuando acabo un texto me quedo como vaciada, porque lo he dado todo en ese texto. Y puedo estar una temporada en este estado de espera o de pausa… Siempre pienso que no volveré a escribir nunca más cuando acabo un texto, sea novela o poesía, porque me obceco, me obsesiono y cuando se edita me quedo completamente exhausta. Por tanto, ahora lo que necesitaré será descansar, escuchar música, un poco de lectura y solo escribiré si alguna cosa repica fuerte dentro de mi cabeza o dentro de mi alma, porque nunca escribo por escribir.

¿Por qué ha tardado 13 años en publicar una novela?

Tenía los personajes, la historia, pero sin acabar. Cuando empecé a escribir poesía, que la poesía llegó un día de golpe, no me veía capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo, por eso que he dicho antes, que me obsesiono con un texto, aunque sea con un verbo, una sola palabra, y necesito convivir con ello. Y cuando hacía una pausa en la poesía y sacaba a los personajes de esta novela, me ganaban. Ellos aún crecían, por tanto, eran caprichosos y yo no podía cuidar de ellos y los volvía a encerrar. Hasta que hubo esta pausa en la poesía, saqué los personajes y el editor me animó mucho a que los liberara. No me gusta decir que he reescrito la novela, sino que he liberado los personajes que tenía encerrados para que no me molestasen. Y han sido unos meses fuertes, un año de convivencia exhaustiva con los personajes.

Antònia Vicens, en el patio de su casa, con su perro Lord.

Antònia Vicens, en el patio de su casa, con su perro Lord. / Guillem Bosch

¿Cómo es eso?

Llega un momento en que yo me tengo que meter en cada uno de ellos, porque si hay una niña de diez años que escribe un diario, yo no puedo escribir sobre aquella niña, porque sus palabras no serían infantiles y tengo que mirar el mundo a través de ella, las metáforas serán muy diferentes. Me he de anular a mí misma y he de entrar dentro de esa niña y esto es pesado. ¿Qué hay un molino protagonista en la novela? Ese molino a veces se mueve sin que haya viento y yo he de ser en aquel momento torre y molino, es que me transformo en todo: si son hombres, hombres, de la edad que sea, porque hay jóvenes, otros más mayores, igual que mujeres. Y he tenido que entrar en cada uno de ellos, me he sumergido en los personajes, porque, si no, me salían personajes de papel y tinta y yo los quería hacer vivos.

¿Cuánto tardan esos personajes en desaparecer de su vida?

De momento todavía no han desaparecido. Yo me pongo en el sofá, cierro los ojos, y ellos se sientan a mi lado… Ya me gustaría que se fueran, espero que cualquier día lo harán, pero acompañan, contentos y agradecidos de que por fin les haya dado la libertad de hacer su vida.

El libro comienza como un diario de una niña, pero a medida que Elisenda va creciendo, se vuelve complejo, igual que la vida de ella.

Sí, y tanto el lector como los personajes del libro van sabiendo cosas del pasado así como ellos crecen, porque hay cosas que los propios personajes desconocen. Me gustaría que el lector se levantara de la butaca y se fuera a tomar un café con los personajes, que los sintiera muy vivos.

Hay mucha tristeza en sus vidas...

Es algo que procuro siempre, porque existe el mal pero, al mismo tiempo, hay una gran belleza y hace de balanza. Podemos soportar la belleza, que de tan bella nos mataría, porque hay el terror. Y soportamos el terror porque al lado está la belleza. En la portada del libro, que parece tenebrosa, yo veo una belleza. Son maniquíes rotos, pero estos maniquíes antes de estar rotos habían sido nuevos y habían anunciado las estaciones y mucha gente había hecho cola delante de esos modelos y había soñado comprarlos, pero no todos podían. Y también hay sueños rotos. A veces los sueños de las personas son muy muy pequeños y esa persona puede sentirse deprimida, desgraciada, por un pequeño sueño que se le ha roto. Hay muchos de estos sueños que se van rompiendo, cosas que se escapan, personas que tenemos al lado y resulta que ya no están. Es la vida. La vida se escapa y no puedes volver atrás a coger el momento que acabas de pasar, ya no está, y como no hay ese momento, no está esa persona, aquel sentimiento…

Da la sensación de que usted sí sabe apreciar cada momento.

Yo hago un vida tranquila, muy solitaria, soy muy poco activa, puedo hacer mi vida sentada en el sofá todo el día, escucho un poco de música, cojo un verso... pero hay un subconsciente que nunca calla, es como un proyector, te proyecta imágenes y tienes que pararlo… Y más cuando tienes años, son muchos de registrar imágenes. Cierras los ojos buscando esa paz, escuchar la música y el subconsciente empieza a proyectar. Y de aquí sale muchas veces la poesía.

En el libro menciona a Aurora Picornell.

Juego mucho con el nombre de Aurora porque está muy integrado en la luz que también hay en esta novela. Y me pareció precioso que la pudiera nombrar con su nombre. No es una página dedicada a Aurora, no, Aurora está integrada en esta página. Además hay costureras, ella lo era, y me pareció una ocasión, aunque su nombre siempre estará vivo, para dejarla dentro de la novela.

Desgraciadamente, hemos visto ataques a su memoria...

Sí. Hay gente que nos gobierna que no tiene suficiente seny para gobernar ni es capaz de ponerse, para nada, en el sufrimiento de los otros. Es una pena que tengamos gobernantes así, o presidentes de instituciones que sean así. No quiero generalizar, porque no me gusta, pero Mallorca ha tenido mala suerte con sus gobernantes.

¿La actualidad no le inspira para escribir?

Con esta quise ir a los años 60 porque parecía que todo estaba parado, pero todo se movía. Comenzando por las mujeres, que empezaban a vestir de una manera mirando más a Europa, comenzaban a llegar hippies, la Iglesia católica iba perdiendo un poquito su poder, el franquismo aún mataba, pero también la gente se había cansado, se introdujo el Prêt-à-porter, que fue una cosa enorme y no lo parecía, todo cambiaba, las mujeres salían de sus casas para ir a trabajar, que no era normal todavía en los años 60, comenzaban a hacer hoteles uno tras otro… Y yo tenía que coger este mundo, porque era el origen de lo que viene y al mismo tiempo está la memoria del pasado en las heridas. La tierra recuerda la sangre que ha bebido, el mar recuerda sus muertos, sin que yo lo diga. La tierra tiene memoria, guarda la historia, si cavásemos, nos saldrían muchísimas historias a más de un palmo de tierra cavada. O si mirásemos dentro del mar…

¿Qué piensa cuando la transformación de la isla? ¿Aún tiene memoria Mallorca?

Cuando yo era niña, en Mallorca había mucha miseria económica y mucha miseria cultural. Esto hizo que cuando llegó el primer extranjero y quiso comprar un trozo de marina que no servía para nada, los mallorquines nos deslumbramos y empezamos a vender. Se invirtió en pisos, en más hoteles, pero no en cultura, Mallorca nunca ha invertido en cultura. Creo que nunca hemos tenido un verdadero gobernante que haya tocado el pueblo. Y viniendo de esta miseria, ya hace tiempo que está todo vendido. Yo a Mallorca la veo perdida desde hace mucho tiempo, completamente vendida. Cuando dicen: «en pocos años 15.000 extranjeros han comprado una casa», hombre, 15.000 mallorquines han vendido una casa. Creo que se salvará la lengua y se salvará todo porque siempre hay unos poquitos conscientes y que luchan, pero lo que es la mayoría de mallorquines, les da igual todo, no están educados, no se ha invertido en cultura en el momento preciso.

¿Y esto es culpa de quien nos ha gobernado?

Un poco sí, porque la gente ¿a quién sigue? Si cuando un político va a la Fira del Llibre y en vez de decir que ha comprado un Premi Ciutat de Palma o un autor de aquí, dice que ha comprado el de un sudamericano o un inglés, no hace cultura. Es lo que la gente imita, porque mucha gente imita. Si ha comprado a Borges, no comprará a Biel Mesquida o a Sebastià Perelló. Y defienden el catalán, pero ellos, fácilmente, se pasan al castellano y cosas tan pequeñas, que no cuestan ni un euro, forman parte también de educar.

Esta semana ha empezado el curso escolar y solo 11 centros se han acogido al plan de segregación lingüística. Supongo que esto da esperanza al catalán.

Siempre pienso que se salvará la lengua, se salvará la cultura porque hay una gente que ve el juego, porque es un juego sucio. Lo hacen de una manera tan chapucera que incluso mucha gente que ha venido de fuera, bueno muchos lleva a sus hijos al instituto francés o a la escuela sueca, pero hay otra gente que ve el juego sucio. Los que prometían en las elecciones en poco tiempo se han dado a conocer, no pueden prometer nada, la gente tampoco es tonta y posiblemente deseaba una cosa mejor para sus hijos.

Y los equipos docentes y directivos…

Los docentes son importantísimos, allí donde hay un maestro concienciado hay una escuela que sale adelante y unos niños que salen de la escuela teniendo las cosas claras y sabiendo qué tierra pisan.

Estamos muy cerca de la plaza Gomila. ¿Qué le parece su transformación y el plan de rehabilitación de El Terreno?

Lo que me sabe mal es que han puesto una floristería y todas las flores son de plástico. Me quedé muerta. Pero dejando aparte esto, era necesario hacer algo porque El Terreno es precioso. Estoy muy contenta, no diré si me gustan los colores de las fachadas, porque hay gustos para todo, pero era muy necesario. Estoy agradecida a la empresa que lo hace, con todos los colores que no sé si pegan mucho, pero estoy contenta.

¿Dónde tiene todos los premios literarios que ha ganado?

Los tengo por toda la casa, hay alguno que me va muy bien para sujetar puertas y es una manera de que tengan vida. ¿Dentro de una vitrina? No, esta es una manera de que tengan utilidad.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Gente
  • poesía
  • Cultura
  • Mallorca
Tracking Pixel Contents