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Cine

De lo mundano a lo poético: la Mallorca de Josep Alorda

El joven realizador busca «poner en valor y preservar la identidad de la isla a través de historias de aquí». Lo ha conseguido con ‘Guaret’, el corto documental que logró una mención especial en el Atlàntida

Josep Alorda.

Josep Alorda. / MATEU PADILLA

Isabel Blokker

Palma

El arte de extraer algo extraordinario de lo cotidiano. De cintas grabadas y sumidas en el olvido, de historias que conforman una identidad que se desvanece. Esa es la especialidad y el propósito del cineasta Josep Alorda (Sencelles, 1997), quien, a través de su obra, busca «poner en valor y preservar la identidad de la isla lo máximo posible a través de historias de aquí». Lo ha conseguido con Guaret, el cortometraje documental que obtuvo recientemente la mención especial en el Atlàntida Film Fest; y sigue haciéndolo en los proyectos que pronto verán la luz.

La historia de Guaret es la historia de muchos. El cortometraje, basado en una obra de teatro de Pedro Más y Joana Castell, mezcla poesía, teatro y archivo doméstico. Pedro, el protagonista, es un tipo que no encaja, que busca una identidad propia que no acaba de encontrar. «Es la historia de las conversaciones que uno mantiene con uno mismo», una temática universal que Josep quiso plasmar mediante grabaciones caseras de muchas personas que podrían representar esa dicotomía en la que se encuentra el protagonista. «Es algo poético ya que a todos nos pasa, ese es el punto clave de esta historia».

El sentimiento de pertenencia a una comunidad es intrínseco al ser humano, es un instinto de supervivencia. En el caso de Guaret, Pedro entiende una Mallorca diferente gracias a la poesía de Damià Huguet, y esta es la Mallorca anhelada y nostálgica de la que Alorda nos quiere hacer partícipes. «Mi padre es payés y tiene mucha vinculación con el campo, yo los veranos los pasaba allí, bajo el sol, viviendo de manera sencilla, y eso es lo que anhelo de mi infancia. Esas cosas que no pertenecen al turismo, toda esa identidad que estamos perdiendo».

El sentido de la vida, buscarse y encontrarse. Cuestionarse y aceptarse. «Lo que más me atrae de Pedro es que se hace las preguntas que nunca le hizo a su padre tras su muerte, porque nunca tuvieron una relación cercana. Eso nos puede pasar a todos con nuestros seres queridos», reflexiona Alorda. Su obra plasma la esencia de ese diálogo interno y la analogía con los semejantes: «Cuando tienes un trauma, siempre estará ahí, es algo que te pertenece y no hay ningún problema. Eso es lo que nos hace humanos».

Escena del  último rodaje.

Escena del último rodaje. / YASH GANDHI

A mallorquín, bromea, no le gana nadie. «Pero no es algo de lo que sentirse especialmente orgulloso; nazcas donde nazcas, siempre estarás orgulloso de ser de ese lugar», afirma, destacando la vida tranquila y sencilla que antes se respiraba en la isla y que ahora busca capturar en su obra. En su proyecto L’Art del no res, se inclina por filmar escenas cotidianas «desde una perspectiva cuidada y sensible, como un acto de resistencia y preservación. Quiero capturar esta Mallorca que yo quiero».

El documental Ciudad de los muertos de Miguel Eek y Virginia Galán fue lo que sembró en Alorda el deseo de dedicarse al cine. «Nunca me reí tanto con un documental, y fue la primera vez que vi que podía ser cineasta en Mallorca, que eso era posible», comenta. Esto le llevó a descubrir el panorama cultural local y a conocer figuras que le han inspirado a nivel personal y profesional, como el poeta Damià Huguet, del que tiene pensado realizar un documental.

Aunque aún no ha sido estrenado, Alorda ya tiene listo su último proyecto, un cortometraje de ficción de unos diez minutos de duración interpretado por su propio padre, Felip Alorda; cuenta la historia de un payés que no supera la pérdida de su hijo y malvive en una granja. «Mi padre es un tío que lleva 30 años sin ir al cine, pensaba que íbamos a grabar el programa de Uep! Com anam?, todo mi pueblo está ansioso por ver la película».

El trabajo de Josep Alorda no es solo un acto de amor hacia su tierra, sino también una lucha por preservar la memoria y la identidad de una Mallorca que se desvanece entre el ruido de la modernidad. Alorda nos recuerda que, en la simplicidad de lo cotidiano, reside una riqueza inigualable, una poesía inherente que conecta el pasado con el presente.

Su cine es un espejo en el que podemos ver reflejadas nuestras propias historias, nuestras raíces, y un recordatorio de que en lo ordinario, se encuentra lo extraordinario.

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