Guillem Ferragut, pescador, la imagen del Mallorca Live Festival: «El último tiburón con el que me las vi me pasó rozando, pero no me asusté»

Ya era conocido en Es Molinar pero desde que ha prestado su imagen para la promoción del Mallorca Live Festival su popularidad ha despegado

«Ya has salido en América», le dicen sus vecinos. «Yo no quiero ser famoso, yo soy pescador», espeta

Guillem Ferragut, pescador, en su cochería de Es Molinar

Guillem Ferragut, pescador, en su cochería de Es Molinar / Gabi Rodas

¿Ya lo tiene todo preparado para el Mallorca Live?

Tengo 85 años y los festivales ya no son para mí. Ya no me gusta salir por la noche. Antes sí, cuando salía muchas veces llegaba a mi casa cuando rompía el alba.

¿Era usted muy de la noche? 

Me gustaban las verbenas, ver actuar a los conjuntos que venían a tocar. También iba mucho al pub sa Feixina. Allí me pegaba las marchas. Era mi guarida.

Media Mallorca ya le conoce por ser el fondo de cartel de la presente edición del Mallorca Live. ¿Cómo le convencieron?

Me citaron un día, antes de las siete de la mañana, junto a Can Pep, al lado del muro. Me llevé una red con la ayuda de un carrito, ya no tengo fuerzas. Cuando llegué había 15 personas, todo un despliegue de gente y de máquinas. Estuve allí cerca de dos horas. Me preguntaron y yo contesté. 

¿Se lo pasó bien?

A mí me gusta ayudar. Si puedo hacer favores, los hago. 

¿Le gusta verse en el cartel?

La primera vez que me vi en el cartel, me dije: ¡qué puñetas es esto! Muchos de mis amigos me decían: ¡Guillem, habrás cobrado una animalada! No les he cobrado ni las gracias. 

Imagen promocional del Mallorca Live Festival, con Guillem Ferragut como protagonista

Imagen promocional del Mallorca Live Festival, con Guillem Ferragut como protagonista / DM

¿Qué hará con las entradas que le ha dado la organización por su papel en la película del festival y en el cartel promocional?

Se las he dado a mis sobrinos. Dos de ellos son muy festivaleros. 

¿Cómo lleva el peso de la fama?

El primero que me dijo que salía en el cartel fue un extranjero, cuando yo iba a buscar a mis nietos a la escuela. «Señor, quiero hablar con usted. El que sale en este cartel es usted», me soltó. Diez días después, tomando café en Ca na Laura, me dijeron: «Ya has salido en América». Bah, yo no quiero ser famoso, yo soy pescador. 

¿A qué edad comenzó en su oficio?

Sobre los 7 años. A mí no me gustaba ir al colegio y me escondía en la barca de mi padre, que era pequeña, de 32 palmos. A la hora de haber zarpado salía de mi escondite y mi padre se ponía… ¡bueno! Mi escuela fue el mar. Con 11 años ya tomé los mandos. Lo que pescábamos lo vendíamos en el puesto que mi madre tenía en el Mercat de l’Olivar. 

¿Todavía sale a pescar?

No. Me retiré a los 68 años, pero seguí pescando cinco o seis más. Lo echo un poco de menos pero no puedo. Lo probé el año pasado, intenté darle una mano a mi ahijado, pero me canso, las piernas no me responden. 

¿A qué se dedica ahora?

Reparo redes de pesca, o las monto de nuevo. Hoy muchas de estas redes son de usar y tirar, como todo. Las redes, si las cuidas y las adobas, te pueden durar hasta seis temporadas. Pero hace años que los marineros no quieren adobar, ni siquiera aprender a hacerlo. Es un oficio que se está perdiendo, llegará un día en que desaparecerá. Solo los viejos retirados nos dedicamos a este trabajo.

¿Usted también tuvo que dedicarse al contrabando?

Sí. En aquel tiempo ganaba 3.000 pesetas en una noche. Era un dineral. Ganaba más que todo un mes pescando. Hacía contrabando de Winston y café. Invertía lo que ganaba en redes, cuantas más redes, más pesca.  

El pescador de Es Molinar Guillem Ferragut

El pescador de Es Molinar Guillem Ferragut / Gabi Rodas

¿Siempre se divertía en alta mar?

Pescar siempre me gustó, pescara lo que pescara. Y he pescado de todo: tonyines, langostas, jonquillo, sepias, molls… Solo me faltó pescar a teranyina y a bou. Por pescar pesqué incluso un tiburón, de 3.000 kilos de peso y ocho metros de largo, yendo hacia Cala Blava. Yo debía tener unos 32 años.

¿Le resultó fácil pescar ese tiburón?

Sí, porque estaba muerto. Nos pensábamos que habíamos cogido siete u ocho tonynines, porque todo estaba desbaratado. Decidimos volver al día siguiente, porque venía el infierno, el fin del mundo, muy mal tiempo. Eso nos salvó, porque el tiburón estaba enganchado, y vivo. Al día siguiente volvimos, sacamos la red, entre cuatro, y qué sorpresa: fue un tiburón blanco. Cuando llegamos a Es Molinar estaba lleno de gente. Lo que valía más era la dentadura. Todos querían sus dientes. Yo me quedé tres: uno para mi hermana, otro para mi hermano y otro para mí. El mío, que lo puse en una cadena de oro, se lo regalé a en Rafel, uno de mis sobrinos. 

¿Tuvo miedo ese día?

Con el tiempo me las vi con tres tiburones más en aguas mallorquinas, el último hará unos diez años. Fuimos a pescar jonquillo, antes de llegar a Cap Blanc. Mi ahijado me dijo: padrino, acabo de ver un tiburón. ¡Qué va, imposible un tiburón a las doce del mediodía!, le advertí. Debe ser un corb marí, añadí. En una de estas me levanté y lo vi. Era muy grande, tanto como el de los 3.000 kilos. Fuimos tras él, para verlo de cerca. Cuando alcanzábamos su cola, se sumergió, desapareció unos segundos y de repente salió por delante, con la barriga fuera y directo a nosotros, dispuesto a subir a bordo porque le habíamos molestado. A mí me rozó, me pasó a dos dedos. Nos metió un coletazo y nos dejó la barca llena de agua. Yo no me asusté, en absoluto. En el mar nunca me he asustado, y he vivido muchos desastres, en tierra, sí.