Alberto García-Alix: «El ser humano siempre ha sido mi centro de interés»

El Premio Nacional de Fotografía en 1999 participa este viernes en un encuentro con los también fotógrafos Horacio Fernández y Toni Amengual, en la Fundación Juan March de Palma, y en un taller en el Centre Toni Catany, el sábado y el domingo

El fotógrafo estará este fin de semana en Mallorca.

El fotógrafo estará este fin de semana en Mallorca.

Redacción

Alberto García-Alix (León, 1956) lleva más de 40 años dedicándose a la fotografía. Las imágenes que realiza pueden ser crudas, irreverentes, pero a la vez son muy poéticas y esa mirada tan particular le ha hecho merecedor del Premio Nacional de Fotografía (1999), de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y de la distinción de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, entre muchos otros reconocimientos. Este viernes por la tarde participará en una charla, Encuentros fotográficos, junto a los también fotógrafos Horacio Fernández y Toni Amengual, en la Fundación Juan March de Palma. Con ellos también impartirá un taller sobre creación, en el Centre Internacional de Fotografia Toni Catany de Llucmajor, mañana y el domingo.

Con una carrera internacional y una agenda de compromisos profesionales que no le permite alargar más su estancia en la isla, asegura que «es estimulante el contacto con el público y más con un diálogo con dos personalidades fotográficas como son Toni Amengual y Horacio Fernández». En el taller sobre procesos fotográficos del Centre Toni Catany, su papel será el de reflexionar «sobre la fotografía, sobre la metafísica de la mirada», explica.

Ahora, analizando su trayectoria, su mirada «es mucho más formada, mucho más incisiva, tengo una mirada más expresionista, mucho más abstracta también... Evolucionamos con los años», dice.

Su proceso creativo

«Es cuando miro por cámara que comienzo un proceso, un diálogo con lo que miro, lo que estoy viendo, ¿qué me aporta? ¿dónde tiene sus virtudes? Que es un ejercicio que inconscientemente hacemos todas las personas cuando cogemos una cámara. Todos pensamos si lo que vemos por cámara nos gusta o no nos gusta y por qué nos gusta o por qué no nos gusta ya... Conlleva un montón de preguntas interiores. El fotógrafo responde en segundos a muchas preguntas dentro de su cabeza», comenta sobre su manera de trabajar.

Dice desconocer cuántas fotografías componen su archivo: «Pero serán muchísimas, porque hago miles de fotos que no valen nada», afirma.

García-Alix tiene imágenes muy fuertes, como una de él mismo chutándose en el brazo. No es la única así. «No me arrepiento de ninguna. De lo que me puedo arrepentir es de no haberlas hecho mejor, pero no me arrepiento de nada», responde sin dudar.

Revisar su trabajo es toparse con retratos de personajes muy conocidos, amigos y gente con la que se codeaba en los 70-80 y que constituye un testimonio de una época muy concreta. «Eso que se dice que soy el fotógrafo de La movida, no es verdad. Yo nunca fui a los clubes ni salí de noche con una cámara, primero porque la habría perdido, por mis estados etílicos aquello no iba conmigo...», quiere dejar claro. El ambiente motero, los lugares en los que ha vivido protagonizan otra buena parte de su producción. Asegura que hoy sigue encontrándose con gente interesante que le inspira una fotografía. «El ser humano siempre ha sido mi centro de interés», aclara.

En muchas de sus exposiciones -«en las últimas no», matiza él- se incluyen fotos de años atrás. «La fotografía siempre es pasado. Una vez que has apretado el click, ya no es presente, ya ha pasado. La fotografía viene siempre con una gran carga de información, del sitio donde está hecha, de la luz que había, hasta de los trajes, de cómo vestíamos, está todo inherente en la información que lleva siempre la fotografía», reflexiona.

Tras tantos años de dedicación, necesita emplear la cámara «constantemente», porque «esa es la manera de engatillar la mirada, de tenerla siempre alerta».

En 2010, Es Baluard organizó Lo más cerca que estuve del paraíso, una exposición con fotografías que García-Alix había realizado en Balears.

Había descubierto Formentera muchos años antes, isla pitiusa a la que sigue yendo, aunque «el paraíso ya no es lo mismo», admite. «Mi edad ya no me permite ver las cosas como un paraíso. Recuerdo los años 80 en Formentera con una sensación pletórica de luz. Lo que pasa es que las Baleares siguen siendo únicas, aunque están transformadas», añade.