Una canción para la vida

Studium Aureum ofrece este lunes por la tarde una versión camerística de ‘La Cançó de la Terra’ de Gustav Mahler

La cita es en el auditorio del Conservatorio de Palma a las 20.30 horas

Antoni Aragón y Marta Infante, los dos solistas. |

Antoni Aragón y Marta Infante, los dos solistas. | / P. ESTELRICH I MASSUTÍ

Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Carles Ponsetí dirigirá este lunes por la tarde un monumento musical de primer orden; y lo hará con su grupo Studium Aureum y con dos solistas vocales reconocidos: la mezzosoprano Marta Infante y el tenor Antonio Aragón. La cita es en el auditorio del Conservatorio de Palma a las 20.30 horas.

La Cançó de la terra está considerada como el inicio de la modernidad musical. Pues, en ella Gustav Mahler adopta nuevas maneras de escribir obras sinfónicas, incluyendo dos voces, que sin cantar en ningún momento juntas, se complementan y además complementan a la orquesta, que en la versión original es muy amplia pero que en la que podremos escuchar en Palma es más reducida, pues fue Arnold Schonberg quien la adaptó a pequeño grupo instrumental.

Mahler escribió la partitura en 1907, un año que puede calificarse de terrible para él, pues fue presionado para que dimitiera como responsable de la Ópera de la Corte vienesa, murió su hija mayor, Maria Anna, de cuatro años de edad, y además se le diagnosticó una cardiopatía congénita.

Pero, aun así, en ese año, el músico escribe una obra llena de encantos y de miradas hacia el futuro. Para Antoni Aragón, esa obra «no debería llamarse Canción de la Tierra, sino Canción de la vida, pues está llena de detalles que miran hacia adelante y con una mirada optimista. Aquí, y es una opinión personal, quizás Mahler encontró esa serenidad que los acontecimientos no le permitían».

Marta Infante, que acaba de participar en el Liceu de Barcelona en el estreno europeo de Antonio y Cleopatra y que ha cantado diferentes obras de Mahler como los ciclos de canciones y las sinfonías, opina que «esta obra debe afrontarse en la madurez, pues entre la belleza que tiene la partitura se esconde una enorme dificultad para los cantantes e instrumentistas. No puede cantarse solamente, debe profundizarse, interiorizarse incluso, pues el texto no es nada banal, está lleno de detalles que combinan el lirismo con el dramatismo. Y eso, para un cantante no es nada fácil».

Y es Antonio Aragón quien añade: «Cantar un aria de Rossini, de Donizzetti o de Mozart, naturalmente que tiene su dificultad, ahora bien, cuando lo que cuenta es cómo dices un texto, cómo expresas un sentimiento en pianísimo, sin florituras, la cosa cambia». En el mismo sentido se expresa Marta, quien añada que «es más difícil cantar cosas como estas, íntimas, que las que están llenas de fuegos artificiales y exigen notas imposibles. Como en Schubert, en Mahler debes hacerte tuyas no solamente las notas, sino las palabras».

Para los dos, afrontar una partitura de estas características exige mucho al cantante, «y no por el volumen o las notas muy agudas que puedas tener», comenta Antonio Aragón, «sino por el énfasis dramático, que obliga a tener muy claro cómo cantarás cada una de las sílabas».

Mahler es uno de esos compositores a los que el público sigue con interés. Los conciertos con sus obras suelen ser muy bien aceptados por los aficionados. Un motivo puede ser, según Aragón, «el hecho de que su música es muy reconocible, ya desde la primera sinfonía y hasta esa Canción de la Tierra, en las obras de Mahler hay algo que las hace únicas. Puede que no conozcas de qué obra se trata, pero si escuchas algo de Mahler distingues que es de él ya desde los primeros compases».

«Y eso pasa también en sus ciclos de canciones», añade Infante. «Quizás al escuchar un lied del compositor no sabemos cuál es, pero sí reconocemos la autoría». Y se pregunta: «¿Os imagináis cómo de dramática hubiera sido una ópera de Mahler si la hubiera escrito?».

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