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Mesa redonda

Los españoles de ascendencia marroquí asaltan la cultura

El novelista Youssef el Maimouni, la historietista e ilustradora Nadia Hafid y la rapera y escritora Miss Raisa coinciden en la actualidad cultural con obras potentes | Hablamos con ellos, miembros de tres generaciones diferentes y con experiencias relacionadas con la inmigración también diferentes

No pasa cada día que al menos tres españoles hijos de marroquís coincidan en la actualidad cultural. Al menos cuatro si contamos a Morad, que siempre está de actualidad en virtud de los nuevos ritmos de producción musical. La lógica dicta que más pronto que tarde un hecho así dejará de ser noticia, pero de momento lo es.

Youssef el Maimouni (Ksar el Kebir, 1981, llevado a Coma-ruga antes de cumplir un mes) acaba de publicar 'Nadie salva a las rosas', su segunda novela. La rapera Miss Raisa (Tánger, 1996, llegada a Barcelona en 2004) tiene en las librerías el ensayo autobiográfico 'Porque me da la gana. Una vida contra los prejuicios'. Y Nadia Hafid (Terrassa, 1990) ganó con 'Chacales' el Premio Ojo Crítico al mejor cómic de 2022 y es una de las nueve autoras de vanguardia cuya obra se expone en 'Constelación gráfica', en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) hasta mayo.

Al habla con los tres.

¿Cómo se definen en términos de identidad cultural?

Miss Raisa: Hostia. Definirse es limitarse, ¿no? Es situarte en un lugar o en otro y yo soy una mezcla de muchas cosas. Tengo un sentimiento de pertenencia muy fuerte con Catalunya y España y a la vez siento una gran admiración por mis orígenes. De modo que no puedo definirme. Y además no es necesario cuando puedes coger las cosas que más te gustan de cada lugar y hacértelas tuyas y disfrutarlas. Yo es lo que hago.Youssef el Maimouni: La cuestión de la identidad al final tiene más que ver con la mirada del otro que con la mirada de uno mismo. Es complicado que uno mismo se dedique a reflexionar sobre esto, yo al menos no lo hago. Al final eres una suma de vivencias, de lo que has mamado y de lo que has rechazado. Por suerte la sociedad es cada vez más diversa y más intercultural.Nadia Hafid: Las etiquetas te las ponen los demás Y curiosamente esta identidad que se nos construye es cambiante, porque lo que se espera de ti va cambiando.

Para más inri, la visión que la mayoría tiene de las minorías tiende a ser monolítica, ¿no? 

N. H.: Sí, y eso es muy dañino porque lo que hace es perpetuar estereotipos sobre comunidades y anular a las personas. Lo fuerte de este asunto es que la presión, las expectativas, provienen tanto de aquí como de nuestra cultura de origen. Cada lado espera de ti una cosa diferente.

M. R.: Y cuando no encajas ni en lo que espera de ti un lado ni en lo que espera de ti el otro, es cuando dices: ¿de dónde soy? Ahí empiezan las crisis identitarias. Es una cuestión delicada.Y. E. M.: Todo esto se podría resumir como el desconocimiento hacia los otros colectivos. En el caso de los marroquís o sus descendientes, no tiene las mismas experiencias una persona si viene del mundo rural, del mundo urbano, del norte de Marruecos o del sur de Marruecos, si es atea o creyente. Se cree que todos los moros somos creyentes y musulmanes, y no tiene por qué ser así. Las generalizaciones vienen del desconocimiento y solo cambian conociendo a individuos, la cultura, el país. M. R.: Se coge una realidad y se pone como representación de todas las realidades. Es muy claro en el caso de las mujeres de cultura musulmana: si una chica lleva velo es porque la han obligado a ponérselo. Y no es así, o no solo es así. N. H.: Casi nunca se habla de algo que para mí es una cuestión fundamental: todo esto es un tema de clase social. Y. E. M.: Así es: si tienes euros en el bolsillo, las puertas se te abren y la discriminación desaparece. A nadie le preocupa de dónde viene un jugador de fútbol de Primera.

La misma palabra inmigrante está estrechamente vinculada a la clase social. Un inmigrante es alguien pobre y probablemente africano

Miss Raina

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¿A qué clase social pertenecen?

Y. E. M.: Obrera [Miss Raisa y Nadia Hafid asienten].N. H.: Pero eso también es complejo. Porque nosotros somos personas que han tenido la suerte, por un motivo u otro, de poder acceder a tener cultura. Quizá fuera el entorno, quizá fuera un profesor que nos motivó, pero esa llamita ya marca una diferencia. M. R.: La misma palabra inmigrante está estrechamente vinculada a la clase social. Un inmigrante es alguien pobre y probablemente africano. Ahora las cosas me van bien económicamente y podría decir que soy de clase media, pero sigo sintiéndome de clase obrera por las vivencias que he tenido y porque sigue habiendo gente empeñada en decirme que me tengo que integrar. Dios mío, llevo aquí casi toda mi puñetera vida, estudiando, trabajando, intentando aportar a esta sociedad, y aún me vienen con la integración. Y. E. M.: Cuando la UNESCO acepta que si te quieres integrar, bien, y si no te quieres integrar, también. Que sigan existiendo unos estudios de Integración Social es como… ¡caray, espera un momento! Igual se debería reflexionar y llamarlos, no sé, de Cohesión Social. Integración es una palabra que chirría por todos lados. Como hablar de inmigrantes de segunda generación. Que a los hijos de inmigrantes se les llame hijos de inmigrantes ya es discutible, porque ellos no han tomado la decisión de cambiar de lugar, pero que se les llame inmigrantes de segunda generación ya es un oxímoron inaceptable.

"No tuve referentes con historias similares a la mía"

Youssef el Maimouni

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¿Cuáles fueron sus estímulos para dedicarse a la creación?

N. H.: Mi madre es una persona inquieta culturalmente y siempre potenció esa parte. Desde pequeña me sedujo el arte y quise dedicarme a él. Y. E. M.: El sueño de cualquier persona inmigrante es que sus hijos tengan más oportunidades que ella. En casa había cierta obsesión con que fuésemos buenos estudiantes, no nos metiésemos en líos, etcétera. En primero de BUP un profesor de Lengua y Literatura Catalanas me dio a conocer a Mohamed Chukri y descubrir a un autor marroquí crítico y canalla como él me abrió mucho. No tuve referentes con historias similares a la mía. M. R.: Mi madre es analfabeta, pero tenía también la obsesión de que sus hijos sacaran las mejores notas. Creo que la presión fue demasiado grande porque mis tres hermanos dejaron el colegio. Yo sentí que tenía que cumplir el sueño de mi madre. A pesar de que tiene un pensamiento conservador, siempre me ha empujado a ser una mujer independiente, a usar la mente y a hacer cosas que me gusten.

Ha salido la ausencia de referentes en España. ¿Los echaron en falta?

M. R.: No veía a nadie que se pareciera a mí en la literatura, la música, el cine… Puede parecer una tontería, pero no lo es. Mi máximo ídolo era Lil Wayne, que no es que tenga mucho que ver conmigo, pero te aferras a lo que puedes. Ya después empecé a darme cuenta de que hay mujeres marroquís científicas, creadoras… pero eso no te lo muestra nadie aquí. No interesa. Y. E. M.: Francia, Inglaterra o Alemania van tres pasos por delante. Se traducen más libros al año del danés al español que de todo el mundo árabe, y no será porque no se publiquen libros en el mundo árabe. En Argelia, Túnez, Marruecos se hacen películas muy buenas, pero no llegan o no tienen ningún recorrido. Otro tanto pasa con la música. Si estos contenidos culturales no se difunden, es difícil que se avance.

¿Se identifican con la experiencia y el discurso callejeros de Morad? 

N. H.: A mí me flipa, y no refleja mi realidad, ni mucho menos. Es tan real que no importa si he vivido o no lo que cuenta. Si a mí me toca, entiendo que para chavales y chavalas con vida de barrio sea un ídolo. Me parece muy serio su impacto y seguro que a muchas personas en situaciones parecidas les ha abierto una puertecita para que se expresen. Espero que vayan saliendo más como él. En Madrid ya está Huda, una joven que me parece importante. Y. E. M.: En la música urbana francesa hay muchos Morad. Ha dado sentido a las vivencias de infinidad de jóvenes que pasan mucho tiempo en la plaza y solo por eso tienen problemas con la policía. Trabajo como educador social y me parece una figura muy importante.M. R.: No me siento identificada con lo que cuenta, pero celebro que por fin un artista que se parece a mí represente a tanta gente.

¿Han sufrido racismo claro o velado?

Y. E. M.: Iba a una discoteca y entraban todos mis colegas y yo no. ¿Por qué? Porque llevaba bambas. Como todos mis colegas. En la época universitaria queríamos alquilar un piso con unos amigos. Si yo daba mi nombre y apellido, se acababa la gestión. Catalanoparlantes que te hablan en castellano aunque tú lo hagas en catalán. Mil cositas.N. H.: Estos microrracismos, como los micromachismos, van haciendo mella. Son jodidos porque son cotidianos y están normalizados. M. R.: Yo llegué a prepararme respuestas para contestar a quienes me preguntaban por qué llevaba velo. Me preguntaban por ejemplo si era calva. La peor experiencia que he tenido fue un tío que se me puso a dos centímetros de la cara en el metro y empezó a gritarme: ‘¿Tú de qué vas disfrazada?’ ‘¡Se ven muchas como tú por aquí!’ Fue muy violento. Durante meses tuve pánico a ir en metro.

"Los microrracismos, como los micromachismos, van haciendo mella. Son jodidos porque son cotidianos y están normalizados"

Nadia Hafid

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¿Sus familias están satisfechas con lo que ustedes hacen?

Y. E. M.: Mi padre se derrite cuando va por el pueblo y alguien le dice: ‘Me he leído el libro de tu hijo y me ha gustado’. Aunque luego me dice: ‘¡Vaya temas tratas!’ Porque el primero va de las tropas moras de Franco y el segundo del asesinato de una chica trans marroquí. Está supercontento, pero creo que también lo estaría si me dedicara a cualquier otra cosa mientras fuera sana. M. R.: Ha sido muy bonito el proceso de hacer partícipe a mi familia de lo que hago. Mi madre hasta ha hecho aportaciones a canciones. Se las traduzco al árabe y a veces me dice: ‘Añade esto…’  N. H.: Me veían y creo que aún me ven como a una friqui, pero están muy contentos. Mis cómics no son fáciles, pero se los han leído y se han emocionado.

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