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Ensayista y poeta
Entrevista

El Premio Nacional de Ensayo Ramón Andrés: «Vivimos en un mundo ensordecido que solo genera consumismo innecesario»

El escritor ha estado en Mallorca para participar en el Festival de Poesia de la Mediterrània. Advierte de que «debe cambiar el modo de hacer política. Ya está gastada la lucha entre izquierdas y derechas»

Ramón Andrés: "La música de Desprez te envuelve y transporta, transmite una sensación de ingravidez”

Ramón Andrés: "La música de Desprez te envuelve y transporta, transmite una sensación de ingravidez” G. Bosch

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Ramón Andrés: "La música de Desprez te envuelve y transporta, transmite una sensación de ingravidez” Raquel Galán

El ensayista y poeta Ramón Andrés, Premio Nacional de Ensayo 2021 por Filosofía y consuelo de la música, acaba de publicar La bóveda y las voces sobre el compositor Josquin Desprez, «el Bach del Renacimiento», y esta semana ha participado en Mallorca en la XXIV edición del Festival de Poesia de la Mediterrània.

El lema del Festival ha sido Poesia és lluita. ¿La siente así?

Siempre ha sido lucha. No solo por una cuestión social, tal como se podría interpretar hoy, sino también porque la poesía en el fondo es una lucha por el destino. En su esencia está el temor a la muerte y por eso la encontramos en todas las civilizaciones desde sus inicios. Es una especie de conjuro contra la finitud. Tenía en sus orígenes una función similar a las religiones, que representan la necesidad de los humanos de asegurarse la pervivencia y poder dialogar con la trascendencia.

Recitó los poemas Los libros y Los desvanes entre el público en lugar de subido al escenario. ¿Es necesario el acercamiento de este género literario?

Siempre, como la cultura en general, y también físicamente. Cada vez está más relegada en el mundo tecnológico actual, que desestima otros lenguajes, como el de la poesía, y se jacta de haber superado el humanismo.

¿Vive la poesía y la música del mismo modo?

De forma muy parecida. Nací en un hogar donde la música era muy importante y seguramente esta me llevó a la poesía. Se han complementado a lo largo de mi vida, son parte de lo mismo.

En su último libro afirma que Bach y Beethoven existen por Josquin Desprez. ¿Por qué su protagonista cayó en el olvido?

Fue el Bach del Renacimiento, importantísimo, aunque era una persona muy solitaria, discreta, poco amiga de la frecuentación de las Cortes, pese a que trabajó para ellas, como hicieron todos los compositores de la época, ya que eran quienes tenían dinero, junto con la Iglesia. Desprez fue desconocido en lo personal y por eso tal vez cayó en el olvido.

¿Qué le interesó de él?

Sobre todo su manera de tratar el sonido. En su época está muy relacionado con la arquitectura, los espacios interiores, donde la música tenía que sonar, y él crea de una manera que te envuelve rápidamente, con una sonoridad que te transporta. Me interesó porque logra transmitir al oyente la sensación de ingravidez y de estar en una nave arquitectónica, una catedral, como si estuvieses un poco elevado.

Une la sociedad renacentista con el presente a través de su dietario durante la pandemia. ¿Qué paralelismos establece?

Como todos los compositores de su época, Josquin Desprez ha quedado recluido en el mundo de la musicología, por lo que para hacerlo más cercano al público, se me ocurrió crear un vaivén de cinco siglos, seguirle durante sus paseos con Leonardo da Vinci, Lucrecia Borgia... hablar con él y volver a la reflexión del presente desde mi estudio en Elizondo (Navarra) durante la pandemia. Él fue huyendo de la peste, que mató a un tercio de la población europea, una devastación total. Comparar la covid con aquello sería una falta de respeto por el pasado, por muy importante que haya sido la pandemia. Pero hay concomitancias en cuanto a que el Renacimiento fue la eclosión de un nuevo mundo y ahora nos hallamos también en la génesis de una nueva época, por muchas circunstancias.

Solo dos meses después de ser confinados ya advirtió de que volveríamos «a las andadas». ¿Nunca creyó que el virus nos haría mejores, como decían?

Era fácil verlo. Yo pensaba que si la peste del siglo XIV y las otras, como la gripe española, que tuvo también tantos muertos, además de dos guerras mundiales, no nos había mejorado, por qué iba a ser distinto ahora. Nuestra condición humana es la que es y debemos aceptarlo. Nada nos va a mejorar, porque tenemos arraigados unos universales y siempre acabamos siendo el mismo ser.

El mes pasado comisarió los prestigiosos Encuentros de Pamplona, con pensadores de todo el mundo, incluida una Premio Nobel de Literatura. En Palma se celebró por primera vez una Biennal del Pensament. ¿Qué suponen estas citas?

Celebrar este tipo de eventos representa un balón de oxígeno para la sociedad, debido a que tanta cantidad de información, tantos elementos de reflexión, dejan un importante poso en la ciudad y suben su autoestima cultural. Los habitantes tienen la oportunidad de ver, escuchar, preguntar y dialogar con todo tipo de pensadores, literatos, etc. de primer orden, algo impagable para la ciudadanía.

En una de sus participaciones en las Converses de Formentor dijo que «la cultura puede ser una barricada». ¿Los muros se están cayendo?

Caen unos. Otros, algunos, son necesarios. No soy partidario de los muros, pero considero que la cultura es un foco de resistencia, una gran cadena en la que están el que escribe, el editor, el librero, el periodista cultural, así como las otras disciplinas. La barricada la concibo ante un mundo muy hostil. Vivimos en una sociedad completamente impermeable a ciertas reflexiones y considero que el trabajo que se lleva a cabo desde la cultura tiene un punto de heroico.

El Premio Nacional de Ensayo que recibió el año pasado fue el primero otorgado a una obra sobre la música. ¿No se le da la importancia que merece?

Hemos tenido y continuamos teniendo magníficos músicos, compositores e intérpretes, pero en el terreno político este país ha sido bastante sordo a la música. Es un poco la hermana pobre de la cultura, algo lamentable.

¿Por qué afirma que es la más indómita de las artes?

Por su lenguaje abstracto, la música tiene la virtud de escapar, es difícil de controlar. Al poder decir las cosas sin necesidad de palabras, lo hace de un modo más libre. Es un arte que puede estar más cerca de lo subversivo que el lenguaje escrito.

En cambio, no ve con buenos ojos el trap y el reguetón, que sí doman a los jóvenes.

Todo sea dicho. Cuando hablo de música, me refiero a la crítica e inteligente, no a esta destinada a un consumo masivo y con una gran carga de manipulación. De todos modos, cualquier música puede ser utilizada a posteriori como aliada del sistema y hasta para la represión. Pensemos por ejemplo en el papel que tenía en los campos de exterminio, como las oberturas de Beethoven que se tocaban en Auschwitz. Eran utilizadas para intimidar y para enaltecer el castigo.

¿Qué opina de un fenómeno de masas como Rosalía?

Todo tiene su mérito y su lugar. Ahora le ha tocado a Rosalía como le hubiera podido tocar a otro producto, por decirlo así.

¿Vivimos en un mundo lleno de ruido?

Vivimos en un mundo que no hace más que generar y generar cosas que no necesitamos. Es un mundo mecanizado en el que nos conminan a consumir en medio de una vorágine ruidosa, que nos ha ensordecido a todos y donde el silencio está desprestigiado. El silencio no produce, no genera, sino que detiene. Por lo tanto, cuestiona; y eso es importante pensarlo, porque si no sabemos estar en silencio, no paramos a cuestionamos las cosas.

¿Qué aporta?

Una oportunidad de vaciar la mente, un momento de reflexión, de contemplación y, por lo tanto, de libertad. Estoy hablando de un silencio laico, porque la religión se ha apropiado del silencio. Yo siempre me refiero a un espíritu y un silencio entendido desde un mundo laico. Es una renovación del interior, que abre la ventana de una habitación, la habitación de nuestro individualismo, que huele a cerrado.

¿Y la escucha?

Uno de los muchos problemas de nuestra sociedad es que nos llegan multitud de discursos que no asimilamos, debido a que no estamos nada acostumbrados a escuchar de verdad al otro. Solo lo oímos, pero no prestamos la atención necesaria. La escucha significa estar atento a lo que te llega de otro lugar, fundamental para uno mismo y para entender dónde nos encontramos y qué nos está diciendo el mundo.

Sus aforismos en Caminos de intemperie denuncian con ironía lo que aborrece de los tiempos actuales. ¿Qué le duele más?

La prisa, el individualismo, el narcisismo, el consumismo y la cobardía, sobre todo.

Ramón Andrés, esta semana junto al olivo de Cort Guillem Bosch

¿La pérdida de valores es una causa o una consecuencia?

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, hubo una gran urgencia por reconstruir Europa, lo cual está bien. Sin embargo, no fue un crecimiento racional, sino que se implantó aquí el modo de vida americano. Realmente no se pensó en la población, sino en el mercado, y eso nos ha llevado a los tiempos en que vivimos, con un mundo depredado, donde los recursos se están agotando por la sobreexplotación. También se ha producido una sobreexplotación de las mentes. Se ha sometido a las personas a un estrés para que consuman y hemos perdido la condición de ciudadanos con unos valores para convertirnos en meros clientes. Es trágico y es una consecuencia de aquello que se emprendió hace más de medio siglo tras la Guerra Mundial.

Tiene en mente un libro sobre el mundo contemporáneo. ¿Hacia dónde va el equilibrio de fuerzas de poder?

Pienso mucho en hacia dónde va el mundo. A consecuencia de la guerra de Ucrania, yo creo que Rusia se ha autoexcluido de esta carrera de las llamadas grandes potencias y lo pagará muy caro. Putin ha fracturado ese proyecto y ahora el equilibrio de fuerzas va a quedar entre Estados Unidos y China. Europa y Rusia solo serán unas comparsas, seguramente al abrigo de las citadas potencias, respectivamente. Al margen de ello, yo creo que debe cambiar el modo de hacer política. Ya está gastada la lucha continua entre izquierdas y derechas. Me parece obsoleta y, además, cada vez está más enconada. Por oficio, nunca se pondrán de acuerdo porque su distensión no produce equilibrio, por lo que la política requiere otro lenguaje, otro procedimiento y otras propuestas.

Dicen de usted que ocupa un lugar «excéntrico» y al mismo tiempo «eminente» en la cultura española. ¿Se ve así?

Lo de excéntrico supongo que no es porque lo sea, sino porque estoy al margen. Llevo una vida solitaria y no frecuento el mundo de la cultura, aunque tengo muy buenos amigos ahí. En cuanto al lugar eminente en la cultura, no soy quien lo tiene que decir, pero he trabajado mucho, eso sí.

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