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MÚSICA CRÍTICA

Sin pianoforte, pero bien

Acadèmia 1750 ★★★ ½

«El naixement del Forte-piano»

  • Obres de Mozart y C. Ph. E. Bach
  • Festival Música Antiga de Palma
  • Parròquia Crist Rei
  • 19-11-22 

En un concierto que genéricamente lleva por título El naixement del Fortepiano sorprende que ese instrumento, padre del piano actual, no apareciera en toda la sesión. Seguramente por falta de tener a mano un pianoforte, cosa que a estas alturas deberíamos subsanar en Mallorca (me consta que Francesc Forteza está construyendo uno, menos mal que alguien se pone las pilas).

A falta de instrumento, había tres opciones: cambiar el programa, mantenerlo y poner un piano (con lo que se desviaba el concepto de Música Antigua) o substituirlo por un clavecín, que poco tiene que ver ni mecánicamente ni por el sonido, con el pianoforte. Los organizadores y los intérpretes optaron por esa última vía.

Es cierto que en el programa de mano se especificaba que la teclista utilizaría un clavecín, pero en el título y en algunas informaciones que recibimos los que nos dedicamos a comentar conciertos, se mantuvo la idea del pianoforte. Que brilló por su ausencia.

Dicho esto, pasemos a comentar cómo se desarrolló la sesión. Pues debemos decir que, pasado el enfado inicial, Isabel Félix al teclado y Joan Bosch a la flauta, nos sumergieron en un clasicismo de primer nivel, primero por la elección de las obras, todas ellas magníficas, pero sobre todo por la interpretación, muy elaborada, muy al estilo de la época en la que fueron compuestas esas partituras.

Félix es una pianista (y ahora clavecinista) muy solvente. Lo ha demostrado con sus interpretaciones al piano y a través de sus discos, alguno de los cuales han sido premiados. Sabe tocar haciendo que se puedan escuchar todas las notas, cosa que en un clavecín es complicado, pues la tendencia es conseguir lo contrario. Enhorabuena a ella y también a su acompañante, el flautista Joan Bosch, que con su flauta traverso, de madera (como debe ser si quiere hacerse una lectura historicista) se acercó a la deliciosa Sonata K 330 de Mozart de forma realmente impecable, dando una lección de buen sonido y buen hacer.

En el acto participó un actor, Ferran Devesa, que intentó hacernos vivir una tarde memorable allá por 1750. Ni el lugar ni el tiempo que hacía fuera, con la lluvia golpeando duramente el tejado de la iglesia, ayudaron a que se consiguiera el objetivo.

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