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Cartas inéditas entre Alcover y Alfonso XIII constatan el fin político del Diccionari

Mercè Gambús saca a la luz documentos desconocidos que aportan información sobre la implicación de la monarquía en la obra del lingüista mallorquín. La correspondencia queda recogida en un libro que se presentará este miércoles en la Seu

Mercè Gambús, en la Seu. Montse Terrasa

El Archivo General del Palacio Real guarda correspondencia inédita entre Antoni Maria Alcover y la secretaría particular del rey Alfonso XIII. Se trata de 24 documentos que Mercè Gambús, investigadora y directora de la Càtedra Seu de Mallorca de la UIB, saca a la luz y con los que asegura que queda patente que tanto el monarca como el erudito mallorquín pretendían combatir el nacionalismo de la Lliga Regionalista catalana con el Diccionari, financiado por el rey con 25.000 pesetas anuales. Esa correspondencia fluida y directa queda recogida en Història i patrimoni cultural de l’Església de Mallorca. El trànsit del segle XX fins al concili vaticà II, publicación de varios autores y coordinada por la historiadora. El libro se presentará este miércoles en la Catedral, a las 19 horas.

Los documentos localizados en Madrid datan de entre 1920 y 1930 y la mayoría son peticiones de dinero para proseguir con el Diccionari català-valencià-balear, señala Gambús. En las cartas que la historiadora ha transcrito e incluye en el libro, «Alcover está dando todo el tiempo información, sobre gente de Mallorca, catalana, sobre temas políticos y también sobre su metodología de trabajo que utiliza, defiende su diccionario. Mantiene una postura muy política, se manifiesta monárquico sin reservas, alfonsino apasionado... Hace unas manifestaciones de devoción a Alfonso XIII absolutas».

Que Alfonso XIII financió el Diccionari es sabido, al igual que los enfrentamientos de Alcover con otros intelectuales y políticos. «Lo que es desconocido del todo es esta correspondencia y con esta descripción y nivel de confesión casi patética de Alcover, defendiendo la obra del Diccionari y la necesidad de tener dinero», añade Gambús sobre esta documentación inédita, en la que el religioso, en diferentes fechas, pide que se le reconozca capellán real, decano de la Seu (nombramientos que logró) y apoyo para entrar en la Real Academia de la Lengua Española, cargo que no consiguió.

Con la dictadura de Primo de Rivera, Alcover se quedó sin la aportación económica del rey y, «desesperado, comienza a decir cosas para defender que el Diccionari no es solo una herramienta cultural, sino política, que es una manera de defender una España configurada por regiones con lenguas particulares y culturas propias», señala Gambús. La investigadora se ha sorprendido de ver «lo violento que es verbalmente» el lingüista. En una misiva, de octubre de 1923, Alcover advierte de que sin la subvención, «todo ese magnífico y estupendo laboreo quedaría parado, batirían palmas y cantarían victoria las hordas separatistas compadres de la Lliga Regionalista, y furiosos africanamente contra mí porque, sostenido y amparado por Su Majestad y Su Gobierno, sigo adelante con mi Obra, desvaneciéndose a los ojos de toda Cataluña la leyenda que fraguaron los catalanistas exaltados de que Su Majestad, Su Gobierno y los Políticos de Madrid son enemigos jurados de la lengua catalana».

«Lo que se plantea es que Alfonso XIII está financiando el Diccionari català-valencià-balear como una opción política regionalista enfrentada al nacionalismo radical que en aquel momento representaba la Lliga Regionalista en Cataluña», señala Mercè Gambús.

La verdadera Capilla Real y la intervención inacabada de Gaudí

Con la documentación que alberga el Archivo General del Palacio Real en Madrid y con otras fuentes, la doctora en Historia del Arte Mercè Gambús también ha llegado a la conclusión de que la Capilla Real de la Catedral es la de la Trinitat y no el presbiterio o la Major. Además, razones económicas, y no de otra índole, fueron las que impidieron que Gaudí finalizara su intervención en la Seu a principios del siglo XX. 

Maqueta capilla de la Trinitat de Gaudí en la Seu. Depósito de la Catedral de Mallorca

La capilla elevada de la Trinitat, situada detrás del altar mayor, es el actual mausoleo de Jaume II y Jaume III, fin por el que fue proyectada, pero durante mucho tiempo estuvo bloqueada por retablos y se convirtió en una especie de almacén dentro de la Catedral. Fue con la restauración a cargo de Gaudí, en 1904, cuando el obispo Campins reivindica que la reforma sea litúrgica, no solo de patrimonio, sino de los usos, y propone rescatar la Capilla Real. 

Como la capilla pertenecía al Patronato Real, quien debía pagar los mausoleos y autorizar el diseño de Gaudí era Alfonso XIII. «Siempre pensamos que no le debía de gustar. No, era un tema económico, que la propuesta de mausoleos y de reforma se presupuestó en 25.000 pesetas, que justamente es la misma cantidad que se le daban al Diccionari de Alcover, y hasta 1919 no hay otra propuesta de Fausto Morell en la que se rebaja en 7.000 pesetas y Alfonso XIII dice que adelante», remarca Gambús. «Pero quien se ha de ocupar de todo esto es Alcover y es aquí donde no sabemos qué pasa. Los hechos son los hechos: que la obra no avanza», añade la investigadora.

Finalmente, ya en el franquismo, la capilla acabará siendo reformada y Federic Marés se encarga de la representación escultórica de las tumbas de los reyes, con el arquitectoGabriel Alomar como delegado de zona de Bellas Artes. A su inauguración acude Franco, en 1947, en la misma fecha en que se inauguró el monumento de sa Feixina, destaca Gambús, quien destaca la «politización» que hizo el dictador de este espacio religioso.

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